Moncloa fió la crisis de Canarias a un “cambio meteorológico”

Pese al goteo de cayucos, Interior apostó por una «solución natural» con la llegada del mal tiempo

El ministro del Interior aterriza hoy en Rabat con una misión poco menos que imposible: arrancar de Marruecos un compromiso firme de que hará todo lo posible para incrementar la vigilancia en sus costas y, de esta manera, cerrar el flujo migratorio con destino a Canarias que, a día de hoy, arroja cifras más que preocupantes: 18.000 llegadas desde principios de 2020, un incremento de un 1100%. El Gobierno confiaba en que el progresivo empeoramiento de las condiciones climatológicas en la zona iba a suponer el final de la crisis pero la ausencia de temporales de consideración en lo que va de otoño ha sorprendido a nuestras autoridades hasta el punto de que apenas queda tiempo de que la presión se reduzca en Canarias antes de que el 2 de diciembre empiece el desembarco masivo de turistas extranjeros que, si bien siempre son necesarios, este año de pandemia eran oxígeno puro para el sector empresarial que sustenta la actividad económica de la región.

Por eso poco puede sorprender que el titular de Interior se deshiciera en elogios ayer hacia las autoridades marroquíes. Marlaska, evaluó como positiva la actual cooperación entre España y Marruecos por ser «en beneficio para ambos países», y pidió que se refuercen estos mecanismos de colaboración por ser ahora «particularmente pertinente en lo que se refiere a la ruta de la costa atlántica y las llegadas de inmigrantes irregulares a las islas Canarias». Acompañarán a Marlaska la directora general de relaciones internacionales del Ministerio, Elena Garzón y el embajador en Rabat, Ricardo Díez-Hochleitner. En declaraciones a la agencia de noticias del Régimen Marlaska destacaba las relaciones «sólidas y estables» con el vecino del sur a 24 horas de entrevistarse con su homólogo, el ministro del Interior marroquí, Abdelouafi Laftit. «España es consciente de que comparte con Marruecos una fuerte presión migratoria y se compromete a seguir reforzando la colaboración y el apoyo mutuo en este terreno» aseguró antes de subrayar que «esta cooperación es particularmente pertinente en lo que se refiere a la ruta de la costa atlántica y las llegadas de inmigrantes irregulares a las islas Canarias».

Habrá que esperar a las 12:30 de esta mañana –momento en el que Marlaska comparecerá ante los medios desde Rabat–para conocer hasta que punto han sido fructíferas unas negociaciones de las que depende la solución a una crisis que no va a poder solventarse con devoluciones en caliente a pesar de que el TC las declarara ayer constitucionales. Sin embargo no deja de ser reseñable una curiosa paradoja: los dos partidos que habían protestado y denunciado la inconstitucionalidad de estos «rechazos en frontera» cuando estaban en la oposición se encontraban ahora con una herramienta más para utilizarla en el Gobierno. Sin embargo fuentes de Interior aseguraron ayer a este diario que las devoluciones en caliente no pueden aplicarse en Canarias ya que es una medida específicamente pensada para fronteras terrestres y, más específicamente para Ceuta y Melilla.

La Ley de Seguridad Ciudadana establece que se podrá devolver a los inmigrantes ilegales a su país de origen cuando hayan cruzado la frontera pero antes de haber superado el último elemento de control español, por ejemplo una patrulla de la Guardia Civil situada a 10 metros de la valla. Una vez superado este último elemento de control pasada la frontera, como por ejemplo cuando el inmigrante ya ha llegado a un Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) a territorio español en general, se cierra la ventana de oportunidad de efectuar una devolución en caliente. Este es, claro está, el caso de todos los inmigrantes ilegales que se encuentran actualmente en el muelle de Arguineguín y otros lugares de Canarias. Lógicamente la única manera de devolver «en caliente» a los inmigrantes de Canarias sería remolcar de vuelta sus embarcaciones a Marruecos antes de tocaran las playas canarias o que lo hicieran las autoridades marroquíes, ambos extremos impensables. Sin embargo esta medida se aplica actualmente a aquellos inmigrantes –muy pocos actualmente– que intentan entrar en Ceuta pero sobre todo en Melilla a nado, a los que si se le devuelve inmediatamente.