La democracia de Otegi

Se ha convertido en el aliado imprescindible, que por lo demás no engaña. Sin pedir perdón y dándonos lecciones

El coordinador de EH Bildu Arnaldo Otegi
El coordinador de EH Bildu Arnaldo OtegiGernika (Bizkaia)EFE

De Arnaldo Otegi dijo Zapatero que era un «hombre de paz» y Pablo Iglesias, no contento con la expresión, le ha elevado a la categoría de dirigente que está «en la dirección del Estado». Ciertamente tiene ahora Otegi más poder del que jamás pudo imaginar. Ha pasado de la cárcel, por apología del terror , a ser un aliado imprescindible del vicepresidente del Gobierno. Poco importa que Pedro Sánchez dijera otrora (no una sino «veinte veces») que «nunca pactaré con Bildu». Las palabras se las lleva el viento y de lo que ayer prometí hoy ni me acuerdo.

Otegi se ha convertido en el aliado imprescindible, que por lo demás no engaña. Sánchez dice digo donde dijo Diego. Otegi va de frente y expresa sin rodeos lo que quiere hacer y lo que piensa: uno) que su objetivo es levantar una España «roja, republicana y laica»; dos) que para ello «tiene que haber antes una España rota»; tres) que por eso mismo, como dice su colega Arkaiz Rodríguez, «vamos a Madrid a tumbar el régimen»; cuatro, que para ello «hay que parar a la derecha fascista» de Cs-PP-Vox; y cinco, que su objetivo último, como el de su socio Iglesias, es «democratizar el Estado».

Sabido es que Otegi tiene un gran pasado como demócrata. Zapatero, Sánchez e Iglesias le han dado el carné democrático, pero él ya hizo méritos, como miembro activo de ETA, secuestrando a un empresario a punta de pistola. Defendiendo a la banda asesina y justificando sus crímenes.

La democracia de ETA, como la de Otegi , era la de «hay que matar al que no piensa como yo porque quiero». Matar para implantar el socialismo y la independencia. La España «roja y rota» de la que habla sin titubear nuestro ahora ilustre héroe. Sin pedir perdón. Dándonos a todos lecciones de democracia.