Cs desdeña el pacto de Rufián y PSOE: «Son dos miserias»

No se descuelga de la negociación en PGE, aunque ERC, Bildu y PNV anuncien pacto

Ciudadanos no se levanta de la mesa de negociación de los Presupuestos ni aunque ERC anuncie también un preacuerdo. El jueves de la próxima semana expira el plazo para pactar las enmiendas que se introducirán en el proyecto del Gobierno de coalición que saldrá del Congreso. Y ayer, ERC y PNV confirmaron un preacuerdo con el Ejecutivo, que someterán a votación de sus partidos, como también hará Bildu, según ha anunciado. Pero, aun así, la dirección naranja dice que sigue confiando en poder llegar a un acuerdo que permita su «sí» a las cuentas, a costa, según insisten, de que ERC y Bildu se caigan de la ecuación. A un lado dejan la euforia de Gabriel Rufián y de Arnaldo Otegi con el texto que se someterá a votación del Pleno.

Es tal el choque entre el discurso de la coalición paralela, ERC, Bildu y Podemos, y lo que Cs dice que todavía confía en poder conseguir, que sólo hay dos explicaciones posibles. Que la posición de Cs sea pura estrategia política, táctica de aguantar hasta el final en la mesa de negociación porque cree que así podrá sostener con más fuerza el discurso de que Pedro Sánchez ha tenido hasta el último momento otra opción distinta a la del acuerdo con Bildu o ERC. O bien, que Cs maneje claves de su negociación con el PSOE que están fuera de lo que trasciende en público vía independentistas y abertzales.

Eso sí, Cs mantiene que el «sí» a los PGE de Bildu y ERC es excluyente con el suyo. Y si el lunes fue Otegi el que anunció su disposición a ese voto favorable, que someterá a votación de sus bases, ayer fue Gabriel Rufián quien se puso ante las cámaras para vender a bombo y platillo lo que él presume de haber sacado al Gobierno a cambio de ese preacuerdo. Destacó que el Estado dejará de tener el control de los gastos de la Generalitat, que ejerce desde 2015, cuando el Gobierno de Rajoy aplicó nuevos controles para evitar que los fondos se desviasen a la causa independentista. Después se produjo la intervención con la aplicación del artículo 155, tras el referéndum ilegal.

Entre sus conquistas también incluyó un paquete de cuestiones económicas porque resulta que ahora, como subrayó, quieren demostrar que se preocupan por ser útiles y pragmáticos. Citó la ampliación de la moratoria del pago de los autonómos a la Seguridad Social durante un trimestre más. La creación de un comité bilateral para el estudio de «una reforma fiscal justa y progresiva», que incluya el fin del «paraíso fiscal» de Madrid. Y la liquidación de la deuda existente en las becas de Educación desde 2015 a 2020. Todo muy genérico, lo que apuntala la necesidad de ERC de abaratar sus apoyos en Madrid para diferenciarse de JxCat. La «mesa» bilateral no se ha reunido hasta ahora, que era otra de las líneas rojas.

A este «sí» anticipado por ERC y Bildu se une el del PNV, a cambio de más inversiones, el mantenimiento de la fiscalidad al diésel y la retirada de las Fuerzas Armadas del cuartel de Loyola, en San Sebastián. Defensa se ha resistido, pero al final la cesión de la infraestructura se producirá en 2021 y el Ejército seguirá en la ciudad.

El Gobierno ha vetado la mayoría de las enmiendas de la oposición en favor de colectivos vulnerables, con la razón de que suponen un aumento de gasto o un incremento de ingresos. Pero «in extremis» ha dejado margen a Cs, al levantar su veto en comisión a algunas de sus enmiendas, para que pueda seguir argumentando que todavía tiene espacio para la negociación. En todo caso, Sánchez ya tendría los apoyos para sacar adelante los PGE con PNV, ERC y Bildu, y habría que sumar los escaños de Más País y el de Teruel Existe.

Frente a esto, Cs mantiene que, de momento, «sólo hay un preacuerdo», y «veremos si tienen acuerdo al final, y a cambio de qué porque lo que ha anunciado Rufián son dos miserias». «No firmaremos juntos. Pero nos mantendremos sentados hasta el final», según fuentes naranjas. En ese sentido, el portavoz adjunto de Cs, Edmundo Bal, compareció para subrayar que las enmiendas de su partido «siguen vivas».

Bal quiso quedarse con lo positivo, con aquello que permite sostener que la puerta sigue aparentemente abierta al acuerdo porque el Gobierno ha levantado el veto a enmiendas sobre las ayudas directas a fondo perdido para las pymes con menos de 50 trabajadores y que vean reducida su actividad o a que se considere baja laboral con prestación directa a aquellos padres que deban quedarse en sus casas para cuidar de sus hijos que no pueden acudir a la escuela por estar en cuarentena. El principal triunfo que exhibió fue la tarjeta sanitaria única para toda España. Sobre la que el PSOE dice que ya existe, y PP y Cs pelean por ver quién la ha propuesto antes. La situación es que puedes ser atendido en otra CC AA, pero el facultativo no tiene acceso al historial médico.