La estrategia “flexible” del Estado Islámico para atacar en Europa

“Lobos” solitarios dirigidos desde Siria e Irak; células llegadas en patera y radicalización en las cárceles, configuran los planes de la banda

Momento de la detención de los tres yihadistas en una operación de la Policía en Barcelona
POLICÍA NACIONAL
11/01/2021
Momento de la detención de los tres yihadistas en una operación de la Policía en Barcelona POLICÍA NACIONAL 11/01/2021Servicio Ilustrado (Automático) POLICÍA NACIONAL

Una de las características que el Estado Islámico (Daesh, Isis) ha demostrado en su estrategia terrorista es el de la flexibilidad para adaptarse a las distintas condiciones en las que tiene que desarrollar sus actividades terroristas. Tras la derrota territorial a manos de la Coalición Internacional y la muerte, en una operación militar de los Estados Unidos, de su primer califa, Abu Bark Baghdadi, la banda podría haber quedado parcialmente neutralizada. Todo lo contrario. De la mano del nuevo cabecilla, Ibrahim Hashimi, y de su portavoz, Abu Hamza, han dinamizado una organización bajo unos principios en los que, curiosamente, el que puede ser el jefe es lo menos importante; lo relevante es lograr los fines que se persiguen. De hecho, Hashimi no ha hecho ninguna aparición pública ni lanzado ningún discurso, ni por video ni por audio, algo inusual en la tradición del islam en la que el califa debe dirigirse públicamente a sus seguidores.

En las zonas en las que cuentan con un cierto asentimiento, como Irak, Siria, Sahel, Afganistán, etcétera, utilizan la estrategia de guerrillas, de golpes de mano, atacar y desaparecer, que les está dando buenos resultados para imponer el terror y la inseguridad.

Por lo que respecta a Occidente, los planes terroristas se basan, sobre todo, en los actores, “lobos”, solitarios que, como se verá, no son tan solitarios ni están tan aislados como se pretende hacer creer desde determinados foros. Es verdad que hay mucho de autoadoctrinamiento como también lo es que, llegado un momento, son dirigidos desde Siria o Irak, incluso el campo de refugiados de Al Hol, para marcarles objetivos y transmitirles directrices. No renuncia a la formación de células y a introducir a sus combatientes mezclados con la inmigración ilegal que llega a Europa, como ha ocurrido recientemente en España.

El terrorismo yihadista pretende ser imprevisible y, en cierto modo, lo consigue, pero no se debe olvidar esta dirección coordinada desde los centros de “poder” de Daesh.

Si a esto añadimos el problema de las cárceles, convertidos en auténticos centros de mantenimiento de las esencias yihadistas y de radicalización de reclusos musulmanes que se pasan al terrorismo dentro de los centros penitenciarios. En Inglaterra se han dado durante el año pasado varios casos que terminaron en una acción criminal contra ciudadanos inocentes; el autor del atentado contra el mercado navideño de Estrasburgo...son muchas las evidencias que corroboran esta realidad.

En España, tanto la Guardia Civil como la Policía Nacional han desarrollado operaciones para frenar estos focos de radicalización y se llegó a descubrir que se preparaban atentados desde el interior de las prisiones. Incluso habían captado a un funcionario para que les hiciera llegar teléfonos móviles con los que conectarse con el exterior.

Se trata de un problema al que no se ha encontrado solución hasta el momento. El número de presos procedentes del yihadismo crece cada día gracias a la eficacia de las Fuerzas de Seguridad y de los Servicios de Inteligencia (CNI). En cuanto llegan a prisión, se dedican, en muchos casos, a intentar captar a otros reclusos entre los comunes y a imponer una disciplina.

No es casualidad que una de las ideas-fuerza de Isis en los últimos tiempos haya sido la campaña de “derribar los muros”, en la que se promete que se hará lo posible para liberar a sus presos. El éxito logrado con el asalto a sendas cárceles de Afganistán y Congo, con la liberación de un total de más de mil combatientes, ha reforzado la moral de los reclusos que la banda yihadista tiene en todo el mundo.

Daesh no ha renunciado en ningún momento a configurar células organizadas en Occidente. La pérdida del “califato” le restó operatividad, pero es un factor que está recuperando. Las llegadas en patera entre los inmigrantes ilegales es un dato a tener en cuenta.

Para ilustrar el asunto de los “lobos” no tan solitarios, tenemos varios ejemplos recientes en España.

Mohamed Yasim Amrani fue detenido por la Guardia Civil en Barcelona en mayo del año pasado. Este individuo, que se decía perteneciente a “Al Andalus”, como denominan los islamistas a España, había mandado su adhesión incondicional al nuevo “califa”: “obedezco al sheik Ibrahim (Hashimi) en todo lo que dice y todo lo que manda”. Desde Siria o Orak, se le recordaba que debía seguir la “baquiya wa tatamadad” (permanencia y expansión) que caracterizan las actuaciones del Estado Islámico, según dictan sus cabecillas. Una vez detenido, reconoció que había sido captado por un tal Mohamed Nadir quién desde Irak le introdujo en las redes sociales yihadistas y le propuso que cometiera un atentado mediante la utilización de un dron con una carga explosiva adosada al mismo que se lanzaría sobre el estadio del Barcelona y hecho estallar en su interior.

El detenido mantenía una intensa comunicación con miembros simpatizantes de Dáesh entre ellos con uno que se hacía llamar Abu Omar Al Sharni, con el que hablaba prácticamente a diario y que, en su momento, le animó a trasladarse a Siria o Irak. Otros de sus interlocutores era Abu Kalash Al Magharibi que también le animaban a integrase en la banda o establecerse en Marruecos y formar allí una célula terrorista. Como alternativa, siempre quedaba la posibilidad de asesinar personas en Barcelona mediante cuchillos. El tal Abu Omar le aconsejó, en una conversación mantenida en abril pasado, las medidas que debería adoptar para pasar desapercibido por la población, y en especial por las Fuerzas de Seguridad.

Otro caso es el de Abdelghani Bentouati, el argelino detenido en Madrid por la Guardia Civil por su pertenencia a Daesh, se ejercitaba como francotirador y consideraba que “Al Andalus tiene que volver a ser la tierra de los musulmanes”, en referencia a que los objetivos contra los que atentar estaban en España y, probablemente, en Madrid, donde se escondía hacía poco más de un año.Uno de los aspectos más preocupantes de descubierto por los investigadores de la Benemérita eran sus conexiones con otros terroristas, afincados en Europa, algunos de los cuales han combatido en Siria e Irak (FTF).

Otro caso es el de Lachcen El Harch, también detenido por la Guardia Civil el pasado mes de octubre en Altea, Alicante) por sus actividades en favor de Daesh. Mantenía contactos con mujeres que se encuentras en el campo de prisioneros de Al Hol, en Siria, de las que recibía instrucciones; y con una serie de perfiles situados en diversos países, como “Sarah al Kathani”, en Arabia Saudita, que le facilitó la fórmula de juramento de lealtad al nuevo “califa”, Ibrahim Hashimi”; “la Viuda de un Mártir. El Supremo paraíso”, radicada en Marruecos; “Sanafi Annaser” o Yahya Anssari”. Además de en los países citados, sus compinches han sido ubicados en Siria, Irak y Turquía.