Ayuso se pone al frente del acercamiento a cargos de Ciudadanos

Defiende la fusión del PP con los naranjas y se reúne con miembros del equipo de Aguado

La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, ayer en un acto
La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, ayer en un actoCOMUNIDAD DE MADRID/EFE

La dirección de Ciudadanos (Cs) se vio obligada esta semana a negar oficialmente que se plantee una operación de fusión o integración con el PP a medio plazo por la sangría de votos que han vuelto a confirmar las elecciones catalanas. Sin embargo, ya hay movimientos y aproximaciones territoriales, en una estrategia por parte de los populares de ir trabajándose poco a poco el terreno para propiciar la absorción parcial en las elecciones autonómicas y municipales, si antes no cuajan, con un pirotécnico golpe de efecto, los contactos de la dirección nacional a otros niveles y con el ex presidente de Ciudadanos Albert Rivera.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha sido una de las voces que, con más firmeza, y tomando la delantera, ha defendido la fusión entre las dos siglas. Y dentro del equipo de Ignacio Aguado ya se detectan movimientos de aproximación, o de un mayor entendimiento con la presidenta madrileña. Un ejemplo es la consejera de Cultura, Marta Rivera de la Cruz. El pasado 21 de diciembre, la presidenta madrileña se desplazó hasta el despacho de Rivera de la Cruz para mantener un almuerzo distendido con ella, al que también se sumó Toni Cantó, diputado en las Cortes Valencianas.

Rivera de la Cruz ha hecho gestos que confirman su buena sintonía con Ayuso, formando parte además de la operación para vetar la candidatura de Moncloa de Borja Cabezón para dirigir Casa América. Esa operación podría confirmar su vuelco en un intercambio por el que el PP dejaría vía libre a este nombramiento a cambio de tener margen para rectificar la dirección de Telemadrid. La jefa de Gabinete de Marta Rivera, Sandra Fernández, trabaja ahora como Dircom del Gobierno de Ayuso, otro punto de unión entre la presidenta y la consejera naranja.

Los movimientos que se producen en el Gobierno regional tienen su réplica en otras autonomías, con discreción y sin quemar antes de tiempo los procesos. Arrimadas está rodeada de una «guardia de corps» de máxima confianza en el Congreso de los Diputados, pero las estructuras orgánicas del partido a nivel territorial están más desordenadas respecto al mando nacional y se enfrentan al reto de decidir si anteponen la supervivencia personal de sus cargos a la disciplina y obediencia.

Las elecciones catalanas han desatado una ola de nerviosismo interno por el miedo a que las siglas acaben diluyéndose en los próximos procesos electorales, lo que llevaría al paro a los cargos autonómicos y municipales naranjas. Más allá de las discrepancias estratégicas o la crítica al hecho de que Arrimadas no asuma responsabilidades por el 14-F, lo que puede acabar mandando en el futuro de Cs es el vértigo de los cuadros del partido a quedarse sin trabajo en los próximos procesos electorales. Los líderes territoriales han exigido estos días la dimisión del vicesecretario general y director de la campaña, Carlos Cuadrado, exigencia ante la que Arrimadas no puede ceder. Cuadrado, junto con el portavoz adjunto parlamentario, Edmundo Bal, forman el corazón del equipo del que se rodeó tras el Congreso de Cs que la aupó a la Presidencia del partido.

El domingo de las elecciones catalanas Ciudadanos perdió 30 de sus 36 escaños en Cataluña, y un millón de votos. Una tragedia que ha terminado por desatar todas las tensiones internas. El PP observa con atención la evolución de los naranjas, pero anticipándose ya en sus movimientos para lo que pueda venir en el futuro. La relación de Pablo Casado y Teodoro García Egea con Albert Rivera se ha hecho más estrecha en los últimos tiempos, y el desmoronamiento de la formación en las elecciones catalanas ha alentado las especulaciones sobre el trasvase de cargos naranjas a las filas del PP.

En Madrid, por ejemplo, además de las aproximaciones al equipo de Ayuso, en el caso del Ayuntamiento también se apunta a la posibilidad de que Begoña Villacís pueda acabar como «número dos» en la lista de José Luis Martínez Almeida. Ninguna de las partes se anticipa a ese escenario, pero no habría veto a esa integración por parte de los populares, dentro de una operación de absorción a mayor escala. El proyecto tiene flancos delicados ya que en su proceso de materialización debe tener en cuenta la necesidad de mantener la solidez de los gobiernos autonómicos, que los dos partidos dirigen en coalición. Los líderes de Andalucía y Castilla y León ya han dado toques de atención a Arrimadas, mientras que el vicepresidente madrileño, Ignacio Aguado, ha mantenido una posición de apoyo total hacia ella en todas sus declaraciones públicas.

Por el lado del PP, la operación tampoco salva el obstáculo que representa en estos momentos Vox para las aspiraciones de Pablo Casado. La fusión, absorción o integración del PP y Ciudadanos no tiene por qué afectar al voto de la derecha que se siente más identificado con el partido que lidera Santiago Abascal. Y éste es el principal problema para las aspiraciones de Casado para llegar a La Moncloa. Además, en el País Vasco la coalición con Ciudadanos ya fracturó al partido. Y el coste interno es otra variable que, después de aquella crisis, Génova está obligada a tener en cuenta.