Moncloa fraguó durante tres semanas el terremoto político en España

La moción de censura en Murcia, desencadenante de la sacudida en todo el país, se ha gestado al “más alto nivel” y con “suma discreción” para evitar que una filtración diera margen de maniobra al PP

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un reciente acto relacionado con la política feminista
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un reciente acto relacionado con la política feministaLuis DíazLa Razón

Golpe de timón en Murcia, tsunami en la Comunidad de Madrid. Un movimiento muy medido en un territorio que ha acabado desencadenando una reacción en cadena en el resto de España. La moción de censura presentada por Ciudadanos y el PSOE para expulsar a Fernando López Miras del Gobierno regional tenía ya un trasfondo nacional mucho antes de que pusiera la escena política patas arriba con réplicas en Madrid y Castilla y León. El movimiento de carácter territorial se ha gestado al «más alto nivel» entre las direcciones de Ciudadanos y del PSOE en la capital.

Moncloa y Ferraz pilotaron el proceso y las conversaciones, que han tenido interlocutores en varias esferas. Por un lado, el secretario de Organización, José Luis Ábalos, y su mano derecha, Santos Cerdán, desde el nudo socialista; y por otro, desde la sede del Gobierno central, el secretario general de la Presidencia, Félix Bolaños. La pieza fundamental, al otro lado, ha sido Carlos Cuadrado, vicesecretario general de Ciudadanos, aunque obviamente el plácet final lo dio Inés Arrimadas. Las relaciones entre Moncloa y Ciudadanos están engrasadas. Se reactivaron al calor de las prórrogas del estado de alarma y se han cuidado al extremo para intentar sin éxito atraer a los naranjas a los Presupuestos.

En todo caso, las negociaciones se intensificaron durante estas tres últimas semanas con la «máxima discreción» para evitar que cualquier eventual filtración permitiera al PP dar un paso al frente y adelantar elecciones. En los tiempos que se barajaban solo había una fecha marcada en rojo en el calendario: el 14-F. Cualquier movimiento debía producirse, siempre, después de las elecciones catalanas y así ha sido. «Las mociones de censura no se anuncian, se presentan», señalan fuentes socialistas a este diario como clave para que el golpe de efecto tuviera éxito. Lo que en Moncloa no terminaron de calibrar fue la reacción en cascada que esta maniobra iba a desencadenar.

Desde el Gobierno se anticipaba a primera hora de la mañana, que la moción de censura era una maniobra «aislada», en la línea de lo que ya habían confirmado Ciudadanos y el PSOE, que enfriaban la eventualidad de presentar iniciativas paralelas en la Comunidad de Madrid y Castilla y León. No fue así. Pero lo precipitado de estas iniciativas horas después pone de relieve que no estaba planificado en absoluto. Ni Ángel Gabilondo ni Luis Tudanca eran conocedores del movimiento en Murcia, porque de lo contrario hubieran presentado sus mociones simultáneamente.

Con la maniobra murciana, los socialistas buscaban elevar la presión sobre Pablo Casado y su liderazgo debilitado, para atraerle hacia el espacio de la moderación y forzar una entente estable con Pedro Sánchez. En la trastienda, sigue bloqueada la negociación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y los socialistas no ahorran en llamamientos para que el PP dé «el siguiente paso». Ahora, todo ha saltado por los aires y cualquier entendimiento se antoja todavía más lejano. Las mociones de censura en Murcia, Madrid y Castilla y León son un torpedo a la línea de flotación de los populares, el poder territorial es el principal capital político de Casado. Con el golpe de efecto de Ayuso, al forzar el adelanto electoral, la presidenta madrileña le hurta, de facto, al presidente del PP la bandera de la oposición a Sánchez.

Con el pie cambiado

Si bien desde el Gobierno se advertía ayer que esta nueva etapa de pactos no ha hecho más que empezar, porque el PP vistió con alianzas con Ciudadanos y Vox sus malos resultados en las elecciones autonómicas de 2019, lo cierto es que el desenlace de los acontecimientos les pilló con el pie cambiado. Pedro Sánchez se trasladó desde Moncloa a la sede federal de Ferraz en la que estuvo reunido durante más de tres horas con su núcleo duro. La actividad del PSOE se paralizó y la rueda de prensa que los socialistas habían anunciado para reaccionar a su movimiento en Murcia se acabó primero retrasando y luego suspendiendo cuando entraron en juego las derivadas en Madrid y Castilla y León, esta última de manera autónoma a la dirección para evitar otro adelanto electoral como el de Díaz Ayuso.

En Moncloa reconocen que este paso de la presidenta madrileña era una posibilidad, pero la subestimaron. La situación de la izquierda en la comunidad es precaria y del PSOE de Madrid, específicamente. Sin un liderazgo claro de oposición y con Gabilondo en la pista de salida, han sido incapaces de presentar una moción de censura hasta ahora, cuando se han presentado dos. Si prospera el adelanto electoral, los socialistas abrirán el proceso para elegir un nuevo candidato a la Puerta del Sol.