Espantada

Moncloa sentencia a Iglesias: “No encontraba su sitio en el Gobierno”

El vicepresidente comunicó su decisión a Sánchez minutos antes de anunciarla. Moncloa cree que la pugna a «todo o nada» entre él y Ayuso beneficia al jefe del Ejecutivo

Desleal hasta el final. Pablo Iglesias mantuvo en absoluto secreto su decisión de abandonar el Ejecutivo hasta minutos antes de que se hiciera público el anuncio en un vídeo dirigido a su militancia. Según ha podido saber LA RAZÓN, el vicepresidente solo se lo trasladó a dos personas en Moncloa: al presidente del Gobierno –a quien informó telefónicamente esa misma mañana, mientras viajaba a Francia para participar en la 26º cumbre franco-española– y a su jefe de Gabinete, Iván Redondo, que estuvo en contacto directo con Juanma del Olmo, secretario de comunicación del vicepresidente y de Podemos. Nadie más lo sabía. Ni el sector socialista del Ejecutivo ni en la sede de Ferraz, que, en paralelo, ratificaba a Ángel Gabilondo como candidato sin primarias a la Comunidad de Madrid, ajenos a lo que se avecinaba. La sorpresa fue total. Motivada, según trasladan varias fuentes, por el empeño que en su día puso el propio Iglesias por formar parte del Gobierno. Ahora, el sentir en el Consejo de Ministros es de alivio.

Aunque desde Moncloa tardaron en sobreponerse por el escaso margen de maniobra y conscientes de que tenían que medir bien los tiempos, la respuesta se fue sucediendo en un goteo de reacciones. El escenario les favorece o eso leen de todo lo que está aconteciendo en los últimos días. La irrupción de Pablo Iglesias en la contienda electoral viene a demostrar, según apuntan fuentes socialistas, que el vicepresidente «nunca ha encontrado su sitio en el Consejo de Ministros». «No le gusta la gestión», zanja una ministra. «Su objetivo es sobrevivir a Podemos», resume otro miembro del Gabinete.

La polarización entre Isabel Díaz Ayuso e Iglesias, coloca el foco en estos dos actores, que se juegan su futuro político a «todo o nada» en los comicios del 4-M y por extensión también el de Pablo Casado, que ha ligado el suyo propio al de la presidenta madrileña. «Operación Gambito de dama», lo llaman en Moncloa, en alusión al movimiento de ajedrez que da nombre a la popular serie de Netflix. Mientras, Sánchez, espera y mide su siguiente movimiento. Y lo habrá, porque desde el Ejecutivo mantienen misteriosos que «pasarán más cosas».

En la cuota morada, la decisión final comenzó a tomar forma el pasado jueves. Tras dar por seguro el adelanto electoral –a la espera de la ratificación del TSJM el pasado domingo– la maquinaria del partido se puso a trabajar consciente de hasta dos circunstancias que jugaban contra Podemos: la posible desaparición del partido si no superaban la barrera del 5 por ciento de los votos y la imposibilidad de que la hasta ahora candidata Isa Serra pudiese repetir debido a la condena que pesa sobre ella por el Tribunal Supremo. Ante esta coyuntura, el partido decidió convertir las debilidades en una oportunidad.

Con el núcleo duro

Tras valorarse varias candidaturas, como la del diputado Rafa Mayoral y hasta el nombre de la ministra de Igualdad Irene Montero, o el ministro de Consumo Alberto Garzón o el diputado Enrique Santiago, Iglesias decidió dar un paso atrás en el Gobierno en un momento en el comenzaba a apreciar el alto coste electoral que suponía para él estar en Moncloa, así como su pérdida de poder, donde los morados comenzaban a no ganar los pulsos que provocaban con los ministros socialistas. Solo el más estricto núcleo duro de Iglesias era conocedor de los pasos que se desencadenaron ayer con su abandono del Gobierno y salto a la política madrileña para competir directamente con Isabel Díaz Ayuso: la ministra de Igualdad, Irene Montero, la titular de Trabajo, Yolanda Díaz, la portavoz del partido y líder de Podemos en la Comunidad, Isa Serra y el líder del partido en Madrid, Jesús Santos, entre otros. Ni sus colaboradores más cercanos tenían conocimiento de los movimientos.

Así, el vicepresidente, al filo del mediodía comunicaba su intención de abandonar el Gobierno, resumiendo los principales logros ganados por su partido durante poco más de un año y tres meses de su estancia en Moncloa y justificaba su decisión en la posibilidad de frenar un Gobierno de «ultraderecha» en la Comunidad de Madrid. «Madrid necesita un gobierno de izquierdas y creo que puedo ser útil para ayudar a ganarlo y liderarlo», se defendía el todavía vicepresidente. «Madrid está ante un enorme riesgo, que haya un gobierno de ultraderecha», repetía para tratar así de erradicar cualquier tipo de ruido mediático sobre su salida del Ejecutivo central.

El vicepresidente lanzaba, eso sí, uno de sus últimos órdagos como vicepresidente: imponía al presidente del Gobierno los cambios a acometer en su Ejecutivo. Al proponer a la actual ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, como su sustituta en la vicepresidencia y a la actual secretaria de Estado para la Agenda 2030, Ione Belarra como ministra de Derechos Sociales.

La estrategia actual en Moncloa pasa por dejar en suspenso unos días los relevos en el Gabinete. Que no parezca que es Iglesias el que marca la agenda y los tiempos de la crisis de Gobierno, a la que se verá obligado el presidente, por segunda vez en dos meses y también por motivación electoral. Esto, a pesar de que se da por seguro el cambio en la Vicepresidencia segunda con Yolanda Díaz a la cabeza, que ya lo confirmó en sus redes sociales. También en la cartera de Derechos Sociales con Ione Belarra. Pero, en todo caso es el presidente el que asume el liderazgo de los cambios, aunque se mantenga el acuerdo de que esa cuota corresponde a los morados.

El relevo de Iglesias por Díaz es beneficioso para los intereses de Moncloa, la ministra tiene un perfil moderado con predicamento también en el ámbito empresarial, con quienes ha tejido hasta ocho acuerdos en la mesa del diálogo social. El propio Pablo Iglesias aupaba a su ya sustituta señalándola como «la mejor ministra de Trabajo de la historia de nuestro país» e incluso alzando su candidatura como posible presidenta del Gobierno de España. «Creo que digo algo que sienten millones de personas de izquierdas en España si digo que Yolanda Díaz puede ser la próxima presidenta del Gobierno de España», señaló.