Las colas del hambre que utiliza Iglesias

«Si quiere ser congruente, que aloje a una madre vulnerable en su chalé», denuncia el presidente de la Fundación Madrina, cuyas imágenes de voluntarios usa Podemos en un vídeo electoral

Imágenes del reparto de alimentos a personas vulnerables, a cargo de la Fundación Madrina, en la plaza de San Amaro, en la que se ubica la Parroquia de Santa María Micaela y San Enrique.
Imágenes del reparto de alimentos a personas vulnerables, a cargo de la Fundación Madrina, en la plaza de San Amaro, en la que se ubica la Parroquia de Santa María Micaela y San Enrique.Jesús G. FeriaLa Razon

Vídeo de campaña de Unidas Podemos para arrancar unos votos en la Comunidad de Madrid. Pocos más de minuto y medio arremetiendo contra Díaz Ayuso por «una gestión irresponsable de la pandemia». En paralelo, la formación de Pablo Iglesias se apropia el discurso y los méritos de «una mayoría responsable y solidaria». Para ilustrarlo se sirve de unas imágenes donde aparecen voluntarios de la Fundación Madrina, fundación que se ha convertido en uno de los principales salvavidas de quienes constituyen en el nuevo rostro de la pobreza en nuestro país.

Al frente de la entidad, Conrado Giménez, que en estos meses de pandemia apenas ha dormido para salir al rescate de los más vulnerables. «Unas cuatro horas al día de media», deja caer este madrileño que hace veinte años, tras un accidente en el que vio de frente a la muerte, cambió su trabajo en un banco por ayudar a las madres sin recursos y a sus bebes. Así fue hasta marzo de 2020 cuando el coronavirus provocó que se dieran al traste todos sus proyectos. El cierre de toda la actividad laboral se tradujo en llamadas de todo tipo y a todas horas. De salir a atender a 400 familias al mes han pasado a 4.000 al día. De 30 toneladas de alimentos repartidos al trimestre a 20 toneladas al día. Sin exagerar. Con inventario en la mano. Hay jornadas en las que llegan a atender hasta quince llamadas de auxilio por minuto.

Por eso le duele que, con la cuenta atrás en marcha de los comicios del 4 mayo, alguien quiera apropiarse de las colas del hambre y de los voluntarios que se desgastan cada día por atajarlas. «En el vídeo ellos han puesto el valor el trabajo que hacemos, y yo se lo agradezco, pero necesitamos compromiso de verdad por su parte. Desgraciadamente sobre el terreno, hemos sufrido la experiencia contraria», explica Conrado sobre cómo funciona, según él, el aparataje propagandístico de la formación morada. «No he visto a la gente de Unidas Podemos hacer nada durante la pandemia, salvo llevar un camión de leña a la Cañada Real durante el temporal Filomena y literalmente volcarlo en la acera», detalla sobre este episodio que tacha de halo más que oportunista: «Así no se trata a la gente a la que dicen representar y cuidar, de forma aislada y tirando madera en una cuneta». Desde esta misma «campaña de marketing e imagen», también denuncia cómo «hay asociaciones de vecinos a las que empezaron a ayudar entregándoles comida cuando era el tema recurrente en los medios, pero a los quince días o al mes se fueron, las dejaron colgadas y vinieron a nosotros».

A Conrado lo mismo le pillas desembalando cajas, hablando con un donante que secando las lágrimas a una joven que se ha quedado embarazada y no sabe cómo salir porque llega a Madrina con una mano delante y otra detrás. A la vez, es capaz de buscar fondos de donde no los hay para pagar las 1.500 ecografías y analíticas y las 15.000 canastillas que han entregado en este tiempo de coronavirus. Y todo, sin alterarse, pero sí con una rotundidad para mandarle un último recado a Iglesias: «Si quieres ser congruente con su discurso sobre la lucha contra la pobreza, que nos deje alojar a alguna madre en situación vulnerable en su chalé». Como Tamara, que ayer mismo estrenaba una vida nueva en la localidad abulense de La Torre.

Hasta allí llegó, con Conrado al volante. Cuando en marzo España se cerró a cal y canto, ella se quedó sin trabajo: «Pedí mil ayudas, unas me las negaron y de otras no sé nada, como de la renta vital». A través de Facebook se enteró que existía Fundación Madrina, concertó una cita y llegó su salvación. Sin ellos no habría tenido comida para los míos, pero tampoco leche y pañales para mi bebé», comenta sobre su cuarto hijo que ahora tiene dieciséis meses. El acompañamiento de la entidad llevó a que formara parte del nuevo programa «Pueblos Madrina» que pretende empoderar a mujeres en riesgo de exclusión buscándoles casa y empleo en el ámbito rural. «Conmigo se han puesto las pilas. Imagínate cómo me cuidan que hasta me he tatuado el logo de la fundación», desvela Tamara. Ni ella ni Conrado han visto al que fuera vicepresidente del Gobierno y responsable de Derechos Sociales dejarse caer por la parroquia de Santa María Micaela, centro de operaciones de la entidad. Tampoco lo espera ver de aquí a las elecciones. «Ha estado todo un año encerrado en un despacho diciendo representar a los pobres, pero sin conocerles de verdad. Por eso, le invito a que venga y se ponga a echar una mano, que es la mejor manera de aprender cómo es la realidad social que estamos padeciendo y de aprender a combatirla».

Y continúa con sus demandas: «No estaría de más que asumirá que él, como parte del Ejecutivo de coalición es el responsable de que el 98% de la población vulnerable a la que acompañamos esté atrapada en las colas del hambre, porque no les ha llegado el Ingreso Mínimo Vital que les prometieron».

Lejos de pensar que ya se ha llegado al pico pandémico en la ola de la exclusión social, el responsable de Fundación Madrina se teme lo peor: «Las previsiones financieras macro no se corresponden con lo que vemos». «Vamos camino de un crac, que ya se habría traducido en agitación en las calles tirando a los gobernantes por la ventana, si no fuera por amortiguadores sociales como nosotros», advierte, convencido de que apenas hay colchón para quienes son víctimas del paro de larga duración, pero también de los ERE y los ERTE recientes, puesto que la anterior crisis dejó caninas unas huchas que no se han podido ni tan siquiera medio llenar.

Conrado se confiesa cristiano, pero desde un primer momento tuvo claro que Fundación Madrina debía ser aconfesional y apolítica, pero también libre de subvenciones públicas, para evitar que su discurso estuviera precisamente condicionado por los vaivenes electorales: «Pablo Iglesias está haciendo campaña durante veinte días por un puñado de votos, nosotros llevamos veinte años haciendo campaña apoyando a la infancia que no come y a la maternidad en riesgo», reivindica para apostillar a continuación: «Los niños no tienen ideología».