La baza de Pablo Casado: la moderación gana

Tras la victoria de Ayuso, el líder del PP debe centrarse en un rearme ideológico de la gran familia que engloba a conservadores y liberales

Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso se abrazan en el balcón de la sede del PP tras conocer los resultados electorales en Madrid
Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso se abrazan en el balcón de la sede del PP tras conocer los resultados electorales en MadridDAVID MUDARRAPP

La resaca de la victoria de Ayuso en Madrid parece convertirse «en el kilómetro cero del cambio en España», tal y como proclamó la flamante triunfadora desde el balcón de la calle Génova, tras una agresiva campaña, polarizada entre contundentes eslóganes del «comunismo o libertad» o el «democracia o fascismo», sazonado con el envío de amenazas de muerte a varios de los candidatos, un único debate a seis y otro a cinco que acabó en un desagradable enfrentamiento y que llevó a anular el resto de contiendas programadas.

Derrotar al PSOE y al buenismo hipócrita de la izquierda, que ha estado inoculando odio a través de sus potentes terminales mediáticas, parece al alcance de Pablo Casado y su equipo según la encuesta que hoy publica LA RAZÓN. Pero la victoria del centroderecha sólo será posible a partir de un nuevo relato emocional de ilusión y futuro que sepa cuestionar la supremacía moral de la izquierda y desde la moderación, donde se encuentra la mayoría de españoles. Fue el filósofo español Séneca quien, hablando sobre la necesidad de ganar consensos, sentenció: «Se necesita poseer un espíritu fuerte para conservar la moderación cuando todo nos va bien». La moderación no es debilidad, sino fortaleza.

Mientras Ciudadanos, que nació para sustituir el nacionalismo como ideología de chantaje a la gobernabilidad de España y hacer frente al separatismo en Cataluña, desaparece de todas las encuestas, Vox sigue en fase ascendente. El partido de Abascal ha alcanzado su techo electoral en el barrio de Salamanca y sólo ha crecido en el extrarradio madrileño. Cambio de ciclo en su discurso populista, mutando del farragoso tema catalán hacia la dureza del señuelo de la inmigración, y en esta estrategia es dónde Vox puede restar votos a la izquierda española.

Con un simple análisis de los éxitos alcanzados por el Frente Nacional francés, se observa como los de Le Pen obtienen un 44% de intención del voto obrero, frente al 16% de Emmanuel Macron o el 14% de Jean-Luc Mélenchon. Un Vox cada vez más duro y populista, reemplazando a Podemos y debilitando a los partidos tradicionales de izquierda, al mutar el discurso de derecha dura hacia un proyecto xenófobo que triunfa entre las clases populares a lo largo y ancho de Europa.

Casado, en los próximos meses, debe centrarse en un rearme ideológico de la gran familia que engloba a conservadores y liberales, dando la batalla cultural y de comunicación política, creando los «think tanks» que permitan la elaboración de una ley de Concordia para superar la fractura que ha causado la Ley de Memoria Histórica, una ley para el ámbito social y familiar, desarrollar una propuesta educativa y una ley de ocupación. Al tiempo que debe mejorar la presencia del discurso centrista en las redes sociales, abrir las puertas a muchos miembros de Ciudadanos, recuperar espacios en la comunidad Valenciana y Euskadi. Sin olvidar Navarra y Baleares. Sabe que cuenta con una Andalucía empoderada en un nuevo proyecto político centrado en el impulso económico, liderado por Juanma Moreno, una Galicia con Feijóo que ha sabido eliminar el peligro del nacionalismo y del populismo y dispondrá de la gran ventana del Madrid de Ayuso, fichaje personal de Casado.

Y repensar la estrategia en Catalunya, porque el PP no puede gobernar España sin una notable presencia territorial en el viejo principado. Para ello debe crear un nuevo discurso que entronque con el creciente número de ciudadanos huérfanos de referente político y los desengañados del proceso separatista, ilusionando a todos aquellos que, en mayor o menor medida, se sienten catalanes y españoles y que según todas las encuestas se acercan al 70% de los catalanes. Tal vez sea la parte más complicada de la nueva estrategia ganadora, que los populares están diseñando.

La moderación es la baza que debe articular el discurso de Casado, tal como proponía Séneca, en su obra «Las Epístolas morales a Lucilio», dónde exalta la libertad y la igualdad, advirtiendo sobre la rápida decadencia de las naciones y previniendo sobre la influencia del populismo en la vida política. La moderación siempre gana.