Marruecos-España: las verdaderas preguntas

¿Por qué tenemos que poner en riesgo la convivencia en lugar de admitir fallas en el caso de Ghali?

Ambiente en la ciudad de Ceuta en los días posteriores al asalto a la vaya de numerosos jóvenes desde el territorio marroquí.
Ambiente en la ciudad de Ceuta en los días posteriores al asalto a la vaya de numerosos jóvenes desde el territorio marroquí.Alberto R. RoldánLa Razón

Marruecos y España han mantenido fuertes relaciones durante décadas, independientemente de quién tuviera el poder ejecutivo en los dos países, ya que estas están cargadas de historia.

La grave crisis entre Rabat y Madrid no es ni la primera ni será la última. Pero esta crisis tiene una peculiaridad, surgió de manera completamente incomprensible. El caso también se refiere a la democracia española, en cómo explicar que el Gobierno, para exculpar a Brahim Ghali de los procesos judiciales en España, aceptó el truco de la identidad falsa. Mientras que el Poder Judicial español ha demostrado su independencia en casos que afectan a las autoridades del Estado español, como el Rey Juan Carlos. Esta actitud del Gobierno español debería preocupar a los demócratas, las sabias voces del establishment español, como González, Zapatero y otros, que lamentablemente no están siendo escuchados.

Esta crisis es incomprensible, es un verdadero enigma. Sin embargo, Marruecos y España, son países amigos, socios y cercanos desde hace siglos, con una realidad geográfica inmutable que impone una vecindad determinante, porque cada país asume una especie de extensión del espacio habitable en relación al otro, y ambos se encuentran enfrentados a lo mismo: el fenómeno de la inmigración ilegal.

España ha pedido la comprensión política y financiera y la solidaridad de la Unión. La política europea debe basarse en cuatro principios fundamentales como son la prevención en el origen; cooperación operativa con países de origen y tránsito; la lucha contra las redes criminales de tráfico de migrantes y una mejor gestión de las fronteras.

Marruecos tiene en su territorio más de 50.000 subsaharianos que no tenían el objetivo de completar su viaje en suelo marroquí. Es una prueba de la seriedad y del compromiso marroquí. Pedir a la Unión Europea que presione a Marruecos, no es una solución, es contraproducente y peligroso para la colaboración Marruecos-Europa en una cuestión tan estratégica para la Unión Europea como lo es para España.

En el frente de la seguridad los dos países están necesariamente preocupados por la lucha contra el terrorismo, el extremismo religioso y el narcotráfico internacional. Marruecos se muestra como un socio muy fiable. Son los propios gobernantes españoles quienes vienen afirmando esto desde principios de este siglo. José Bono, ex ministro de Defensa, declaró que «romper las relaciones de seguridad con Marruecos sería suicida».

Económicamente, España se ha convertido en el primer socio económico de Marruecos. Hay más de veinte mil empresas ibéricas con intereses en Marruecos.

Finalmente, España, aunque fue una antigua potencia colonizadora, sabe que el Sáhara es tierra marroquí. Pero, en aras del equilibrio, nunca lo admitió oficialmente y Marruecos nunca lo convirtió en un casus-belli.

Olvidar y querer cambiar estos hechos sería un grave error, porque por un lado esto presagiaría un sinfín de disturbios y conflictos en una región del sur del Mediterráneo donde Marruecos y España son dos naciones muy apegadas a su unidad y a su integridad territorial. Por el contrario, esta región necesita más integración, así como un mercado financiero más profundo para asegurar su despegue y satisfacer las aspiraciones de su población predominantemente joven.

Cientos de miles de marroquíes viven en España, las influencias culturales son evidentes en ambos lados, pero ¿por qué tenemos que poner en riesgo toda esta convivencia en lugar de admitir fallas en el caso de El Ghali? ¿Qué salida de la crisis propone España? Estas son las verdaderas preguntas que el presidente Sánchez debe responder.

Incluso dentro de un siglo, España y Marruecos serán el vínculo entre dos continentes. La estabilidad global depende de su comprensión. Esta es una responsabilidad que el Gobierno de Sánchez debe mostrarse capaz de cumplir. No podemos hablar de una alianza estratégica, en las condiciones creadas por el asunto Ghali.