Cataluña

El boicot de los CDR al Consejo de Ministros en Barcelona: «Que marchen en helicóptero»

Planeaban lanzar botes de humo desde los tejados para dificultar el trabajo de las Fuerzas de Seguridad: “Conforme el pájaro vuela, no deben tener visión de abajo”

Protesta de los CDR contra la celebración del Consejo de Ministros extraordinario en la ciudad condal el 21 de diciembre de 2018
Protesta de los CDR contra la celebración del Consejo de Ministros extraordinario en la ciudad condal el 21 de diciembre de 2018

Las conversaciones intervenidas a los miembros de los Comités de Defensa de la República (CDR) investigados por terrorismo ponen de relieve su intención de boicotear con todos los medios a su alcance el Consejo de Ministros que se llevó a cabo en Barcelona el 21 de diciembre de 2018.

Su objetivo estaba claro, según revelan algunas de esas conversaciones, «evitar el Consejo» y obligar a Pedro Sánchez y sus ministros a abandonar la ciudad condal en helicóptero.

Y para ello llegaron a planear situar a miembros de los CDR en las azoteas de los edificios próximos a la Llotja de Mar, uno de los edificios más emblemáticos del centro histórico de Barcelona, con el cometido de lanzar botes de humo para dificultar la visibilidad de los helicópteros de las Fuerzas de Seguridad encargados del dispositivo desplegado para evitar incidentes.

Así consta en una conversación mantenida entre Clara Borrero y Guillem Xavier Duch, dos de los imputados, el 13 de diciembre de 2018, apenas una semana antes de la reunión ministerial en la ciudad condal, que finalmente se saldó con enfrentamientos entre los Mossos y los CDR en las calles adyacentes.

Duch le comenta a Borrero que está «un poco preocupado por los planos que no aparecen», en referencia a los planos de la Lonja, donde se reunió el Gabinete de Pedro Sánchez, y los alrededores. «Para el sitio conforme el pájaro vuela, no tienen que tener visión de abajo, por lo tanto tendríamos que tener gente arriba en los tejados con botes de humo», propone Borrero.

Para la Guardia Civil, el contexto de esa conversación permite concluir que «los planos que habrían perdido eran el del edificio donde se iba a celebrar el Consejo de Ministros y que los investigados estaban planificando una acción para impedir la celebración del mismo».

Una pistola sobre los Pactos de la Moncloa

En el ordenador de Germinal Tomás, los agentes hallaron una imagen de una pistola de aire comprimido, una Gamo P-23, sobre un supuesto ejemplar del «Pacto de la Moncloa» (los acuerdos firmados el 25 de octubre de 1977 en el marco de las reformas políticas que allanaron el camino a la Constitución de 1978). Para la Guardia Civil la instantánea es un «ejemplo del activismo radical» del investigado y de sus «posicionamientos favorables al uso de la violencia».
«El hecho de que un arma se coloque, ex profeso, sobre un documento que constituyó el origen del Orden Constitucional que actualmente impera en España, podría definir, de manera alegórica o metafórica, las intenciones de oposición violenta contra la Democracia Española o su sistema constitucional».
En los registros, además de pasquines a favor de los presos y del regreso de Puigdemont (arriba), se intervino a otro de los CDR, Alexis Codina, «un arma de la misma marca y modelo que fue utilizada en el citado montaje fotográfico».

En otra serie de mensajes intercambiados a través de la aplicación Signal el 17 de diciembre de 2018 entre el propio Duch y otro de los investigados, Ferran Jolis, éste último le explica a su interlocutor la organización y las acciones que pretenderían llevar a cabo con motivo del Consejo de Ministros. Haciendo especial hincapié –señala la Guardia Civil en los informes remitidos al juez de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón– en que « extremen las medidas de seguridad, aconsejándole que salgan de todos los grupos de mensajería que no sean estrictamente necesarios para el 21-D».

“Encapsularlos. Evitar el Consejo. Desplazarlo”

De hecho, advierte que pasarán un documento de «tips&tricks para todos» (consejos y trucos). Estos mensajes, según la Guardia Civil, ponen de manifiesto «la organización y la previsión del dispositivo que pretenden llevar a cabo, expresando claramente sus objetivos». A saber: «Finalidad: transmitir urgencia y activar Poli». Y, sobre todo, el «objetivo final»: «Encapsularlos. Evitar el consejo. Desplazarlo. Hacer que marchen en helicóptero».

Otra intervención telefónica, ésta del 10 de diciembre, entre Jolis y Duch tenía el objetivo de que el segundo le entregara unos walkie talkies de manera «discreta» para garantizar las comunicaciones durante las protestas. Durante esa conversación Jolis se interesa por los preparativos para el día 21 de diciembre, «a lo que Xavier le dice que se estaban preparando cosas (en referencia a acciones)».

Y como Duch le traslada que está teniendo problemas al cargar los transmisores portátiles, Jolis le tranquiliza y se ofrece a solucionarlos y a facilitarle otras emisoras. La Guardia Civil considera acreditado «la preparación de sistemas de comunicación para llevar a cabo las acciones» previstas el 21-D «y la participación de los dos investigados en esos preparativos».

“Organización terrorista paralela” a los CDR

Los investigadores sitúan a otro de los CDR imputados por terrorismo, Germinal Tomas, en los disturbios con motivo del Consejo de Ministros extraordinario celebrado en Barcelona. En su ordenador, los agentes hallaron unas imágenes en las que se le observa con el rostro cubierto con un pasamontañas en la Ronda del Litoral, «participando en los cortes convocados por los CDR».

La investigación ha puesto de relieve –subraya la Guardia Civil en sus informes– que tanto Germinal Tomás como el resto de miembros de la organización «habrían superado la actividad dentro del CDR y conformado una organización terrorista paralela, de carácter clandestino y estable, cuyo objetivo sería el de llevar a cabo acciones violentas o atentados contra objetivos previamente seleccionados utilizando para ello explosivos o sustancias incendiarias fabricadas en los dos laboratorios de los que disponían».

Para «mantener el anonimato en las comunicaciones», recurrían a los denominados «cacahuetes», tarjetas telefónicas seguras «vinculadas a identidades falsas o usurpadas» (el usuario registrado no se corresponde con la persona que habitualmente utiliza la tarjeta).