Pablo Casado: «Soy católico y practicante y no me identifico con la iglesia que apoya los indultos»

El líder del PP asegura que «revertirá todas las leyes sociales» del PSOE y que «la moción de censura a Sánchez se la harán los españoles en las urnas»

Pablo Casado anticipa en esta entrevista qué consecuencias tiene en su posición política el hecho de verse a sí mismo consolidado como la alternativa al Gobierno de coalición. Deja claro que entre el Ejecutivo y el PP ya no hay margen para ningún punto de acuerdo, y que sólo espera que haya elecciones y que los españoles se pronuncien sobre el programa «oculto» de Sánchez.

-Vox y Ciudadanos le piden una moción de censura. ¿La presentará?

-Al Gobierno hay que censurarle en las urnas. Y es evidente que no nos dan los números en el Parlamento. Necesitaría que los partidos nacionalistas, incluso independentistas, me apoyaran para sacar a Sánchez del Gobierno. La Legislatura está muerta, los indultos son más el pago de la deuda por la primera investidura y por los presupuestos que un anticipo por lo que le queda por delante.

-Y si la presenta Vox, ¿tampoco la apoyará como ya ocurrió el año pasado?

-En un debate en La Sexta, en la campaña del 19, Sánchez dijo que cuando llegara al Gobierno, en concreto a los dos años de llegar a Moncloa, presentaría una cuestión de confianza. Si Sánchez quiere retarnos a medir su poder en el Parlamento, ¿hay algo más sencillo? ¿O por qué no convoca un debate del estado de la Nación y votamos las resoluciones que presenten todos los grupos?

-Conclusión: ustedes no van a presentar una moción de censura ni apoyarán la de ningún partido. ¿Es correcto?

-Cualquier otra fórmula a la moción de confianza o al debate del estado de la Nación sólo serviría para compactar al bloque de investidura, como ocurrió el año pasado. Cuando la Legislatura está finiquitada, cuando este Gobierno ya ha pasado el Cabo de Hornos, y ha cortado amarras con el socialismo constitucional, son los ciudadanos los que tienen que elegir en las urnas.

-Salvo sorpresa, lo harán dentro de más de dos años. ¿Se puede esperar tanto sin censurar al Gobierno desde la postura tan crítica que ha fijado?

-Sánchez dijo solemnemente que no pactaría con quien ha pactado y que no iba a hacer lo que ha hecho. Por tanto, fue dopado a las elecciones y engañó a los electores. Que diga la verdad, y si los españoles respaldan ese programa, entonces sí tendrá todo el derecho a ejecutarlo. Hay que abrir las urnas y someter su programa real al criterio de los españoles.

-Si repasamos los programas y los Gobiernos, prácticamente todos acudieron «dopados» por una razón o por otra a las urnas. También los del PP.

-Éste es el único Gobierno que en su programa oculto llevaba el indulto a los independentistas, la España confederal, el referéndum de autodeterminación y gobernar con Bildu, que no ha condenado 850 asesinatos. Estos incumplimientos de su palabra no dependen de situaciones económicas ni de ningún imprevisto, afectan a la razón nuclear de lo que el PSOE entiende como España.

-¿Los acuerdos de la «mesa» de negociación con los independentistas deben someterse a consulta de todos los españoles o basta con que los voten los catalanes?

-Yo me creo a Aragonés y a Junqueras cuando dicen que la «mesa» tratará de la amnistía y de la autodeterminación.

-El presidente del Gobierno lo negó esta semana en el Congreso. ¿Vale más la palabra de los secesionistas que de Sánchez?

-Sánchez se ha convertido en un mentiroso compulsivo. En el Pleno, Sánchez agachó la cabeza cuando Rufián le dijo «denos tiempo». El independentismo ha dicho siempre lo que iba a hacer y lo ha hecho, aquí quien ha mentido todo el tiempo es el presidente del Gobierno.

-Pero sí negó en el Congreso el referéndum, otra cosa es que usted no le crea.

-Sánchez miente. Y para saber lo que va a ocurrir hay que leer a Iceta, que ya ha dicho que Cataluña sí puede autodeterminarse en algunas cuestiones.

-Si hubiera un acuerdo sobre financiación y competencias. ¿El PP aceptaría que se sometiera solo a consulta de los catalanes, aunque afecte al resto de España?

-La financiación autonómica se tiene que hablar en el Consejo de Política Fiscal y Financiera y se tiene que pactar entre los dos grandes partidos. Solo una vez se hizo de forma bilateral, con Zapatero como presidente del Gobierno, y aquello fue un desastre porque ni siquiera la comunidad autónoma más beneficiada, que fue Cataluña, se quedó contenta, como estamos sufriendo ahora. Desde el Gobierno y desde la oposición siempre hemos defendido lo mismo: que la financiación atienda la presión demográfica, Levante, Madrid, también Cataluña; y la España que tiene más coste en los servicios sociales porque está más vacía demográficamente, como Castilla León, la cornisa cantábrica, Extremadura, Aragón y Castilla la Mancha. Y el consenso tiene que venir del acuerdo del Gobierno con el PP. El consenso de Sánchez con Rufián excluye a la mitad de España.

-No me contesta si el PP cree que, si hay acuerdos en esa «mesa», deben votarlos todos los españoles o solo los catalanes.

-Es que esa mesa de negociación no está legitimada para decidir nada. Todo lo que se tenga que hacer se tiene que hablar en el Parlamento. Para eso están las comisiones. Para eso están los plenos. Hasta Ibarretxe cumplió con ese trámite: aprobó una proposición de ley en el Parlamento vasco pidiendo la independencia, luego vino a las Cortes a defenderla, y al ser rechazada, dimitió. Y al PNV no le ha ido mal desde entonces. La estrategia del independentismo es suicida porque nunca van a parar por dos razones, por supervivencia y porque, además, están muy divididos y esto aumenta su presión interna para ir más allá en su desafío. Bastaría con que Puigdemont decidiera volver a España para que todo saltara por los aires porque sería enjuiciado y, entonces, ¿dónde quedaría toda esta farsa? Estamos ante un proceso tremendamente frágil que no conduce más que al barranco de la soberanía nacional, de la unidad nacional y de la igualdad. Los juegos de trileros de Sánchez ya no se los cree nadie.

-Si la mejora de la financiación y de las competencias de Cataluña se produjera en el marco multilateral, dentro de los foros establecidos, ¿el PP ahí sí la apoyaría?

-Siempre y cuando todas las comunidades autónomas se vean también beneficiadas en el nuevo modelo. Nuestro ejemplo es el modelo del año 2002, con mayoría absoluta del PP, pero con apoyo del PSOE y de los principales partidos nacionalistas moderados. Y que incluía un factor de actualización que le hubiera permitido pervivir en el tiempo de no ser por los peajes que CiU y ERC impusieron a Rodríguez Zapatero.

-¿Más autogobierno para Cataluña tampoco lo apoyarán?

-El Estado ya no da más de sí en la descentralización. Cataluña tiene ya competencias en educación, sanidad, asuntos sociales, en muchas infraestructuras, en la administración de Justicia y en la recaudación de muchos tributos. No se puede avanzar más, no ya sólo por el modelo territorial, sino que es una cuestión de eficiencia en la prestación de servicios.

-¿Y entonces qué quiere hacer usted con Cataluña si llega a Moncloa?

-El problema son las listas de espera sanitarias, que van muy mal, el 16 por ciento del fracaso escolar o la marcha de 7.000 empresas por el procés. Dejemos los debates federales y hablemos a la gente, al comerciante que quiere vender sin que le impongan rotular en catalán, al joven que quiere quedarse en Cataluña o al médico que quiere ir a trabajar a Cataluña sin que le impongan la lengua. Y al ciudadano que no quiere poner la tele y que con sus impuestos le insulten. Hablemos a la Cataluña real.

-De eso llevan años hablando, ustedes han gobernado muchos años a nivel nacional, y el problema de esta «Cataluña real» sigue siendo el mismo.

-Mi propuesta es impulsar un plan de choque sobre aquello que a la gente le importa y garantizar la neutralidad del espacio público. Se acabó la imposición de la lengua, los lazos amarillos, la propaganda y la acción exterior.

Hay que reforzar el Estado prohibiendo indultos en delitos contra la Constitución, y creando los delitos de referéndum ilegal, rebelión impropia sin necesidad de violencia, y desobediencia contra las resoluciones del Tribunal Constitucional. Y en el plano económico hay que suprimir los 15 impuestos propios de Cataluña, suprimir donaciones, sucesiones y patrimonio y bajar el IRPF, que tiene un diferencial con Madrid o con Andalucía de 5 puntos.

Y así es como habrá más progreso y habrá más riqueza. Yo pongo de ejemplo la Cataluña de la Barcelona olímpica. Esa Cataluña era protagonista en España y también en Europa y en el mundo. Había de facto como una doble capitalidad en España, la administrativa, la histórica, la que jamás renunciaremos a ella, que es la de Madrid. Pero había una capital cultural, económica, turística, de la industria del motor, de la industria textil, de la industria asociada a las cuestiones gastronómicas, del deporte, que era Barcelona. Eso se lo ha cargado el procés.

-¿Su solución es más España en Cataluña y menos ir por libres?

-Creo que en estos momentos hace falta que haya políticas de competitividad que generen empleo, y con esa prosperidad dejaremos de hablar de cuestiones identitarias y de cuestiones que nos dividen. Porque todo esto surge cuando después de la crisis económica, financiera, Artur Mas se inventa un enemigo exterior, el de «España nos roba». Cuando hay prosperidad, cuando las cosas van bien, el debate identitario y victimista desaparece.

-La mitad de los votantes ha comprado en Cataluña ese «España nos roba». Y el PP no ha dejado de caer en cada proceso electoral con este discurso. ¿No le preocupa?

-Para poder avanzar lo primero que hay que tener claro es que la ley es lo básico, es lo que garantiza de verdad la concordia y la convivencia. Por tanto, hay que fortalecer el Estado y no perder de vista que la Generalitat ha sido un desastre gestionando, y el Gobierno de Sánchez, también. Y nuestra receta es defender la propiedad privada frente a la ocupación y la imposición de los precios del alquiler. O que en la función pública el idioma deje de ser un requisito que hace que los mejores profesionales no vengan a aportar nada a esta tierra maravillosa.

-¿No hay ni siquiera un problema político en Cataluña?

-El problema es, sobre todo, legal. Y que de forma artificial se ha creado una identidad para ocultar los problemas de gestión y representatividad que tienen algunos partidos, entre ellos, ahora el PSC. A un delincuente no se le puede decir yo le voy a dar algo si usted cumple la ley y respeta las instituciones. Primero, deben cumplir la ley, y luego, hay que mejorar muchas cosas, pero dentro de las instituciones.

-Mejoras, pero se entiende que sin romper el principio del «café para todos».

-Más que el café, el agua. Con seis millones de desempleados, con 125.000 muertos, que estemos hablando ahora mismo de banderas es una vergüenza. ¿Por qué Sánchez sólo da el beneficio de la negociación a los desleales? ¿Por qué negocia con Bildu, que es quien asesinaba y justificó el asesinato de 24 compañeros del PP, y no negocia con el partido de las víctimas? El pacto del Tinell, la exclusión, el cordón sanitario, sigue operando para el Partido Socialista. Y, además, saben que la alianza entre el socialismo, la izquierda radical y el nacionalismo es lo que equilibra su brutal pérdida de votos por el centro. Sánchez es el presidente más radical que ha ocupado la Presidencia del Gobierno y eso se ha visto en cuanto Iglesias abandonó el Gobierno. La agenda radical y extremista no era de Iglesias, es de Sánchez.

-En esta España sin grises, la izquierda le señala a usted precisamente por lo mismo, por «radical», y lo atribuyen a su competencia con Vox.

-Todo el mundo vio lo que dije el día de la moción de censura.

-También ven la coincidencia en mensajes o los acercamientos en comunidades autónomas como Madrid.

-El PP es un partido moderado y constitucionalista. Somos un partido no colectivista. No etiquetamos a la gente por su género, por su raza, por su ideología, por su orientación sexual, por su procedencia, por su acento o por su lengua. Somos el partido que ha fundado la Unión Europea y somos el partido de cuatro de los siete padres de la Constitución. Lecciones de libertad y democracia, ninguna. Y también somos el partido de la buena gestión y, cuando pintan bastos, la sociedad española siempre nos llama. El pragmatismo y la ideología, los principios y las soluciones, es lo que nos hace imbatibles. Y esto tiene que estar acompañado de una moderación que es compatible con la firmeza en la defensa de unos principios. ¿Cuáles son los socios del PP en los Gobiernos? Ciudadanos, y CC, UPN y Foro Asturias, en algunos casos. ¿Con quién gobierna Sánchez? Además de con Podemos, con la CUP, con ERC, con Compromís, con Bildu, con el BNG y con las Mareas.

-Como Aznar, ¿usted también «toma nota» de los empresarios y obispos que han apoyado el diálogo con ERC?

-Soy católico y practicante y no me siento representado por los obispos que sostienen que los indultos se pueden aceptar. Como dice la Iglesia, para el perdón hace falta examen de conciencia, arrepentimiento y propósito de enmienda, que es justo lo que no se da en este caso. Yo diría que al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. La Iglesia está mucho más preocupada por lo que está pasando con la eutanasia, con la educación concertada, con los comedores sociales y la gran crisis que estamos viviendo, que con lo que se hace con nueve personas que han dado un golpe a la legalidad en España. Respecto a los empresarios, los principales perjudicados del «procés» fueron ellos. Las 7.000 empresas que se han ido porque la independencia les arruinaba. Algunos están blanqueando la arbitrariedad jurídica y el incumplimiento de la ley cuando la realidad es que se conceden indultos sólo para seguir en el poder.

-¿Qué valoración hace de los buenos datos de empleo que se conocieron el viernes?

-Hay un millón de personas que trabajaba en el año 2019 y ahora no trabaja. Estamos viendo que sigue habiendo un erial de oportunidades entre parados en ERTES y autónomos en cese de actividad. Y ante esto pedimos que se apliquen las recetas correctas para un crash económico como el que sufrimos. Hay que bajar impuestos y fomentar la flexibilidad laboral, no derogar la reforma que creó dos millones de empleos. Hay que mejorar la competitividad educativa, no dejar pasar a los alumnos con asignaturas suspensas de curso, y hacer sostenibles las pensiones, no hacer demagogia que lleva a que las nuevas generaciones no cobren y se graven con impuestos las pensiones actuales. Este Gobierno es incapaz de gestionar, como se está viendo con unos datos que son los peores de Eurostat en destrucción de empleo o con el hecho de que el FMI diga que vamos a ser el país desarrollado que peor se recupera de una pandemia.

-La previsión de la mayoría de los economistas anuncia un fuerte crecimiento y rebote en los próximos meses. Pero escuchándole a usted, parece que se nos vienen encima las siete plagas. ¿No ve nada positivo en la evolución económica que se anuncia?

-Es muy positiva la campaña de vacunación gracias al abastecimiento de la Unión Europea y a la buena gestión de las comunidades autónomas.

-Pero incluso en este capítulo, hace nada lo que decían es que el Gobierno no iba a ser capaz de cumplir con el calendario de vacunación. Y en eso sí progresan adecuadamente, ¿le concede al menos esto a Sánchez?

-El Gobierno no ha hecho más que poner una pegatina y desaparecer. El rebote económico es gracias a la vacunación y la pandemia. Los fondos de reconstrucción europeos los impulsó el Partido Popular Europeo con Merkel, Von der Leyen y Lagarde a la cabeza. Y las recetas que propone el Gobierno de España van contra la línea general de todos los países. Nosotros defendemos bajadas de impuestos, como las que plantea Macron a costa de los fondos europeos, la mochila austriaca, como pide el gobernador del Banco de España, un plan de vivienda para los jóvenes, como defiende Draghi, porque reactiva el sector y que haya más emancipación y más natalidad. Y una educación gratuita de 0 a 3 años.

-¿Y por qué no lo hicieron cuando estaban en el Gobierno?

-Sí hicimos profundas reformas estructurales, y hay que avanzar por ese camino en vez de ajustarlo todo a planes keynesianos peronistas para repartir las ayudas. Y si venimos de un menos 11 por ciento de déficit y subimos un 6 por ciento, seguimos a un menos 5 por ciento. Que no nos vendan la moto.

-¿El PSOE puede contar al menos con su apoyo para las reformas que vengan impuestas de Europa?

-Hace un año que propuse en una rueda de prensa en Moncloa, después de reunirme con Sánchez, pactar un Plan Nacional de reformas, cumplir las recomendaciones del Consejo Europeo y hacer una agencia independiente para la gestión de los fondos europeos. Y la respuesta fue «no». Un año después, ¿no pretenderá Sánchez que el PP tenga que ayudarle a sacar las reformas cuando Bildu, Esquerra o Podemos le dejen tirado?

-¿Eso es un «no» a apoyar esas reformas que imponga la UE?

-A mí esta situación me recuerda mucho a mayo de 2010. Rajoy se pasó dos años ofreciéndole reformas a Zapatero, pero Zapatero no se movió de negar la crisis. Y después de la carta de Trichet, la llamada de Alemania y Washington, llamó a Rajoy, y éste le dijo, ahora ya no, porque llegamos tarde. Pues igual ahora, yo ya soy la alternativa.

-«El liderazgo de Madrid lo decidirán los militantes». Este pase de balón ya me lo conozco. ¿Pero a usted le gustaría que los militantes decidiesen que Ayuso fuese la presidenta del PP regional después de que en Génova presumen de que fue su «fichaje»?

-No puedo opinar sobre procesos electorales del partido porque no lo he hecho nunca. Yo no he oído nunca a Rajoy o a Aznar hablar de procesos electorales.

-No hablan, pero sí decidieron, como decide usted.

-Decidirán los militantes. En este tema sí puedo decir que todo el mundo conoce mi relación personal con Isabel Díaz Ayuso. Es conocida nuestra colaboración durante los últimos 17 años y mi apuesta por ella. Si se me permite, acertada, pero también fue arriesgada. Por ella y por José Luis Martínez Almeida. Los dos han demostrado que son unos políticos extraordinarios y muy buenos gestores.

-Si es su apuesta personal, ¿por qué da la sensación de que desde Génova se han puesto todas las piedras posibles para que no fuese la líder regional?

-Esto es un proceso abierto y nosotros no intervenimos. Tengo que decirle que me produce mucho orgullo ver que mi generación ya empieza a ser reconocida por su gestión. La gente quiere certidumbres y la gente quería un partido honesto, que rompiera con todos los casos de falta de ejemplaridad del pasado. Quería un partido con principios, que defendiera la familia, que defendiera la unidad nacional, que defendiera el liberalismo económico. Pero también quería un partido con una gestión acreditada en el momento presente. Y ya la empezamos a tener.

-¿Se había perdido, entiendo, en la etapa de Rajoy todo eso?

-Estamos orgullosos de nuestra gestión del pasado y estamos listos para gobernar y lo haremos, igual que en el 96, con gobiernos transversales en los que liberales, conservadores y democratacristianos se sientan identificados. E incluso socialdemócratas, que se sientan avergonzados del PSOE.

-¿Se ve liberado de las mochilas de corrupción de la generación anterior, pese a lo que está todavía desfilando por los tribunales?

-Mi proyecto se ha basado siempre en la ejemplaridad y el PP puede estar muy orgulloso de cómo ha gestionado. Llevamos seis meses preparando la Convención de octubre, en la que participarán 400 personas de la sociedad civil. Estamos nutriéndonos de ideas y metiendo leyes en el cajón. Cuando lleguemos al Gobierno, en cien días tendremos que desfibrilar este país. En el 96 presentamos hasta 10 Reales Decretos en los primeros cien días, y ahora tendremos que hacer lo mismo para evitar caer en otro rescate porque los fondos no sean suficientes.

-¿Derogarán todas las reformas sociales del Gobierno de coalición?

-Por supuesto. Haremos una ley de paliativos frente a la eutanasia, una ley de concordia frente a la doctrina de la Memoria Histórica, una ley de maternidad, que ya se está poniendo en marcha no sólo en la Comunidad de Madrid, también en Galicia, con ayudas a quien decide ser madre. Y siempre en positivo: yo quiero hablar a las mujeres que quieren ser madres y que tengan todos los recursos para hacerlo libremente. Quiero hablar a las familias que quieren elegir la educación, sin meterme en líos de porcentajes y dejando claro que la libertad es un fundamento básico. Quiero hablar a esa España constitucional, que no se reabra la historia y que se hable de concordia. Esto es lo que nos diferencia de la España en blanco y negro que pinta la izquierda.

-¿En su España se ve capaz de llegar a un acuerdo de gobierno con Vox para sostenerse en Moncloa?

-Creo que lo que pasó en Galicia o en Madrid, o lo que estoy convencido de que va a pasar en Andalucía, o lo que dicen las encuestas que está pasando en Castilla y León y en Murcia, puede pasar también a nivel nacional. Es decir, que el PP tenga una mayoría suficiente para gobernar o bien porque no haya alternativa a la izquierda o bien porque habremos conseguido por la base la reunificación del centro y la derecha en el Partido Popular.

-¿Asume el compromiso de que no gobernará en coalición con Vox?

-Es que yo no descarto nada para las próximas elecciones.

-¿No descarta una coalición con Abascal?

-No me refiero a eso. Quiero decir que yo defendí hace ya tres años en el Congreso que la próxima mayoría absoluta será para el PP. Ahora mismo las encuestas nos ponen 30 escaños por encima del PSOE, no estamos todavía en ese horizonte de mayoría absoluta, pero si llegamos a las elecciones con un proyecto amplio, ganador, ilusionante, de soluciones reales, no descarto que podamos tener un apoyo mayoritario de los que en su día votaron a Ciudadanos, a Vox y hasta a Sánchez. A Rajoy y a Aznar les votaron 2 millones de socialdemócratas en sus mayorías del 2000 y 2011.