La estabilidad de los gobiernos del PP en peligro por el órdago de Vox

Las consecuencias de la abstención a la declaración de Abascal como persona non grata preocupan en Génova

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«Consideramos que el PP, con su abstención y con las declaraciones de Vivas, ha roto relaciones con Vox, tomamos nota y damos las relaciones por rotas». No es la primera vez que el partido de Santiago Abascal apunta en esa dirección, sin más consecuencias después en la estabilidad de los gobiernos autonómicos que dependen externamente de su apoyo. Esta vez la razón es el acuerdo del pasado viernes de declarar a Santiago Abascal persona non grata en Ceuta, una declaración que se aprobó gracias a la abstención del PP. El popular, Juan Jesús Vivas, preside el Gobierno ceutí.

Génova ha intentado contener la crisis con un movimiento de medido desmarque de Vivas, que ante la opinión pública deja inevitablemente al presidente de Ceuta solo ante el peligro, aunque Madrid no le haya exigido, ni pueda hacerlo, que rectifique. De hecho, entre los barones más afectados por esta declaración de intenciones de ruptura creen que «ni siquiera esa rectificación sería ya la solución».

La salida de la dirección del PP para tratar de calmar a Vox ha sido diferenciar entre que una cosa es reprobar una acción política, con lo que sí están de acuerdo, y otra cosa es declarar a un dirigente (un líder nacional) persona non grata, lo cual dicen, que no comparten. La distinción es semántica y admite matices, ya que el acuerdo aprobado en el Parlamento ceutí responde a las acciones políticas de Vox y de Abascal durante la última crisis migratoria del pasado mes de mayo. El Gobierno de Rabat lanzó una oleada de inmigrantes a Ceuta para presionar en el conflicto del Sahara.

Génova rechaza esa declaración que tanto molesta a Vox, mientras que el partido que preside Vivas asegura que volvería a hacerlo porque sostienen que «Vox está utilizando la crisis migratoria para hacer política de partido, haciendo seguidismo de Marruecos para incendiar Ceuta y generando un problema de convivencia».

Ceuta es una plataforma política estupenda para Vox a nivel nacional porque es el espejo sobre el que multiplicar todo su discurso anti-inmigración, que vincula la delincuencia con los extranjeros no regularizados que vienen de países africanos, o que señala directamente a los menores no acompañados («menas») como responsables de violaciones y de robos.

El PP ceutí se abstuvo en la votación de la declaración de Abascal como persona non grata porque entiende que Vox, al tachar de quintacolumnistas de Marruecos a parte de la sociedad y los partidos locales, está dando pábulos a las tesis del país vecino cuando considera marroquíes a los musulmanes de Ceuta. El PP de Ceuta avaló la tesis de Madrid de oponerse a los cordones sanitarios, pero también subrayó que en un momento en el que se había puesto en jaque nuestra soberanía, en la oleada de migrantes que Rabat animó a entrar en la ciudad, y «en el que había que estar en beneficio de la causa», el presidente de Vox no lo hizo. «Dieron pie a la línea anexionista del país vecino, que considera marroquíes a los musulmanes de Ceuta».

Estabilidad en juego

El problema mayor está en Andalucía, que es donde en el PP creen que puede tener más repercusiones este terremoto. Hasta ahora el Gobierno andaluz estaba consiguiendo mantener la estabilidad de su coalición con Ciudadanos y de su relación con Vox, lo que le permite aprobar los Presupuestos y leyes básicas de su acción de gobierno. Que esto puede provocar líos en esta estabilidad andaluza ya lo dan por hecho en el Gobierno regional y también en otros ejecutivos autonómicos.

Pero, igualmente, también en el PP valoran la cuota de error que supone dejar solo a Juan Jesús Vivas en un asunto de Estado como es éste y ante un problema en el que hace falta responsabilidad, como se le reconoce al veterano político ceutí, y no demagogia partidista, como le reprochan a Abascal.

En ese sentido, dentro del PP defienden que Génova debe medir bien el coste de ceder en el pulso de Vox. Y que la alternativa es dejarles que asuman el coste de su órdago y decidan en qué concretan esa ruptura de relaciones. Para Vox, no apoyar las políticas de los gobiernos autonómicos del PP implica posicionarse del lado de la izquierda, una situación complicada porque tampoco su electorado comprendería esta actitud.

En este momento de la operación de refundación del centro derecha, en Génova restan importancia al hecho de que las encuestas no reflejen todavía un trasvase notable de votos de Vox hacia el PP, como sí está ocurriendo mayoritariamente en el caso de Ciudadanos. Dicen que eso se producirá cuando se acerquen las elecciones y el granero de Vox constate que la única alternativa para echar a Pedro Sánchez de La Moncloa es el PP. Los analistas demoscópicos tienen muchas más dudas sobre ese vuelco que pronostican los dirigentes populares.