Sánchez rebaja el optimismo del PP

Entre los populares se ve con prudencia el cambio de ciclo que dan las encuestas. Creen que los fondos de la UE darán aire al Gobierno

Los líderes del PSOE, Pedro Sánchez (i) y del PP, Pablo Casado, momentos antes de un debate
Los líderes del PSOE, Pedro Sánchez (i) y del PP, Pablo Casado, momentos antes de un debate FOTO: Juan Carlos Hidalgo EFE

El verano ha recortado el optimismo del PP por las encuestas electorales. Génova sigue vendiendo una confianza total, pero en las filas populares observan con más prudencia las expectativas de cambio que alientan los últimos sondeos. La razón es que llegan al arranque del nuevo curso político con la impresión, bien interiorizada, de que en los próximos meses tendrán que hacer frente a otro intento de “reinvención” del “sanchismo”, y, además, con la ayuda de la “gasolina” del dinero que llega de Europa.

Estas semanas de desconexión veraniega han asentado en las filas populares la idea de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha tomado conciencia de “todas sus debilidades”, tanto en la gestión como en la relación con la ciudadanía, y que, ante esto, ha activado ese proceso de “reinvención” del personaje que representa ante la opinión pública español para corregir la imagen distante, de “trilero”, dicen en el principal partido de la oposición. Por delante tiene dos años para comprobar si le sale bien o no esta operación, y, en política, en dos años las tendencias pueden alterar su dirección hasta varias veces.

Al PP le han llamado la atención algunas de las “señales” que han observado durante estas últimas semanas en el hacer de la estrategia “monclovita”, y de ahí deducen que en septiembre “Sánchez intentará inventarse otro Sánchez”. A su vez, en el partido de Pablo Casado también han revisado con sentido crítico su gestión de estas últimas semanas, especialmente por la crisis de Afganistán.

La crisis afgana

Aunque no lo digan en público, la mayoría reconoce que la crisis afgana le ha salido bien al Gobierno, y esta conclusión refuerza la idea de que deben tomar nota y modular mejor su oposición. Afganistán ha dado aire a Sánchez y ha reabierto en el PP el debate sobre los ritmos y el contenido de su marcaje al Ejecutivo durante los próximos meses, en los que, como advierten en el Comité de Dirección del partido, “habrá una evolución positiva de la economía y del empleo, aunque sea un espejismo que arrastre deuda y recortes a la larga”.

Afganistán y la política del Gobierno han avivado en el PP la reflexión sobre la necesidad de focalizar bien los temas en los que deben centrar la oposición, y la conveniencia, explican dentro del partido, de que haya excepciones, no sólo en cuestiones de Estado, para que a futuro “no acabemos siendo identificado con un partido cenizo y pesimista”.

“Queda mucho camino y esta crisis nos debe servir para aprender a medir las fuerzas y actuar con más serenidad”. En las filas populares no han pasado por alto, por ejemplo, las declaraciones de la ministra de Defensa, Margarita Robles, en las que este pasado viernes reprochaba a la dirección popular su “falta de sentido de Estado” por su posición en la crisis afgana. En Génova saben que en una parte de su potencial electorado estas declaraciones de Robles sí tienen “pegada”, y, por eso, creen que deben tomar nota del aviso para “lo que pueda venir en los próximos meses”.

El error de EEUU

“Afganistán es el gran error de Estados Unidos y de todo Occidente. Ahora tenemos que hacer un esfuerzo de solidaridad. Y acertamos no haciendo sangre con este tema ni con otras cuestiones como los incendios”.

En el PP han detectado también señales que apuntan a que Sánchez quiere buscar la foto con algunos de sus dirigentes. Y se malician que en este nuevo curso el jefe del Ejecutivo intentará “vender diálogo” y ser más cercano y empático con la calle. Conferencia de presidentes de Salamanca, Medalla de Oro en Galicia, foto con el presidente de la Junta de Andalucía, “y buscará seguro la foto con más de los nuestros, como Almeida”, resumen en la dirección popular.

En cualquier caso, aunque el balance del verano tenga luces y sombras, tanto para el Gobierno como para la oposición, Pedro Sánchez inaugura este curso con las mismas cargas que despidió el pasado: el reto de la gestión del tema catalán, el descontrol del precio de la luz y la tensión con los socios, cuando por delante tiene que afrontar negociaciones complicadas como la de los próximos Presupuestos o las que afectan a reformas exigidas por Bruselas. La más inmediata, la segunda parte de la reforma de las pensiones.

La evolución económica

El próximo trimestre estará muy sujeto a la evolución económica. Y a la vez que el Gobierno saca punta a su campaña de publicidad, en el principal partido de la oposición sigue abierta la reflexión sobre la necesidad de que Pablo Casado se rodee de más gente de prestigio y relevancia social, especialmente en ese ámbito económico.

Las necesidades de la oposición del PP no coinciden con las de la patronal ni con las de la élite económica, y, de hecho, hay distanciamiento y a Génova le faltan mejores correas de conexión. La explicación que dan en la dirección del PP es que el poder económica tiene que llevarse bien con el poder político para “recibir las prebendas”, y que “ellos van por libre porque están para defender los intereses de la calle y no de los empresarios”.

Pero éste es el mismo discurso que haría el PSOE en la oposición, y desde el PP más veterano sí que hacen hincapié en que “Casado debe tener más peso y buscar más complicidades”.