Así vive el asesino Parot: limpia celdas y reparte comida

El jefe del “comando Argala” es uno de los etarras más sanguinarios y no se ha arrepentido tras llevar 31 años en la cárcel

Fotos de archivo del etarra Henri Parot
Fotos de archivo del etarra Henri ParotEfe

De ser el etarra duro entre los duros, de formar parte del “arma secreta” de la banda, a ser un dócil recluso, que colabora en las labores de la cárcel, hasta sirve la comida a sus compañeros. Pura fachada. A Henri Parot, el jefe del “comando Argala”, integrado por súbditos franceses, no le gusta España nada más que, según se deduce de su historial criminal, visitarla para cometer atentados. Prueba de ello es que en su día solicitó cumplir su condena en una cárcel gala, lo que, lógicamente, se le denegó. Llevó el asunto hasta la Justicia europea y perdió el caso. Ahora, en el centro leonés de Mansilla de las Mulas va de “buen chico”.

El Ministerio del Interior le ha hecho un gran favor, a medias de momento, al trasladarle a esa cárcel desde la del Puerto de Santa María. Una de las grandes preocupaciones de este individuo era la de tener que recorrer toda la geografía nacional hasta llegar a su país natal. Siempre, desde el momento mismo de su detención, ha temido que alguien reaccionara y le diera muerte, porque debe pensar que los demás seres humanos son como él. Para cuando cumpla condena, allá por el 2029, seguro que, al paso que vamos, ya estará en una cárcel del País Vasco, si es que aún permanece en prisión.

Según han informado a LA RAZÓN fuentes penitenciarias, su comportamiento en Mansilla de las Mulas es absolutamente correcto, al menos hasta el momento. Dispone de una celda individual en el módulo 7 (de respeto). Es un módulo mixto (hombres y mujeres).

Entrar en ese régimen es voluntario y requiere el compromiso firme del recluso de guardar un buen comportamiento, colaborar con los otros internos, cumplimiento de las reglas y realizar tareas comunes, como repartir la comida o tareas de limpieza.

Cómo han cambiado las cosas desde que el Gobierno decidió conceder beneficios a los presors etarras, acercarlos progresivamente al País Vasco y transferir las competencias en materia penitenciaria al Gobierno de Vitoria. De mandar cartas en, tal y como publicó LA RAZÓN en su edición de ayer, en las que proponía nuevos atentados a barrer los pasillos.

En efecto, el 1 de junio de 2001 envió una misiva a la “dirección” de ETA en la que les hacía saber “la necesidad de materializar acciones terroristas concretas con el fin de socavar la voluntad del gobierno español”, además de ofrecer un plan para facilitar su huida y reiniciar directamente la actividad criminal.

Otra vez mala suerte, como cuando cayó en un control de la Guardia Civil en la localidad sevillana de Santiponce y fue detenido. La carta fue intervenida el 16 de septiembre de 2002 a los cabecillas del “Aparato militarJuan Antonio Olarra y Ainhoa Múgica, en la vivienda que ocupaban en Bergerac (Francia). La pena que cumplía Parot se alargó en 11 años. Eso es de lo que protestaban el sábado los proetarras. Por lo visto, proponer atentados debe salirle gratis al que lo hace.

Fue en junio de 2015, cuando solicitó poder cumplir su condena en Francia, lo que le fue denegado por la Audiencia Nacional en diciembre de 2016. Con posterioridad, la decisión fue ratificada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos con fecha 31 de mayo de 2018.

Capaz de negar a su hermano

Parot, que ahora muestra su “piel de cordero”, era un tipo que era capaz de negar hasta a su propio hermano, Jean, que llegó a formar parte del “comando Argala” o “francés” entre 1978 y 1987. El entonces responsable de la célula, Francisco Múgica, “Pakito”, le hizo ver que podía ser un confidente policial ya que le relacionó con el descubrimiento de un depósito de armas y explosivos en una casa de Anglet, en Francia, en diciembre de 1999. Ni le defendió.

Tuvo otros jefes dentro de ETA, de los que hablaba bien o mal. Admiraba al fundador del “comando”, Domingo Iturbe Abásolo”, “Txomin”; al igual que a su segundo jefe, Juan Lorenzo Lasa, “Txikierdi”, del que decía que “era mucho más responsable” en lo que a clandestinidad se refería. De José Luis Arrieta, “Azkoiti”, señalaba que “muy simpático, pero poco formal, porque llegaba tarde a las citas”; y de “Pakito”, no dijo ni mu, porque era del que dependía cuando lo detuvieron y no era cuestión de enfadarle cuando le esperaban largos años de prisión, en los que es mejor llevarse bien con la “dirección”.

De disparar a barrer pasillos

Los instructores para el manejo de todo tipo de armas y artefactos explosivos fueron Isidro Garalde, “Mamarru”; y José Arregui, “Fiti”, que les enseñaron a tirar con pistola y metralleta; activación de trampas; coches bombas, lanzamiento de granadas, etcétera.

Lo que son las cosas, de disparar con metralleta a barrer pasillos y limpiar celdas; y, además, siendo un recluso ejemplar para seguir recibiendo beneficios penitenciarios. Y homenajes de los proetarras.