El cabecilla detenido en Colombia estaba detrás del “narcosubmarino” descubierto en Galicia en 2019

“Otoniel”, que dirigía el Clan del Golfo, hacía uno o dos envíos al año a Europa y después hundía las embarcaciones

El cabecilla colombiano Dairo Antonio Úsuga David, alias “Otoniel”, detenido por las Fuerzas Armadas de ese país, estaba vinculado al “narcosubmarino” que fue descubierto por la Policía en las costas gallegas en noviembre de 2019. Según han informado a LA RAZÓN fuentes de la investigación, este individuo “controlaba” el 80 por ciento de la cocaína que entraba en Europa y está detrás del envío de 5.200 kg de esta sustancia aprehendidos por la Policía en un velero la semana pasada, la mayor cantidad de droga incautada en una embarcación de este tipo.

“Otoniel” era el jefe del peligroso Clan del Golfo que organizaba los viajes de los narcosubmarinos, uno o dos al año, muchos de los cuales reposan en un “cementerio” cerca de Canarias, después de ser hundidos tras pasar la droga a otras embarcaciones, tal y como publicó LA RAZÓN.

Cuando la Policía realizó la operación en 2019, se constató que los organizadores del viaje formaban parte de «un complejo delincuencial» de la más alta peligrosidad y con unas grandes posibilidades económicas para mover voluntades y dotarse de nuevos medios técnicos con los que transportar la droga, como el citado sumergible.

Este tipo de embarcaciones se construyeron en un principio en el departamento colombiano de Tolima (se hacían llegar al mar a través del río Magdalena) y en Panamá. Pero los planes fracasaron por la vigilancia que tanto las autoridades de Bogotá como las estadounidenses pusieron en marcha para detectar estos ingenios. Las unidades militares colombianas han llegado a reunir en un «museo» una veintena de estos ingenios que fueron interceptados.

Los narcos pusieron entonces sus ojos en el Atlántico y aquí aparece “Otoniel”, un siniestro personaje que ha pasado por todas las bandas terroristas y delictivas de Colombia, para ponerse al frente del proyecto. Ha formado parte del Ejército Popular de Liberación (EPL), de las FARC y del grupo paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). En la actualidad era el máximo cabecilla del Clan del Golfo, jefatura en la que sucedió en 2012, tras la muerte de forma violenta, a su hermano Juan de Dios Úsuga, alias «Giovanny».

«Otoniel» y los suyos se pusieron en marcha para montar una infraestructura que permitiera, en zonas selváticas inaccesibles, la construcción de los sumergibles. Escogieron la Guayana y Surinam. Buscaron a los «ingenieros» necesarios para proyectar y dirigir el ensamblaje, en fibra de vidrio, de las naves. No les resultó muy complicado, ya que muy pronto tenían en plantilla a varios técnicos rusos, que habían servido en la antigua Unión Soviética y de nacionalidad colombiana, que habían pertenecido a la Marina.

Los sumergibles que utilizaban en el Pacífico no servían. Hacían falta unos más grandes, de unos 20 metros de eslora, con un motor de 2.000 caballos, capaces de transportar hasta 6.000 kilos de cocaína y hacer la travesía en unos 25 días, a una velocidad de ocho nudos. La tripulación está formada por tres o cuatro individuos, uno de los cuales es el encargado de custodiar la droga y otro el «capitán».

“Otoniel” y su “ejército”

“Otoniel” seleccionó entre los suyos, un auténtico «ejército», a los que consideraba más aptos para el trabajo y los ingenieros les impartieron unos cursillos sobre navegación, orientación en el mar, prevenciones para no morir envenenados por las emanaciones de la cocaína y del combustible, etcétera. Además, se les explicó el funcionamiento de los teléfonos satelitales y radios, que debían de utilizar con claves previamente establecidas y hablar con un lenguaje convenido que no pudiera ser entendido por las Fuerzas de Seguridad.

Asimismo, se les indicó que antes de cada travesía se les darían unas coordenadas a las que debían dirigirse y esperar la llegada de otra embarcación, a la que transportarían la droga y a la que se incorporarían ellos mismos, una vez establecidos los mecanismos para hundir el sumergible.

Por el precio que cuesta fabricar uno de estos ingenios, entre un millón y medio y dos millones de euros, no merece la pena hacer un viaje de regreso, ya que las ganancias con la venta de la cocaína cubren de sobra la «pérdida de material». No tardaron en ser «botados» los primeros y el plan funcionó. Los destinos iniciales eran zonas marítimas de las Islas Canarias, Azores y África. Todo iba a la perfección, aunque a la Policía Nacional española le llamó la atención que algunas de las tripulaciones que salían a la mar hasta el punto de encuentro, a la vuelta, una vez interceptadas, habían crecido en número.

Laureano Oubiña, uno de los narcos más famosos, cuenta en su libro “’Toda la verdad’, que el citado “cementerio” de narcosubmarinos existe y que la ruta América-Canarias-Europa es una de las utilizadas para traer la cocaína. «Los narcos colombianos y algunos de por aquí llevan más de 20 años utilizando narcosubmarinos para transportar cocaína desde Suramérica hasta las costas de Europa y África». Este método fue impulsado por exmilitares soviéticos refugiados en Holanda. «En 1998 un contacto holandés me presentó a dos de estos oficiales de la armada soviética, que contribuyeron a poner en marcha los envíos con submarinos». Primero usaron embarcaciones soviéticas, pero hubo que construir nuevas.