El Gobierno asume que estos serán los últimos Presupuestos de la legislatura

Se prepara el recrudecimiento de la tensión con sus socios y se conciencia para aguantar hasta 2023

Pedro Sánchez y la vicepresidenta primera, Nadia Calviño en la cumbre del G-20 en Roma
Pedro Sánchez y la vicepresidenta primera, Nadia Calviño en la cumbre del G-20 en Roma FOTO: Pool Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa Pool Moncloa/Borja Puig de la Be

Lo que ocurrió el pasado viernes es solo un aperitivo, un anticipo del giro que ya se vislumbra a futuro en Moncloa en la relación del Gobierno con sus socios dentro y fuera de la coalición. Si algo tienen en común las tensiones por la reforma laboral con Unidas Podemos o con ERC y el PNV por los Presupuestos es que todos los actores buscan marcar perfil y rentabilizar su posición de sostén de Pedro Sánchez. Un Ejecutivo con una débil mayoría parlamentaria que capea los temporales diarios a golpe de cesión, con la vocación de aguantar hasta el final de la legislatura.

Un horizonte, el de 2023, que sobre el calendario aún se antoja lejano, pero que podría parecer inminente, si nos atenemos a la tensión electoral que destilan sus principales protagonistas políticos. En el Ejecutivo existe «satisfacción» por haber encarrilado la aprobación de las cuentas, una vez que ERC y el PNV desistieron de presentar enmiendas a la totalidad. Nunca hubo sensación real de perder la partida presupuestaria, aunque las horas finales de negociación fueron duras. Una presión, que en Moncloa asumen que se irá elevando a medida que pasen los meses y que los embates serán cada vez más fuertes.

Fuentes socialistas explican que estos probablemente serán los últimos Presupuestos de la legislatura. Al menos con ese escenario se ha trabajado. En 2022 con el ciclo electoral ya abierto en Andalucía –quizá también en la Comunidad Valenciana– y con las generales a la vuelta de la esquina se espera un paulatino, si no abrupto, distanciamiento de los apoyos con que cuenta actualmente el Ejecutivo. También Pedro Sánchez buscará marcar distancias con los independentistas de ERC, que ahora le sostienen, si quiere materializar ese giro al centro que ya se atisbó en su discurso de cierre del 40º Congreso del PSOE, abrazando la socialdemocracia. Los socialistas son conscientes de que no tienen opciones de crecer por su izquierda, donde esperan que el «frente amplio» de Yolanda Díaz surta efecto y sirva para ensamblar todas las sensibilidades. De este modo, se enfocan en ganar espacio a su derecha, utilizando como principal baza la recuperación económica y el discurso de la moderación.

Este discurso ya se aprecia en la forma de abordar, por ejemplo, la reforma laboral. El PSOE evita pronunciar la palabra «derogar» que capitalizaba su vocabulario en todo lo relativo a las leyes y reformas del PP cuando llegaron a la Moncloa. Ahora, sin embargo, se apuesta por otros marcos conceptuales como la «modernización de nuestras relaciones laborales». Esto contrasta con la radicalidad de los postulados de Podemos que, mientras abogan por una derogación total de la reforma laboral, el presidente del Gobierno la limita a que «algunas de las cosas que se hicieron mal en 2012 se reconstruyan». En estos términos se manifestó en declaraciones ante la prensa ayer en Roma, al cierre de la cumbre del G-20. Otro de los aspectos que caracterizan su posición es que Sánchez no está dispuesto a cerrar el nuevo marco laboral sin contar con la connivencia de los empresarios.

La otra pata sobre la que Sánchez quiere construir su lanzadera a 2023 es la recuperación económica. Una pata que, de momento, cojea por una ralentización inesperada, si nos atenemos al optimismo de las previsiones del Gobierno. El presidente fía sus opciones de revalidar el poder a demostrar a los españoles que desde una perspectiva de izquierdas –la «recuperación justa»– se puede gestionar una salida satisfactoria a la crisis económica. Cómo de ambiciosa sea esa salida también supondrá un punto de fricción con sus socios de Podemos, que presionan para que el lema de «no dejar a nadie atrás» se materialice con reformas que, en ocasiones, chocan con lo que defiende el PSOE.

En este punto, los socialista anticipan que, a partir del año que viene, los morados recrudecerán el discurso y serán «más beligerantes» ante la necesidad de marcar perfil y no verse eclipsados por el socio mayoritario. Preocupa, en este sentido, que aumenten las tensiones que ya palpitan en el partid morado, por la reorganización en torno a la figura de Yolanda Díaz, y que han quedado de manifiesto esta semana con la ofensiva contra Meritxell Batet o la reforma laboral. Con todo, en Moncloa se preparan ya para contener la ofensiva que anticipan de sus socios, que extremará la debilidad del Gabinete al hacer flaquear también los apoyos que lo sostienen externamente.