Opinión

El futuro: ni partido ni gobierno

Josep Ramón Bosh

Las elecciones generales serán el 7 de enero de 2024, interpretando que la legislatura se inició cuando se formó gobierno, en enero de 2020, y no cuando se constituyeron las Cortes. Salvo un imprevisto adelanto electoral, el PP dispone de tiempo y talento para preparar el asalto a la Moncloa y desalojar al gobierno social populista. Tras la victoria arrolladora de Isabel Díaz Ayuso en Madrid, se avecinan elecciones en Andalucía que, con alta probabilidad, significarán un nuevo triunfo popular. Chimo Puig en la Comunidad valenciana, deshoja la margarita electoral y observa con preocupación como el color azul teñirá el levante hispano. Con gobiernos populares fuertes en Castilla-León, Murcia, Galicia, renovados liderazgos en Baleares, Aragón y Cantabria y en vías de cambios en el resto de comunidades –salvo las asignaturas pendientes de País Vasco y Cataluña–, el PP debería afrontar el próximo año y medio con la vista puesta en las elecciones municipales y autonómicas de mayo 2023.

El 21 de julio de 2018 Pablo Casado accedió al liderazgo del PP, tras ganar unas disputadas elecciones primarias. El partido alfa de la derecha española se renovaba generacionalmente y competía en juventud e ilusión con Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias. La nueva dirección popular se conjuraba para pasar página del enfrentamiento interno entre Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría, con un Casado de invitado e inesperado vencedor. El mensaje de la unidad fue uno de los principales compromisos que adquirió el flamante presidente, en su discurso tras el XIX Congreso del partido: «El PP ha vuelto. Ya no vamos a gastar ni un minuto más en hablar de nosotros. Tenemos que volver a hablarles a los españoles, a decirles que estamos aquí, que estamos dispuestos otra vez a liderar esta sociedad y que lo vamos a hacer unidos. Yo me comprometí con todos los candidatos, y en especial con Soraya, a que este nuevo equipo tenemos que hacerlo conjuntamente. Que la integración claro que es posible».

Sin embargo, transcurridos tres años de liderazgo de Casado, el PP sigue gastando tiempo y minutos en disputas y tensiones internas, generando un insoportable ruido mediático en plena pugna por el liderazgo del PP de Madrid. La noticia de que Isabel Díaz Ayuso ha bloqueado en su WhatsApp al secretario general del partido, Teodoro García Egea y a otras cinco personas del Comité de Dirección y Ejecutivo de Madrid, provocan desazón, malestar e inquietud entre una masa creciente de votantes hastiados de luchas partidistas. Mientras la preocupación de los españoles se concentra en el imparable incremento del precio de la luz, la velada amenaza sobre el futuro de las pensiones y una reforma laboral a la medida de Podemos; el principal partido de la oposición está en plena guerra civil.

La batalla del PP en Madrid es difícil de entender, en un momento en que todas las encuestas señalan que la derrota del gobierno de Pedro Sánchez no es una quimera, y que Pablo Casado tendría serias opciones de presidir el Gobierno de España. La inusual disputa sobre la celebración del Congreso regional de Madrid, al que Ayuso aspira a presidir, de forma legítima y con toda la autoridad moral tras su abrumadora victoria electoral y su incontestable liderazgo popular, es el punto crucial de una batalla que puede llevar al traste las aspiraciones presidenciales del principal partido de la oposición.

Ayuso y Casado deberían cerrar cuanto antes la polémica sobre la fecha de celebración del congreso madrileño, y evitar el daño mediático, que sólo beneficia a sus rivales políticos. Mientras Vox mira con satisfacción esta batalla cainita, Pedro Sánchez cuenta con la presidencia del Consejo de Europa en el segundo semestre del próximo año 2023 y el maná de los fondos europeos para revertir las encuestas.

Uno de los portavoces populares resumía la situación kafkiana que viven los de Génova, «Como sigamos así, ni partido ni Gobierno». Avisados están.