Opinión

Por unos socios demócratas

La esencia del sanchismo es articular un discurso y una acción políticas encaminadas solo a mantener y aumentar el poder de Sánchez

Jorge Vilches

La Academia define «reto» en su quinta acepción como un objetivo difícil y estimulante. La posibilidad de que Sánchez consiga cambiar de socios este año 2022 no es complicada, sino imposible a no ser que haya un cataclismo.

El PSOE ha establecido su estrategia en torno a la construcción de un nuevo sistema de poder de abajo arriba, desde los municipios hasta Moncloa. Este esquema se basa en tomar como socios a los enemigos del PP y de lo que representa: la monarquía parlamentaria y la democracia liberal garantizada en la Constitución de 1978. Esta decisión asegura al PSOE mayorías parlamentarias en todos los niveles representativos, de tal guisa que el PP solo puede gobernar si obtiene mayoría absoluta o pacta con Vox. Olvídense de Cs porque va a dejar de existir este 2022.

. Sobra cualquier otro matiz. Si en alguna ocasión el PSOE pide al PP algún tipo de acercamiento, como la renovación del CGPJ o la reforma laboral, es para asentar el Gobierno de Sánchez. Nada más. El pilar de ese proyecto es la alianza con los rupturistas; es decir, con los comunistas de PodLa esencia del sanchismo es articular un discurso y una acción políticas encaminadas solo a mantener y aumentar el poder de Sánchezemos y los partidos independentistas, incluidos los golpistas, y los herederos y justificadores de ETA. La situación es tan práctica, e inmoral, que el PSOE puede ahora pactar indistintamente en el País Vasco con el PNV y con Bildu.

El problema es la repercusión de las ambiciones de Sánchez en las urnas. Las encuestas serias dicen que el PSOE lleva dos años bajando gota a gota. No cae de golpe porque el voto socialista es sentimental, dogmático, de feligrés, y su motor es el repudio a la derecha. Para detener esta sangría hace tiempo llevó a cabo una purga. Eliminó a todos los que se habían sacrificado por él y estaban amortizados, incluido Iván Redondo, y nombró un Gobierno de perfil amable. A esto sumó un giro: debía parecer un patriota español y un socialdemócrata a la europea.

Vano empeño. Su socia podemita le tomó la delantera. Yolanda Díaz, con una campaña de propaganda muy intensa, adelantó a Sánchez y se apropió del espíritu socialdemócrata. Habló de «nuevo laborismo» y derechos sociales, y se plantó con un acuerdo entre los sindicatos de siempre y la patronal mayoritaria, a disgusto del PP y los nacionalistas.

Díaz ocupó el papel de Sánchez, al que solo le quedaba parecer un «españolazo». Hete aquí que el Gobierno de Cataluña se negó a aplicar la sentencia del 25 por ciento de español en las aulas. Hubo un acoso fascistoide a una familia en Canet y el caso abrió los informativos. Qué gran ocasión para mostrar ese patriotismo constitucional y el amor a lo español. La respuesta gubernamental fue el silencio. Sánchez se desentendió de la defensa de los derechos recogidos en la Constitución referidos al uso y conocimiento del idioma de todos.

El Presidente ha fallado en su reto de 2021 de darse un nuevo perfil: ni socialdemócrata ni patriota. Solo tiene una solución para este 2022, y pasa por el cambio de socios, por el adiós a los rupturistas, convirtiendo el sanchismo en una versión decente del socialismo europeo.

La encuesta de NC Report para LA RAZÓN, publicada el pasado 7 de enero, lo dice claramente: el 60% de los españoles piensa que Sánchez depende en exceso de los independentistas y un 67% que debe buscar otros socios. Con ese porcentaje es muy difícil ganar unas elecciones generales, o vencer en ciertas autonomías como Castilla y León, Madrid, Andalucía, Castilla-La Mancha, Murcia y otras.

El presidente está atrapado por el sanchismo, que debe reinventarse para sobrevivir a esta legislatura. No está de más recordar que en política todo es efímero, y que los ídolos de hoy son el barro de mañana.