Debate en el PP por el recelo al acuerdo con Vox en Castilla y León

El freno en los sondeos agita la preocupación por la futura relación con Abascal. Necesita margen suficiente para imponer un Gobierno en solitario

El líder del PP, Pablo Casado, durante una reciente visita que hizo a una empresa agrícola de Palencia
El líder del PP, Pablo Casado, durante una reciente visita que hizo a una empresa agrícola de Palencia FOTO: Almudena Álvarez EFE

Las últimas encuestas que manejan en el PP moderan su tendencia al alza en Castilla y León. En la mesa de estrategia de campaña las han asumido ya como un aviso, que les lleva también a valorar cómo gestionar la relación con Vox después del 13F. La explicación que dan en la cúpula popular a este estancamiento, que habrá que ver si es coyuntural, y que no altera su previsión de ser la lista más votada, está en la sensación que se instala en su electorado de que el PSOE no es rival, la confianza lleva a la desmovilización y esto frena también el empuje con el que el PP arrancó la precampaña de estas autonómicas. Vox, sin embargo, resiste en las estimaciones internas.

En la última semana ha cambiado, además, el eje discursivo de la política nacional. Al PP le venía bien la polémica sobre la ganadería extensiva, que también ha hecho entrar en campaña a Izquierda Unida. La crisis de Ucrania no condiciona el voto en Castilla y León, en absoluto, pero sí limita el espacio para la expectativa de una campaña de perfil nacional y con el foco puesto en la colisión con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Génova está segura de que no se juega en estas elecciones su continuidad en el Gobierno autonómico. Y todas las encuestas así lo confirman. Pero sí se juega la diferencia que le saca a Vox y el margen que tiene para imponer un Gobierno en solitario, aunque el partido de Santiago Abascal ya haya optado en su estrategia de campaña por confirmar de manera preventiva que con los procuradores que consiga en las Cortes de Castilla y León exigirá la entrada en el futuro Gobierno autonómico.

Oficialmente se ha generado la sensación de que estas elecciones son una continuidad de las autonómicas de Madrid, con el mismo resultado, es decir, una mayoría lo suficientemente amplia como para liberarse de apoyos externos e internos y gobernar en solitario. Y ya antes de manejar las últimas encuestas en el partido había voces que venían advirtiendo en clave interna sobre la necesidad de rebajar esas expectativas respecto al resultado electoral para que luego no empequeñezcan la victoria. También hay debate sobre la conveniencia de empezar a ajustar el discurso al escenario de que Vox sea un partido necesario para entrar en el Gobierno y con el que se puedan llegar a acuerdos, como en su día se hizo con Ciudadanos.

El mensaje con el que el PP se presenta en esta campaña se sostiene en la idea de que su objetivo es ser la fuerza más votada para que haya estabilidad y poder gobernar en solitario. Pero esa manifiesta resistencia a aceptar el entendimiento con Vox, como sí han hecho con Cs, abre debate dentro de la organización popular. Por ejemplo, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha normalizado, a diferencia de otros barones, la necesidad de ese entendimiento con Vox, y así lo expresa sin tapujos, como ayer hizo en una entrevista con Carlos Alsina en Onda Cero. Ayuso habla con espontaneidad, y sin ajustarse a argumentarios de partido, sobre los puntos en común de su formación con Vox, así como sobre sus diferencias, pero sin disfrazar que son sus socios preferentes y que como tales tiene que tratarlos.

Ante el cambio de estrategia de Vox, paso que han dado antes de que arranque este viernes la campaña en Castilla y León, la pregunta que se hacen dentro del PP es si no se les habrá quedado vieja la estrategia y tendrían que ir acompasándola a los nuevos tiempos.

En paralelo, a dos días de que se ponga en marcha el contador de la campaña, el PSOE cree que su resultado no va a ser tan malo como se esperaba y que podrán salir en la noche electoral a decir que han mantenido una posición digna, después de haber sido la lista más votada en las últimas autonómicas. Su éxito o fracaso, en la medida en que dan por perdida la posibilidad de tener una mayoría alternativa a la del centroderecha, residirá en la diferencia que haya entre PP y Vox y en si hay una alianza de gobierno entre estos dos partidos. Un acuerdo que el electorado del PP ha normalizado mucho más que algunos de los dirigentes populares, y que más que provocar rechazo, en general, entre sus bases, aunque haya diferencias importantes en el perfil de sus votantes en algunas comunidades, lo que temen es que pueda ser utilizado como factor de movilización por parte de la izquierda en un momento en el que los suyos están mucho más desmotivados que los votantes de la derecha.