Casado defiende en la UE su compromiso contra Vox

El todavía líder del PP golpea a Feijóo en la UE. El poder territorial se arrepiente de haberle dejado viajar

El pacto con Vox en Castilla y León sirvió ayer de excusa a Pablo Casado para golpear al presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, y a su partido en un viaje de despedida al Parlamento Europeo. Su estancia en Génova hasta el Congreso extraordinario de abril, contra el criterio de buena parte del poder territorial, consiguió garantizársela con el compromiso ante los «barones» de actuar siempre hasta el cónclave como «reina madre». Pero ayer no lo hizo, se sacudió su herencia y apuntó contra su partido por pactar con Vox en Castilla y León. Al desconcierto que provocó este movimiento dentro del PP le siguió después el reproche por su «deslealtad», y la advertencia de las consecuencias a futuro de esta actitud.

Los «barones» no han dejado de temer que Casado y su secretario general, Teodoro García Egea, maniobrasen por debajo contra su golpe en la mesa para apartar a la actual dirección y forzar un congreso extraordinario.

Casado viajó solo, sin Prensa, al Parlamento Europeo, justo en el mismo día en el que se hacía oficial el acuerdo de gobierno con Vox en Castilla y León. Y según explicó el presidente del Partido Popular Europeo en la Eurocámara, Manfred Weber, en la reunión en la que se despidió de sus compañeros Casado sacó pecho por no haber pactado nunca con Vox y también vino a decir que le habían echado de su partido por perseguir la presunta corrupción de Isabel Díaz Ayuso. En concreto, subrayó que siempre había sido muy claro en el sentido de que no estaba a favor de cooperar con Vox; y que siempre había sido muy claro también, desde que empezó a ser líder del PP, sobre su compromiso contra la corrupción y su voluntad de limpiar el PP.

El golpe a Feijóo tuvo una resonancia mayor por las declaraciones del propio líder de los populares europeos, que llegó a calificar de «capitulación» el acuerdo de coalición con Vox y dio también a entender que era una traición al compromiso de Casado de que esto no iba a producirse.

Luego, vista la polémica que se estaba generando en España, intentó rectificar en twitter: «No necesitamos lecciones de un presidente del Gobierno que gobierna con la extrema izquierda y los separatistas. El PP @populares es la alternativa creíble a la izquierda en España. @FeijooGalicia tiene todo nuestro apoyo». Nadie quiere mancharse en el PP con el pacto de gobierno en Castilla y León. Casado se lo sacude de encima, y es verdad que tras las elecciones adelantadas sobre su fecha, desde su equipo fijaron como posición teórica que estaban dispuestos a perder el gobierno regional antes que gobernar con Vox porque consideraban que era un lastre de cara a La Moncloa.

Tampoco Feijóo se hizo responsable de esta decisión, que situó en la esfera de la autonomía de Mañueco, para dejar claro que cuando él llegue a la Presidencia del partido empezará una nueva etapa.

Pero los hechos son los que son. Casado metió a Vox en el Gobierno de Murcia, por ejemplo, y su herencia deja al partido de Santiago Abascal al alza, y un resultado electoral en Castilla y León que no dejaba más alternativa al PP que este acuerdo de coalición si querian mantener el gobierno sin ir a unas nuevas elecciones, donde probablemente Vox habría crecido más que ellos.

El resultado en Castilla y León fue consecuencia de la estrategia de Casado, y hasta de su apuesta por invadir una campaña autonómica, lo que penalizó al partido, como fueron poniendo en evidencia los estudios de campo.

De la misma manera que Mañueco aceleró ayer el acuerdo de gobierno con Vox, asumiendo sus exigencias en el reparto de la cuota de poder, porque la primera decisión del nuevo equipo, todavía no formalizado al frente de la dirección del partido, ha sido resolver cuanto antes este problema para desvincular formalmente todo lo posible a Feijóo de esta coalición.

Mañueco cede para salvar el gobierno autonómico, porque Vox no iba a moverse un milímetro, y para salvar también a Feijóo, en la medida de lo posible, del coste de este pacto.

Los barones que ahora tutelan el partido son los máximos representantes del ala moderada del PP y han manifestado en público y en privado su rechazo a acercarse a Vox. De hecho, pararon los pies a Casado en sus primeras maniobras de aproximación, y siempres se han mostrado muy firmes en este aspecto.

Pero se impone el pragmatismo, con la vista puesta en conseguir que las elecciones andaluzas sirvan para tapar este borrón. Feijóo y el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, irán «a una» para intentar que el PP no dependa en el futuro gobierno andaluz de Vox y pueda sostenerse con Ciudadanos. Las encuestas no apuntan en esa dirección, pero éste será el gran reto de Feijóo en la nueva etapa que abrirá el PP en abril.

Para ello, la estrategia apunta a buscar un liderazgo de gestión y constructivo, pero para poder ejecutarlo necesitará del concurso de Pedro Sánchez. De momento, ayer el PSOE salió en tromba a lamentarse de las terribles consecuencias del pacto con Vox, que podrían haber evitado de abstenerse en la votación de la investidura de Mañueco.

Desde el entorno de Sánchez sostienen que su disposición al diálogo con Feijóo se mantiene, pese a esta coalición, pero habrá que verlo con las decisiones futuras. «El PP pagará caro abrir la puerta a la ultraderecha», fue la primera valoración de ayer del jefe del Ejecutivo. Feijóo, por su parte, defendió la estabilidad como principio que justifica el acuerdo alcanzado en Castilla y León, y responsabilizó de la situación al PSOE. «Mañueco acaba de evitar un adelanto electoral», añadió, apuntando la responsabilidad de la decisión al líder autonómico.

De hecho, sostuvo que se estaba enterando a través de los medios de comunicación del número de consejerías que estaban pactadas en el reparto del gobierno. A partir del congreso extraordinario, el nuevo equipo se enfrenta al desafío de contener el ascenso de Vox en las encuestas y de garantizarse resultados que les liberen de la dependencia de los de Abascal. Mañueco negoció su pacto con Kiko Monasterio (Vox), y Feijóo no tiene relación personal con Santiago Abascal. A diferencia de la amistad que sí hubo entre Casado y Abascal antes de la moción de censura.