Feijóo normaliza la relación con Ayuso y su jefe de Gabinete

El PP asume el relevo de Iturgaiz. Cursadas las invitaciones para un almuerzo de diputados gallegos con Rajoy y el candidato

El candidato Alberto Núñez Feijóo abraza a Isabel Díaz Ayuso
El candidato Alberto Núñez Feijóo abraza a Isabel Díaz Ayuso FOTO: Jesus G. Feria La razon

El presidente de la Xunta y futuro presidente nacional del PP, Alberto Núñez Feijóo, empieza a dar las primeras señales de las correcciones que piensa introducir sobre la estrategia de la etapa de Pablo Casado. Una de ellas afecta a la relación de Génova con la Puerta del Sol, es decir, el Gobierno de la Comunidad de Madrid. Feijóo normalizará las relaciones con la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, pero también con su jefe de Gabinete, Miguel Ángel Rodríguez. Ya ha tenido oportunidad de verse con Rodríguez en Madrid, además de la ocasión para conversar que les brindó la Conferencia de Presidentes celebrada el pasado fin de semana en Palma. Casado y su secretario general, Teodoro García Egea, entraron en un pulso personal con el jefe de Gabinete de Ayuso, quien ya fue la mano derecha de José María Aznar y le ayudó en la sombra a llegar por primera vez al Palacio de la Moncloa. El nivel de enfrentamiento llevó a que en el PP acuñaran la expresión de que «sólo podía quedar uno». Y así ha sido.

Feijóo no quiere un foco de tensión en Madrid, y, salvo que haya decisiones judiciales en la investigación en curso que obliguen a revisar esta postura, el congreso del PP de Madrid se convocará después del nacional y se procederá a la elección de Ayuso como presidenta regional del partido.

A la espera del cónclave nacional de abril el PP es un olla en ebullición, sobre todo en aquellos puntos donde el partido prevé que haya cambios territoriales, como es Cataluña, País Vasco, Extremadura, Cantabria, Asturias o Castilla-La Mancha. En el caso vasco, Carlos Iturgaiz fue una solución de transición para una crisis que alimentó Génova con su decisión de interferir en la estrategia del PP vasco, contrario a la coalición con Ciudadanos.

Cuando Feijóo llegue formalmente a la dirección nacional le medirán por la coherencia que muestre con la posición que siempre ha defendido desde la Xunta de Galicia a favor de que se respete la autonomía de las regiones. En el País Vasco, lo esperado es que el nuevo equipo de Génova busque el apoyo de los presidentes de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava para proceder al relevo de Iturgaiz. Y dicen que es posible que Alfonso Alonso vuelva a dar un paso adelante y se presente.

En esta olla a presión, Feijóo también ha tenido oportunidad de charlar con la vicepresidenta y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, gallegos los dos y con una cordial relación. De hecho, su amistad es de mucho mejor nivel que la que mantiene la vicepresidenta con las ministras de Podemos, Ione Belarra e Irene Montero.

En este movimiento de placas tectónicas que se está produciendo en el PP se ha colado la iniciativa de cursar invitaciones para un almuerzo del ex presidente del Gobierno Mariano Rajoy con diputados gallegos y, por supuesto, con el candidato al congreso nacional.

Con Feijóo en el PP nacional, Rajoy recupera espacio, que pierde el otro ex presidente del Gobierno José María Aznar. Como también pierde influencia el PP que todavía se identifica con el «aznarismo» y que con la llegada de Casado a la dirección del partido recuperó bastante protagonismo, aunque, poco a poco, fue quedándose también desplazado. La señal más relevante fue la caída de Cayetana Álvarez de Toledo de la portavocía del Congreso de los Diputados. Feijóo es otro PP distinto al de Álvarez de Toledo o Iturgaiz, por ejemplo.

El nuevo presidente nacional tendrá que encontrar el punto justo para actuar como oposición al Gobierno sin hipotecar su perfil moderado y constructivo, sobre el que ha edificado su gestión en la Xunta y las mayorías absolutas que ha conseguido en las urnas. En ese punto de equilibrio será clave la capacidad del nuevo equipo para repartir papeles y articular un coro de voces que cubran el flanco más a la derecha, donde está Vox, y también el segmento de centro, en el que, además de votantes de Ciudadanos, el PP también espera «pescar» en el electorado más moderado de la izquierda. En las portavocías no continuará Javier Maroto en el Senado. La política de bloques, y la presión a derecha y a izquierda de Vox y de Podemos, respectivamente, dificultan que se haga sitio este discurso de centro que todos los líderes políticos reivindican cuando se aproximan unas elecciones.

En su campaña para el Congreso Nacional, Feijóo ha recuperado la idea de la necesidad de coaliciones como la alemana, y ha apuntado a su intención de ofrecer un pacto de Estado al PSOE para blindar la seguridad nacional en plena invasión de Ucrania. Pero el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quiere un pacto nacional que avale también su política económica para hacer frente a las consecuencias de la guerra. Todos sus proyectos han saltado por los aires y Moncloa no oculta ya su preocupación, pero esta reacción se produjo ya cuando estalló la pandemia y, aunque cambie el perfil del líder de la oposición, habrá que ver si lo que busca Sánchez es consensuar o utilizar la unidad para repartir responsabilidades ahora que se ha dado la vuelta la previsión de un final de Legislatura de recuperación económica.

Los primeros choques entre Sánchez y Feijóo se han sustanciado tras la Conferencia de Presidentes de este pasado domingo, pero falta conocer el plan fiscal que anunció el jefe del Ejecutivo el lunes en una entrevista en La Sexta, con Antonio García Ferreras. Además de prorrogar las rebajas fiscales a la luz ya vigentes, la oposición espera un paquete que afecte al carburante. Hay industrias que están teniendo que parar por falta de materiales o por las altas tasas energéticas, y la situación es tan crítica que amenaza seriamente la paz social.