Sánchez citará a Feijóo “en cuanto” sea líder del PP

El PP huele a elecciones tras el cambio de posición en Rabat. El presidente cultiva su perfil de estadista ante la crisis interna

El candidato a la presidencia del PP, Alberto Núñez Feijóo, y el presidente del PP de Extremadura, José Antonio Monago
El candidato a la presidencia del PP, Alberto Núñez Feijóo, y el presidente del PP de Extremadura, José Antonio Monago FOTO: Jorge Armestar Europa Press

El cambio de posición del Gobierno en la cuestión del Sáhara ha desconcertado a la oposición, y su salida ha sido replicar con el discurso de manual de dura crítica a una decisión sobre la que temen que «no se hayan valorado bien sus consecuencias». Presidencia ha gestionado este movimiento al margen de la mayoría de sus ministros, de sus socios de coalición y, por supuesto, del principal partido de la oposición. La razón que alegan es la discreción a la que obliga la sensibilidad del asunto en cuestión, pero la oposición, con el PP a la cabeza, ha reclamado ya explicaciones en el Congreso por lo que entienden que es una ruptura del consenso de Estado.

Detrás de este movimiento hay intereses diplomáticos (relación con Estados Unidos), de control de la inmigración y hasta energéticos, en el reposicionamiento al que obliga la amenaza de la guerra de Rusia con Ucrania.

Pero en el equipo de mando que dirige la transición del PP a la etapa de Alberto Núñez Feijóo sospechan que en este giro copernicano también puede haber una intencionalidad doméstica, en clave de las relaciones del PSOE con Podemos. Moncloa lo niega, pero el PP dice que «huele cada vez más a elecciones» o, al menos, a ruptura de la coalición con Podemos.

Con la calle en contra del Gobierno de coalición, al PP y a la mayoría de investidura no les pasa por alto que Pedro Sánchez está tomando decisiones con las que busca reposicionarse más en el centro izquierda, como si fuera una táctica electoral. Viaja por Europa buscando un consenso energético, hace declaraciones sobre el Sáhara, que de inmediato son avaladas por Estados Unidos, tiende la mano a Feijóo sobre la emergencia energética y se recoloca a la cabeza de los países comprometidos con el envío de armamento a Ucrania.

En este contexto, en el PP asumen que Sánchez puede estar valorando que «si rompe con Podemos tendrá más margen para recuperar una posición como socio estratégico y militar tanto de Europa como de Estados Unidos».

El ámbito internacional es para el presidente del Gobierno un escenario mucho más cómodo en estos momentos que el nacional. La manifestación masiva del campo contra el Ejecutivo en Madrid y el paro de los transportistas amenazan con ser solo la punta del iceberg de un calendario de movilizaciones sociales al margen de los sindicatos oficiales, y ante las que el Gobierno se encuentra atado de manos por la presión del gasto público y la retirada de los estímulos europeos.

La entrevista entre el presidente del Gobierno y Feijóo, una vez que se formalice su elección como presidente nacional del PP, será clave para determinar hacia dónde se encamina la Legislatura en un contexto en el que las previsiones y los planes han saltado por los aires por la guerra en Ucrania. Y Moncloa confirma ya que el jefe del Ejecutivo llamará a Feijóo «en cuanto pase» el Congreso Nacional del PP de principios de abril para plantearle «los principales temas que hay en la agenda», entre ellos, por supuesto, la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Sánchez y Pablo Casado habían roto los puentes personales y todos los canales de interlocución privados.

Esta reunión tendrá lugar bajo la presión de Podemos para que el plan nacional para hacer frente a la guerra no sea un «plan de país», es decir, que no implique a la oposición y se negocie solo con la mayoría de investidura. A la ruptura interna de Podemos se ha unido en los últimos días otro capítulo: la decisión de la vicepresidenta y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, de abandonar la senda del cierre de filas con Sánchez para hacer públicas sus cada vez mayores discrepancias con su política, e incluso ha filtrado su plan fiscal alternativo, que incluye impuestos a las eléctricas y subida de impuestos a las rentas más altas. El PSOE ya ha confirmado que estas medidas tienen que ser aparcadas por las obligaciones que impone la nueva economía de guerra. Sánchez tiene a Podemos descolocado; al PP, en un proceso de transición y de redefinición de su discurso; y a la economía en un estado de depresión que amenaza con ir a más según pasen los meses.

El cambio en la posición con el Frente Polisario y el Sáhara Occidental lo ha hecho a costa de renunciar a los posicionamientos tradicionales de la izquierda en esta cuestión. Las consecuencias están por verse, tanto en lo que afecta a los posibles beneficios en la relación con Rabat como en los perjuicios en la tensión con Argelia, pero la brecha con Unidas Podemos es ya incorregible.

«No se están cuidando las relaciones. Es evidente que Sánchez va a lo suyo porque cree que esta posición le beneficia también electoralmente en clave nacional. El Gobierno se ha puesto ya en modo electoral y sólo falta saber cuándo se aprieta el botón», consideran en Génova.