Guerra

La amenaza de atentados del Polisario, ¿la estrategia de Argelia para desencadenar un conflicto general con Marruecos?

El grupo saharaui no da un paso de esta importancia sin el consentimiento de Argel, que busca provocar a Rabat

Brahim Ghali
Brahim GhaliDPA vía Europa PressDPA vía Europa Press

¿Puede tener el Frente Polisario “comandos” --células— en Sáhara Occidental para llevar a cabo los atentados que ha amenazado cometer?. Cuando alguien lanza una advertencia de este tipo, cabe suponer que antes ha preparado la infraestructura clandestina para desarrollar las acciones criminales. Puede tratarse de un órdago sin cartas, pero eso iría en detrimento de un movimiento que, cada día que pasa, pierde fuerza internacional en detrimento de la diplomacia marroquí, que ha ganado muchos puntos en los últimos tiempos.

Lo que parece claro, es que el Frente Polisario no va a hacer nada que no le permita Argelia, a la que, dentro de su estrategia de confrontación con Marruecos, le puede venir bien la desestabilización que siempre suponen los atentados.

La firmeza con la que los dirigentes polisarios, incluido el propio Brahim Ghali, manejan el tono amenazante en sus intervenciones, hace pensar que cuentan con algún tipo de baza para ganar protagonismo en un conflicto que prácticamente está pasando inadvertido.

Que los servicios antiterroristas marroquíes, que tanto colaboran con España, están entre los mejores del mundo, no es ningún descubrimiento y es seguro que ya han tomado las medidas oportunas para conjurar la amenaza.

Sin embargo, y en España tenemos la amarga experiencia de ello, el que atenta, el protagonista de la guerra subversiva, juega con el factor sorpresa y lo que parece previsible se convierte en algo inesperado.

¿Puede el Polisario tener “células dormidas” sobre el terreno?. Es una posibilidad, demasiado previsible para no haber sido tenida en cuenta por los marroquíes. ¿Hay ciudadanos de otras nacionalidades que viven en la zona y que se han prestado a colaborar con el grupo saharaui?. Es factible y una hipótesis peligrosa, que también la sufrió España. ¿Pueden los atacantes atravesar los muros defensivos marroquíes con facilidad, atentar y volver a sus bases?. Pueden, aunque sea difícil. Son muchas las preguntas y todas deben ser tenidas en cuenta.

Con todo, esta última es una de las más preocupantes, porque se daría la circunstancia, que también conocemos en España, en el caso de ETA y en el de propio Polisario, que los que cometen los atentados, tras perpetrar sus acciones criminales, vuelven, o lo intentan, a sus bases de partida, en este caso en terreno argelino.

Francia fue durante muchos años, hasta finales de la década de los ochenta, el “santuario” que necesitaba ETA para cometer sus atentados y volver a una “zona de confort”. La pregunta es obligada. ¿Soportaría Marruecos, sin una respuesta adecuada, que los polisarios volvieran a Argelia sin una reacción adecuada al daño sufrido?. Seguro que no.

Entonces, ¿qué es lo que se esconde detrás de la amenaza polisaria y su posible implementación en territorio sahariano?. ¿La chispa que precisa Argel para que se abra un conflicto general de incalculables consecuencias?.

La “causa” saharaui, en función de la cual los dirigentes polisarios se permiten amenazar a diestro y siniestro, incluidas las empresas españolas de la zona, se ha terminado por convertir en un simple “peón” argelino en un peligroso damero en el que, al final, serán los propios saharauis los que salgan perdiendo.

Los campamentos de Tindouf, donde se asienta el Polisario, son vigilados permanentemente por fuerzas argelinas. ¿para evitar ataques marroquíes? ¿O para que nada se mueva sin que ellos lo sepan o evitar que algunos tomen el camino del Sáhara para volver a su tierra?.

El Polisario es demasiado importante para Argelia para dejarle que camine libre y ahora, mal que les pese a los saharauis (no a sus dirigentes), el elemento para desencadenar un conflicto general con Marruecos. Otra cosa es que Rabat no se deje atrapar en la trampa y reprima, con toda legitimidad, los atentados que se puedan cometer contra sus intereses o los de terceros bajo su protección.