Feijóo noquea en su primer pulso a Sánchez

El resultado consolida la confianza del PP en ganar las próximas elecciones municipales y reforzar su poder autonómico

Triunfo autonómico de Juan Manuel Moreno. Y triunfo nacional de Alberto Núñez Feijóo. Los dos políticos salen muy reforzados de la contienda en Andalucía, y este éxito tiene repercusión, también para los dos, a nivel nacional. El Partido Popular ha vivido estas elecciones como si fueran su EvAU para llegar a La Moncloa. En una competición donde la pelea de verdad la libraban en el pulso con Vox, no con la izquierda.

En estos comicios, el nuevo líder del PP, el político gallego, Alberto Núñez Feijóo, ha hecho también exhibición de su manera de entender el liderazgo nacional y del respeto a la autonomía de las estructuras territoriales para decidir la estrategia de sus campañas: las urnas han validado este cambio con respecto a cómo Génova dirigió las últimas elecciones de Castilla y León, todavía en la etapa de Pablo Casado.

El resultado de la noche electoral confirma las expectativas fijadas por los populares y marca un punto de inflexión en la relación con Vox. Por supuesto, el PP es consciente de que en las próximas elecciones autonómicas y municipales, de la primavera del año que viene, habrá bastantes «plazas» en las que tocar el poder dependerá del acuerdo, o incluso hasta de un pacto de gobierno, con el partido de Santiago Abascal. Pero Andalucía es territorio sagrado, o así lo entienden los populares, «para que quedara manchado por un pacto de gobierno con Vox que dinamitaría» la imagen que se ha ganado el presidente en funciones de la Junta, Juan Manuel Moreno, con la gestión de estos últimos cuatro años, y que entorpecería también las aspiraciones de Feijóo para llegar a La Moncloa. A este objetivo, evitar depender de Vox, dedicaron todos sus esfuerzos políticos, y el objetivo sale blindado de las urnas.

Estas elecciones abren un nuevo tiempo en la negociación entre PP y Vox. El modelo no es ya Castilla y León, donde los populares estaban constreñidos por su crisis interna y por la urgencia de cerrar cuanto antes las consecuencias heredadas de la etapa de Casado, para que no se embarrara en ellas el nuevo líder del partido.

Ahora el PP está decidido a resistir, incluso hasta llevar el pulso a la repetición electoral, y en Andalucía no era retórica discursiva obligada por las circunstancias, sino consecuencia del análisis que hacen de sus fortalezas y debilidades.

El candidato popular Juan Manuel Moreno consigue, además, superar lo que alcanzó la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, en las últimas elecciones madrileñas, pero con una estrategia completamente opuesta, en formas y en fondo. Y con el resultado de ayer se consolida como uno de los «barones» dominantes dentro del PP: reforzado en las urnas y, también, por la relación de amistad personal que le une al número uno del partido. Los dos gestionaron mano a mano la salida de Casado y de su equipo de la dirección del partido. Y han gestionado mano a mano la estrategia de esta campaña electoral.

Feijóo gana por el lado de la derecha, y, además, se refuerza frente al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que tendrá que hacer frente a una crisis en el socialismo andaluz, ocupado por el «sanchismo» desde que forzaron la salida de Susana Díaz y su retiro al Senado. Pero sobre el jefe del Ejecutivo cae también un importante golpe a nivel nacional. El resultado debilita a Sánchez y hace crecer las voces que le exigen un giro de estrategia y que le responsabilizan directamente a él del desgaste de las siglas.

La crisis del contrario, y el pinchazo de Vox, suman a favor del jefe de la oposición. En el PP se preparan para un otoño muy complicado desde el punto de vista económico, en el que la deuda española se enfrenta a la «tormenta perfecta». Y en el campo político prevén que venga marcado por la división dentro de la coalición de gobierno.

El contexto juega a favor de ellos: la inflación se lleva por delante a gobiernos tanto si no hacen nada para combatirla, porque los precios siguen subiendo, como si actúan, porque todas las medidas para frenarlas exigen un desgaste y son impopulares.

Por tanto, como dicen en el PP, tampoco «tenemos que hacer mucho más que dejar que Sánchez se cueza en su propia salsa». El líder popular seguirá haciendo gestos en el sentido de reivindicar las políticas de Estado y los acuerdos, al tiempo que esgrime la crítica más feroz contra la gestión económica del Gobierno de coalición.

Antes de las vacaciones es posible que se haga la foto con el líder de Vox, al menos éstos eran los planes de Génova antes de que se celebraran las elecciones andaluzas. Y también moverá su oferta de pacto de Estado al PSOE para renovar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).

Feijóo necesitaba este resultado para dar alas a la hipótesis de que pueden llegar a Moncloa sin tener que someterse a un gobierno de coalición con Vox. A día de hoy, las encuestas, con vistas a las generales, dicen lo contrario, pero un tropezón en Andalucía habría rebajado la fuerza del PP para hacer campaña por el voto útil para «un Gobierno estable y sin hipotecas externas».

Las andaluzas abren un nuevo ciclo en la política nacional en el que por primera vez el PP se cree que es alternativa de gobierno y es visto como tal de puertas hacia afuera. Lleva la iniciativa, incluso en la confrontación con Vox, y tiene una estabilidad interna que le ayuda a engrasar la maquinaria electoral bajo la expectativa del cambio de gobierno.

Estas elecciones andaluzas también le fortalecen para encarar las autonómicas y municipales de la próxima primavera. Ya se ven como el partido más votado en municipales, y confían en arrebatar poder autonómico a la izquierda en sitios tan emblemáticos como la Comunidad Valenciana.

Además, el 19-J ha confirmado que la estrategia del miedo a la extrema derecha no funciona. No funcionó tampoco en Madrid ni en Castilla y León. Y éste era casi el único consuelo que le quedaba al PSOE para poder salvar la cara en estas autonómicas.

A partir de hoy la dirección popular afrontará la renovación territorial que todavía tiene pendiente y seguirá armandose para convertir el próximo otoño en una ofensiva en toda regla en clave económica, no como oposición, sino como alternativa de gobierno con propuestas y medidas concretas. «La expectativa de cambio ha dado un salto hacia adelante y sólo tenemos que no bajarnos de la ola», decían anoche en Génova.