Sánchez, sin credibilidad: hace un año negó una crisis de Gobierno y a los diez días cambió a los ministros

Niega una crisis en el ejecutivo, aunque ya dijo lo mismo antes de la remodelación del año pasado

«No está en mis planes una crisis de Gobierno». Con estas palabras, Pedro Sánchez descartaba el 1 de julio de 2021 la posibilidad de una remodelación del ejecutivo nacional cuando ya empezaba a esbozarse ese escenario. Si bien, esas palabras quedaron desmentidas por él mismo diez después ya que el 10 de julio de 2021 hacía un amplio cambio de ministros. Ahora, parece que se puede reproducir la misma situación: cada vez gana más enteros la opción de que acometa una crisis de Gobierno, aunque ayer quiso negarlo tajantemente con las mismas palabras y con acusaciones de «intoxicación» a la prensa.

«En algunas ocasiones me encuentro en los medios noticias que ni tan siquiera he pensado», afirmó Sánchez ayer. «Una cosa es informar y otra, intoxicar», añadió, aludiendo a una supuesta intención de debilitar a su ejecutivo proyectando inestabilidad y después de asegurar que este «Gobierno es estable y va a durar hasta el final de la legislatura».

Sí que es cierto que en esta ocasión se ha mostrado mucho más rotundo que hace un año, con ataques a la prensa que van en la línea del endurecimiento del tono contra ciertos sectores económicos (como la banca o las energéticas), y que en julio de 2021 acompañó los cambios en los ministerios de los cambios en la dirección del PSOE (con José Luis Ábalos como principal exponente) mientras que ahora ya tiene hecha la remodelación en el partido. Con esa remodelación, Sánchez trata de reimpulsar a la formación, que está quedándose muy rezagada en las encuestas frente al PP de Alberto Núñez Feijóo, que acumula cada vez más apoyo social. Si bien, con el historial de contradicciones y giros de guion del presidente del Gobierno, no cabe descartar ni mucho menos que antes de arrancar el nuevo curso político (hacia finales de agosto), proceda a hacer cambios en los ministerios.

En cualquier caso, las palabras y el tono de Sánchez reflejan el nerviosismo que hay en el PSOE porque han perdido el control de la situación por completo. Sí es cierto que España atraviesa una situación económica delicada por la inflación, pero de momento está alejada de la que dejó José Luis Rodríguez Zapatero (con más paro, en crecimiento negativo y con el sistema financiero en jaque) y aun así el presidente del Gobierno ha perdido la delantera en las encuestas y parece muy difícil, ahora mismo, que venza en la próxima cita electoral.

Con los cambios en el PSOE, con Patxi López al frente del grupo parlamentario en el Congreso, Sánchez aspira a mejorar el ámbito comunicativo y reivindicar sus medidas sociales, aunque todo dependerá también de que sea capaz de sacar adelante las iniciativas que tiene por delante. En el partido socialista tienen entre ceja y ceja la aprobación durante este semestre de los presupuestos (más expansivos en términos absolutos, aunque no en términos reales por el incremento de la inflación), la ley de vivienda y la reforma de la ley de seguridad ciudadana (rebautizada como ley mordaza por sus detractores).

En este sentido, López será el encargado de negociar con el resto de grupos para que el partido pueda sacar adelante las votaciones, teniendo en cuenta que está siendo una legislatura poco prolífica en el ámbito legislativo (muy pocas leyes se están aprobando dada la fragilidad de la mayoría de la investidura y el Gobierno ha recurrido mucho al decreto).

El examen más inmediato, sin embargo, es la aprobación del decreto de medidas para el ahorro energético. Y todo indica que saldrá adelante porque parte de un compromiso con Bruselas para recortar el uso de gas y todo invita a pensar que, a pesar de los recelos y críticas de la gran mayoría de partidos, al final acabarán salvándolo. En este sentido, también es una prueba para testar a ERC, eje de la mayoría de investidura (cuenta con 13 diputados, mientras el Gobierno necesita de 23 para la mayoría absoluta) que en los últimos meses se había ido descolgando tras la crisis del espionaje y el retraso de la mesa de diálogo. Los republicanos son críticos con el decreto (consideran que son medidas poco «ambiciosas») y evitan, de momento, desvelar la postura final. El PNV, el socio más fiable del Gobierno esta legislatura, también ha sido muy crítico con el decreto y con la dinámica de Sánchez (tomando medidas sin consultar previamente a los nacionalistas vascos, tal y como se acordó al inicio de la legislatura).

Sánchez apeló ayer al PP para que apoyara el decreto aludiendo, precisamente, a que es un compromiso con Europa, pero los populares siguen oponiéndose (reclaman al presidente del Gobierno que lo retire) y han presentado varias iniciativas en materia energética, como la supresión del IVA para aquellos productores que donen alimentos a entidades benéficas; permitir la investigación de minerales como el uranio o el litio en España (ahora prohibido por la Ley de Cambio Climático), muy importantes para las centrales nucleares y la descarbonización; y crear una tarifa fija para los consumidores eléctricos más vulnerables.