El tiro por la culata

El indulto a Griñán se podía haber tramitado discretamente, alegando razones humanitarias y personales que habrían sido entendidas...

El expresidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán en una imagen de archivo. © Alberto R. Roldan / La Razón
El expresidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán en una imagen de archivo. © Alberto R. Roldan / La Razón FOTO: L Diaz.. La Razón

El pasado 26 de julio los periódicos recogían la noticia de que el Supremo ratificaba la entrada en prisión de Griñán y la condena a Chaves por el caso de los ERE andaluces. El PSOE se movilizó entonces en contra de la sentencia, campaña que culminó a finales de agosto con el apoyo de Alfonso Guerra y de Susana Díaz. Poco antes, también habían firmado la petición de indulto dos superestrellas: Felipe González y Zapatero. El Gobierno y el PSOE habían convertido la sentencia de los ERE, que cierra uno de los casos de corrupción más escandalosos de la historia de la democracia española, en un asunto partidista.

Como siempre pasa con los socialistas, un primer argumento se encaminó a atacar al PP, esta vez con el pretexto de que ni Griñán ni Chaves se habían lucrado con la estafa. Otro respondía a la pulsión populista del socialismo español, que últimamente aparece con más brío: la sentencia de los ERE demuestra que la justicia española es un instrumento de clase al servicio de intereses inconfesables, los de los «poderosos». En tiempos del populismo francés de finales del siglo XIX, se hablaba de «les gros»: los «gordos», aquellos que «pesan». Ahora andamos a vueltas con los bancos, las energéticas, los señores con puro…

La publicación de la sentencia tenía que ser letal para una campaña como ésta. Pero de nuevo, los socialistas han recurrido al primer argumento, para ver si todavía les alcanza para dañar algo al PP, y con una nueva ocurrencia, la de que la sentencia no es unánime. Los argumentos prueban que el Gobierno y el PSOE han vuelto a perder pie en este asunto, como lo están perdiendo en general con la realidad española. Ellos mismos se metieron en la trampa, al convertir el indulto en un instrumento partidista, como hicieron con los condenados por el golpe de Estado de 2017. El indulto a Griñán se podía haber tramitado discretamente, alegando razones humanitarias y personales que habrían sido entendidas. Claro que se buscaba otra cosa. Y el tiro ha salido por donde no estaba previsto que saliera.