Conferencia

Carmen Calvo reconoce el fracaso de las políticas contra la violencia de género

La presidenta de la Comisión de Igualdad habla de «contradicción sangrienta» porque «el modelo no acaba de cambiar»

Carmen Calvo, exvicepresidenta del Gobierno de España y actual presidenta de la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados, no está satisfecha con las políticas feministas. Acaba de pronunciarse en este sentido cuando permanece en las redes sociales –en forma de meme y comentarios de todo tipo– la reacción a sus polémicas declaraciones acerca de la extirpación de la vesícula«a miles de mujeres» durante el franquismo «para que olvidaran el dolor».

Calvo crea ahora la tesis de la «contradicción sangrienta» de una sociedad que ve morir a las mujeres por el hecho de serlo, manifestando la inutilidad de las políticas feministas actuales contra la violencia de género y abogando por un nuevo modelo en el que las féminas sean por fin escuchadas, evidenciando que la violencia no está desapareciendo con las medidas puestas en vigor contra esta lacra de la sociedad. E incluso agudizando el problema con leyes como la polémica norma del «solo sí es sí» del Ministerio de Igualdad de Irene Montero.

Así lo hizo durante el II Congreso Justicia y Sostenibilidad Democrática: la respuesta contra la Violencia de Género, que tuvo lugar en el Auditorio Alfredo Kraus en Las Palmas de Gran Canaria los días 14, 15 y 16 de diciembre, y en el que participaron además varios ministros y exministros del Gobierno, como Fernando Grande-Marlaska y Juan Carlos Campo, ex titular de la cartera de Justicia, así como varios magistrados progresistas, entre otras personalidades.

El congreso tuvo como ponencia de clausura la de la propia Carmen Calvo, que intervino de forma telemática desde su despacho en la Cámara Baja. Después de hablar de prole, independencia de la mujer, patriarcado, sociedades sexistas, sufragio de varones, sociedades de mercado y dependencia afectiva, llega a afirmar rotundamente que «todo el sistema está y sigue estando organizado a partir de todos los momentos históricos donde las mujeres no han participado».

En su alocución, que se prolonga durante diez minutos, asegura que «vemos de manera paradójica e inadmisible que la democracia al mismo tiempo vive cada día el asesinato de las mujeres en sociedades pacíficas». Abunda su relato en la idea de que «no deja de ser una contradicción sangrienta el hecho de que el modelo no acaba de cambiar». Porque, afirma, «a veces, cuando avanzamos y luchamos contra la violencia [de género] con instrumentos como el pacto de Estado contra la violencia, toda la normativa de la que disponemos, los recursos, la propia administración de Justicia, las decisiones políticas, todavía pareciera que el sistema quiere no cambiar una vez que las mujeres hemos entrado dentro y participamos».

Considera «por ello que todo el sistema tiene que cambiar profundamente». «Si no cambia, lo único que hacemos es blanquear el modelo con añadidos e intentos bienintencionados pero las estructuras apenas se mueven». Para Calvo es inevitable para el respeto debido que se ponga atención al género femenino. «Tenemos que ser más escuchadas. Ha llegado el tiempo de escuchar a las mujeres para saber», dice.

Así, lo que anticipa la exvicepresidenta –que se jacta de «haber sacado a Franco del Valle de los Caídos»– en estos momentos de reforma constitucional encubierta que promueve su Gobierno es una nueva vuelta de tuerca en las políticas feministas, una radicalización en este campo ante su evidente fracaso, pues la violencia no cesa, sino todo lo contrario.