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28-A: Los debates serán decisivos para movilizar a los indecisos

El PP aspira a recuperar un millón de antiguos votantes, Podemos intentará no desangrarse en la izquierda radical y Rivera aspira a mantener los 40 escaños

  • 28-A: Los debates serán decisivos para movilizar a los indecisos

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26 de abril de 2019. 17:07h

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Pilar Ferrer 21/4/2019

«Entró en miedo escénico». Así definen algunos dirigentes socialistas el ánimo de Pedro Sánchez frente a la polémica de los debates televisivos y la inesperada decisión de la Junta Electoral Central. Según fuentes de RTVE, los sindicatos del Ente Público amenazaron con organizar un «apagón» en el momento en que el presidente del Gobierno compareciera ante las cámaras el mismo día de su compromiso con Atresmedia. Este hecho, respaldado por el Consejo de Informativos y la mayoría de los trabajadores de la Casa, habría sido un escándalo de campeonato, fue lo que verdaderamente doblegó a Sánchez y forzó el comunicado del Comité Electoral del PSOE. «Nunca se había visto nada igual», admiten veteranos dirigentes sobre este sonoro «patinazo» en el ecuador de la campaña. Todos ellos atribuyen al poderoso jefe de Gabinete de Moncloa, Iván Redondo, la responsabilidad del desaguisado, en contra del ministro y secretario de organización, José Luis Ábalos, partidario de respetar el debate ya previamente cerrado con la cadena privada. Así las cosas, en este tramo final de campaña, el debate marca el paso y supone un serio revés para Pedro Sánchez y el PSOE. En el seno del Comité Electoral las espadas estaban en alto y la división fue latente. Por un lado, José Luis Ábalos y los dirigentes de Ferraz eran partidarios de respetar el compromiso con Atresmedia. Por el contrario, Iván Redondo utilizó su gran influencia y ordenó a Rosa María Mateo el debate en TVE el mismo día martes 23. «Se pasó de frenada», dicen dirigentes del partido. Los sindicatos y trabajadores del ente se rebotaron y amenazaron con un plante en toda regla hasta sus últimas consecuencias: apagón radical y dejar la televisión en blanco. El escándalo estaba servido y Sánchez dio un giro a sus intenciones. «No hay más remedio», confesó el presidente durante un mitin en Logroño. A lo que algunos socialistas añaden el conocido refrán: «El remedio puede ser peor que la enfermedad».

El codiciado plan de Sánchez de comparecer en un único debate frente al «trifachito» se derrumbó por la decisión de la Junta Electoral Central al impedir la presencia de Vox, los grandes favorecidos. Para colmo, la JEC permite ruedas de prensa de los presos soberanistas desde la cárcel. «Ponemos un circo y nos crecen los enanos», lamentan dirigentes del PSOE ante el cúmulo de decisiones no previstas y errores consiguientes. En el Gobierno y el partido subyace preocupación ante los dos debates anunciados, dado que todos los demás, Pablo Casado, Albert Rivera y Pablo Iglesias, harán un frente común contra un único adversario, Pedro Sánchez. Aunque de puertas afuera los socialistas dicen estar tranquilos y muy seguros de su líder, lo cierto es que la estrategia se les ha caído y todo puede pasar. Esta última semana y los dos debates serán cruciales para movilizar al elevado número de indecisos.

En el PP lo tienen claro. Bajo la premisa de que Sánchez solo acierta cuando rectifica, aseguran que Pablo Casado actuará con mucha inteligencia y planteará un «cara a cara» con el presidente. Algo en lo que irremediablemente le seguirán los otros candidatos, según confirman fuentes de Ciudadanos y Podemos. En el PSOE temen que «acorralen» a su líder y que lo inédito de hacer dos debates seguidos «eche por tierra» su estrategia de campaña. Para colmo, el conflicto de Cataluña, que Sánchez orillaba hasta el momento con habilidad, aflora con virulencia por las comparecencias de los presos separatistas desde la cárcel. «Parece que hay algún infiltrado de Vox en la JEC», ironizan algunos socialistas ante unas decisiones que, claramente, favorecen al partido de Santiago Abascal. Por no hablar de la cacareada imparcialidad de RTVE, ahora por los suelos. El malestar en el Gobierno y el PSOE es patente, las críticas arrecian contra Iván Redondo y el resto de los partidos se frotan las manos.

En este ecuador hacia el 28-A el PSOE huye del triunfalismo inicial y teme el desenlace final tras los debates. «Una cosa es ganar y otra gobernar», afirman sus asesores con la incertidumbre de los pactos en el horizonte. En el PP hay optimismo, convencidos de una remontada final por los indecisos y el voto oculto. «Pablo Casado será presidente», aseguran en Génova 13. Ciudadanos aspira a ser la bisagra necesaria sin el retroceso que le auguran las encuestas. Podemos se derrumba e intenta movilizar a la extrema izquierda. Y en Vox se muestran exultantes ante lo que vaticinan un resultado sorprendente y un posible sorpasso a Cs, e incluso al PP en algunos territorios. Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Santiago Abascal son los cinco jinetes de una carrera alocada, en la que el fantasma de las tres derechas tan invocado por el PSOE se desvanece. La jugada de incluir a Santi Abascal en un único debate televisivo para arrojar al líder del PP a las cavernas de la ultraderecha se ha esfumado. Mañana lunes y el martes, fecha de los debates, el gran ausente Vox tiene previsto contraprogramar con dos actos, uno en Las Rozas y otro en La Coruña. «A nosotros nos amordazan y a los golpistas les sacan», dicen en el entorno de Santi Abascal ante la irrupción pública de los presos soberanistas. El PSOE escapa del triunfalismo, aunque confían en que Pedro Sánchez sortee los debates con holgura. «Que no se confíe tanto», advierten por el contrario en el entorno de Casado, convencidos de que habrá sorpresas, y acarician el camino hacia La Moncloa. Albert Rivera mantiene su cordón sanitario contra Pedro Sánchez, que algunos ponen en duda. Pablo Iglesias se despeña sin remedio en un radicalismo exacerbado. Y Santiago Abascal, el quinto elemento, sigue en vena como un Pelayo y su espada para la Reconquista. El escenario hacia el 28-A ha cambiado: ahora, todos contra Pedro Sánchez.

Cinco candidatos en liza con el objetivo de movilizar a un ciudadano desmotivado, harto del espectáculo político y estupefacto ante el culebrón de los debates televisivos. Todos los sociólogos pronostican que su resultado influirá en el voto final y califican de lamentable error la posición del PSOE. «Echar marcha atrás nunca sale bien», dice un experto. Según dirigentes populares, su intención de voto crece cada día, por lo que confían en alcanzar el tramo de cien escaños necesarios para intentar la investidura.

Su gran esperanza es recuperar al millón de antiguos electores que les dieron la espalda, e incluso en este tramo final apelan al socialista desencantado. Podemos se desangra en un pugilato de la izquierda radical, y la formación naranja de Rivera intenta preservar los cuarenta escaños que les haga decisivo para apoyar al vencedor. Santiago Abascal se ve como un héroe decisivo y mártir de todos los demás. Esta semana, más que nunca, la televisión manda.

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