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40%, el techo de cristal en el Congreso

El ninguneo de Rufián a una diputada del PP ha reabierto esta semana el debate sobre el machismo en la política y en el Parlamento. En esta cámara, las diputadas siguen siendo minoría tanto en el Pleno como en el reparto de las principales responsabilidades en los grupos.

  • 40%, el techo de cristal en el Congreso

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14 de octubre de 2018. 00:45h

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Pablo Gómez Madrid. 14/10/2018

El rifirrafe protagonizado esta semana en el Congreso por Gabriel Rufián y la diputada del PP Beatriz Escudero ha reabierto el debate en torno al machismo en la política española. La controversia sobre por qué en el país del mundo con más mujeres en su gobierno se mantienen comportamientos como el del político catalán, que ninguneó a su compañera, a la que calificó de «palmera» y guiñó un ojo. Este comentario, como los que políticos de otros partidos pronunciaron antes, demuestra que aún queda mucho por hacer.

Caben pocas dudas de que las mujeres han dado pasos de gigante en la arena política desde el final de la dictadura. La fotografías en blanco y negro del primer parlamento –con sólo 27 diputadas–y del primer Ejecutivo de Adolfo Suárez, sin mujeres, ya son, afortunadamente, historia. En 2018, el empuje femenino en la primera línea es innegable: la vicepresidenta del Gobierno, las diez ministras, las presidentas del Congreso y del Consejo de Estado, las alcaldesas de las dos principales ciudades y la fiscal general son un ejemplo de ello. Sin embargo, tras esa primera línea, con más focos y atención mediática sobre ella, la realidad es menos alentadora.

En el Congreso, por ejemplo, las diputadas siguen siendo minoría. Ocupan 145 de los 365 escaños de la Carrera de San Jerónimo, un 39,7%. Sólo un grupo parlamentario, Unidos Podemos, tiene más mujeres en su bancada: 34 de 67. Los dos principales partidos no están muy lejos del liderado por Pablo Iglesias: un 46,4% en el caso del PSOE y un 42,5% en el PP. El partido de Albert Rivera, Ciudadanos, sólo suma 8 diputadas en un un grupo parlamentario de 32 miembros, lo que sitúa a la formación naranja a la cola en este ránking de la paridad, con un 25% de mujeres. El techo del 40% se reduce aún más al analizar la labor que ejercen las diputadas en las comisiones que articulan el trabajo diario de esta cámara. Sólo cinco de las 21 comisiones permanentes legislativas (un 23,8%) están presididas por mujeres: la ex ministra Dolores de Cospedal (PP) está al frente de la de Defensa; la también popular Elena Bastidas hace lo propio en la de Cooperación Internacional; dos diputadas socialistas, Isabel Rodríguez y Pilar Cancela, presiden las de Justicia e Igualdad; y la escritora Marta Rivera de la Cruz (Cs) es la máxima responsable de la de Cultura y Deportes. Las mujeres sólo ocupan el 33% de las vicepresidencias –14 de 42– y de las portavocías –67 de 199– de estas comisiones.

Los malos datos en materia de igualdad conciernen también a los escalones autonómico y local del poder político. Susana Díaz, Francina Armengol y Uxue Barcos –a los mandos de los gobiernos de Andalucía, Baleares y Navarra, respectivamente– son las únicas presidentas autonómicas: tres de 17.

Espejo del machismo social

En los ayuntamientos, el escenario es similar. Es verdad que Manuela Carmena y Ada Colau, regidoras de Madrid y Barcelona, son desde 2015 la cara más visible del poder municipal. Pero también lo es que, detrás de ellas, las alcaldesas están en franca minoría. De entre las 20 ciudades más importantes del país, sólo en cinco el bastón de mando lo empuña una mujer: Isabel Ambrosio en Córdoba, Carmen Moriyón en Gijón y Núria Marín en Hospitalet acompañan en esta nómina a Carmena y a Colau. Y al extender el análisis a los 50 municipios más poblados, la situación apenas mejora: sólo 13 –un 26%– están gestionados por una alcaldesa.

Politólogos y expertos en comunicación insisten en que la política, en general, y el Congreso, en particular, no pueden verse libres de actitudes y tendencias machistas porque son un reflejo de la sociedad. Para Eduardo G. Vega, profesor del Centro Internacional de Gobierno y Marketing Político de la Universidad Camilo José Cela, «el machismo en la política española, depende más de actitudes personales», ante las que recomienda la puesta en marcha de una serie de medidas, como un canal de denuncias o el establecimiento protocolos de actuación. La politóloga Verónica Fumanal recuerda que son varios los ejemplos de elecciones primarias que demuestran lo machista de la política: Susana Díaz y Soraya Sáenz de Santamaría perdieron, como lo hizo Hillary Clinton, ante un hombre. Respecto al incidente de Rufián de esta semana, Fumanal señala que más allá de la intención –aunque recuerda que «un hombre no guiña el ojo a otro hombre»– lo importante en política es la «percepción», por lo que el diputado de ERC «debería haberse disculpado» al ver la reacción de la otra persona. «Hay políticos que olvidan la responsabilidad que tienen», añade el profesor González Vega, que recuerda además que Rufián tuvo una actitud muy distinta cuando, apenas unos días antes, interpeló en esa misma comisión al ex presidente José María Aznar.

La protagonista del ninguneo de Rufián, la diputada Beatriz Escudero reconoció esta semana en una entrevista en este diario que se sintió «humillada» ante una actitud que califica de «chulesca y de matón». La diputada y su grupo elevaron una queja a la Mesa del Congreso que se someterá a discusión el próximo martes. Fuentes de este órgano reconocen que no existen precedentes en la presente legislatura ni hay una relación de incidentes parlamentarios, ya que el reglamento del Congreso no contempla nada específico ante episodios de estas características.

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