Política

Abstención histórica ante el 10-N: el 35% no votaría

Respecto al 28-A, se quedarían en casa 2,5 millones de votantes más. El hastío afectaría igual a izquierda y derecha. El PSOE volvería a ganar, pero retrocede desde agosto y sólo sumaría 4 diputados.

Respecto al 28-A, se quedarían en casa 2,5 millones de votantes más. El hastío afectaría igual a izquierda y derecha. El PSOE volvería a ganar, pero retrocede desde agosto y sólo sumaría 4 diputados.

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La abstención se dispararía hasta el 35 por ciento de haber hoy elecciones generales, según el último sondeo de NC Report para LA RAZÓN. En abril fue del 28,2 por ciento. De confirmarse este 35 por ciento sería una cifra récord, que puede dar un vuelco a los resultados dependiendo de qué electorado es el que opta por acudir con menos intensidad a las urnas.

Hasta las elecciones del 10-N faltan todavía siete semanas y pueden pasar muchas cosas, pero nadie duda de que la abstención crecerá en estas elecciones. La situación es tan inédita que no hay patrón para extrapolar cuáles serán las consecuencias en el 10-N del malestar y la desafección ciudadana con los partidos.

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Pero la encuesta ya recoge plenamente el fracaso de la ronda de contactos de los días 16 y 17 de septiembre. Y la apatía electoral se reparte a partes iguales entre ambos bloques: las izquierdas pierden 1,1 millones por este concepto, mientras que el centro-derecha envía también 1,1 millones a la abstención. En el resto de formaciones políticas también se incrementa la abstención en otros 0,3 millones.

Por lo tanto, es muy pronto para dar como definitivos estos incrementos en la abstención, que aumenta en 2,5 millones con respecto al 28-A. En abril, solo 10,4 millones de censados no ejercieron su derecho al voto. Ahora serían un total de 12,9 millones.

Nos encontraríamos con el porcentaje de participación más bajo desde la restauración de la Monarquía parlamentaria en España. La media en las anteriores 14 convocatorias electorales fue del 72,%. La bajada sería ahora de 7,6 puntos.

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Como dato llamativo, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se dejarían juntos 1.272.287 votos; Albert Rivera y Santiago Abascal perderían cada uno más de 900.000 votos, en total, más de 1,8 millones de apoyos. El PP es el único partido que sube en votos, 840.347, con respecto a abril.

Por su parte, PSOE y Unidas Podemos sumarían entre 159-164 diputados, no alcanzan la mayoría y continuarían dependiendo de los partidos independentistas y del PNV.

Mientras, la suma PSOE y Ciudadanos (Cs) está en el aire porque en su horquilla más baja se quedan en los 171, y en la franja alta, sí llegan a los 176, la mayoría necesaria para investir al candidato socialista. Por lo tanto, puede que la caída de la formación naranja diluya la ecuación que sí era posible con el resultado de las elecciones de abril y que Albert Rivera no sólo pase a tener la mitad de diputados que el PP, cuando la diferencia actual es de nueve, sino que también pierda cualquier posibilidad de actuar como partido bisagra. Ésta fue la esencia de la razón de su nacimiento como formación de centro, capaz de tender puentes a derecha y a izquierda, y Rivera renunció a ella para competir por Casado por el liderazgo de la derecha.

Si el 10-N confirma este descalabro de Cs, se abriría una profunda crisis que afectaría directamente a la figura de Rivera, por muy sólida que sea la corte de fieles de la que se ha rodeado para blindarse de sus críticos. El derrumbe de Ciudadanos y de Vox es lo que aleja al bloque de la derecha de la mayoría, aunque las nuevas elecciones sí servirían para apuntalar el liderazgo de Casado. En el PP marcan los 80 escaños como el mínimo necesario para que se asiente como jefe de la oposición en «su segundo cartucho» en unas elecciones, y la encuesta le da entre 89 y 92.

Por partidos, el PSOE, con 123 diputados en la actualidad, conseguiría entre 124 y 127 escaños, con el 28,6 por ciento de los votos, una décima menos que en abril. Esto se traduce en la pérdida de 734.142 votos. Al partido de Pablo Iglesias le sentarían peor las elecciones porque, aunque la caída en intención de voto no llegaría al punto, quedándose en el 0,7 por ciento, la pérdida de 538.145 votos les dejaría entre los 35 y los 37 escaños frente a los 42 que consiguieron en abril. Desde esas elecciones toda la estrategia socialista ha ido dirigida a arrebatarle argumentos de izquierda a Iglesias y a desacreditarle.

El resultado puede decirse que, si se ajusta finalmente a esta radiografía demoscópica, sería un fracaso total para Sánchez porque no amplía su mayoría y se encuentra con la misma necesidad de apoyos externos. Su única carta podría ser forzar la abstención técnica de Casado, pero para asegurarse un Gobierno estable, sin acuerdo de legislatura con el Partido Popular, que es imposible, estaría en las mismas que ahora. Su única salida sería el acuerdo con Unidas Podemos y los independentistas. La razón que ha esgrimido para forzar una repetición electoral, y con Iglesias exigiéndole lo mismo, un Gobierno de coalición, y con él dentro.

Un Gobierno para «quitarle el sueño» al candidato socialista, Pedro Sánchez. En contra de muchos de los análisis que se manejan, una mayor debilidad de Unidas Podemos y de Iglesias no implicaría una rebaja en sus condiciones, sino que, por el contrario, la vía de Iglesias de poner sordina a la caída y reforzar su liderazgo sería ratificarse en sus exigencias de máximos.

«Sorpasso» al PP

Casado llegaría al 22 por ciento del voto, el partido que más sube con respecto a abril, hasta un 5,3 por ciento y 840.347 votos. En escaños, de los 66 actuales subiría hasta los 89-92. Rivera perdería un 2,2 por ciento y más de 900.000 votos, quedándose entre los 47 y los 49 escaños, entre 8 y 10 diputados menos. El «sorpasso» al Partido Popular se aleja, después de que en el reparto del poder autonómico el «no es no» a Sánchez de Cs sirviese para reforzar al partido al que aspiraba a quitar la posición de «número uno» al frente de las derechas.