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Así es la Asociación del Rifle de España que nació de un grupo de amigos de izquierdas

Son el “lobby” armamentístico más influyente de nuestro país y la propuesta de Vox de legalizar las armas en el hogar les ha sacado a la luz.

  • Javier Arnaiz Larson, presidente de la Asociación Nacional del Arma de España, durante el encuentro con LA RAZÓN en la galería de tiro GTS de San Sebastián de los Reyes / Foto: Gonzalo Pérez
    Javier Arnaiz Larson, presidente de la Asociación Nacional del Arma de España, durante el encuentro con LA RAZÓN en la galería de tiro GTS de San Sebastián de los Reyes / Foto: Gonzalo Pérez

Tiempo de lectura 8 min.

24 de marzo de 2019. 05:23h

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Ángel N. Lorasque 24/3/2019

¿Dónde vamos?», Pregunta el taxista.

-«A la galería de tiro de San Sebastián de los Reyes, por favor».

Madre mía, como está el tema de las armas, ¿no?», dice el conductor, que rápidamente se arranca con el que, sin duda, ha sido el asunto de la semana. «¿Qué todos tengamos ahora armas en casa? Qué peligro, mira lo que hizo la política esa de Ávila de Podemos, como para dejar una pistola a cualquiera», reflexiona. Vox, una vez más, ha abierto un melón que ha pillado a todos desprevenidos: el debate sobre el uso y posesión de armas en España, una cuestión que pocas veces ha salido a colación en tertulias y que estos días ha provocado un auténtico vendaval en la esfera social y política. De hecho, los partidos tradicionales se han visto en apuros a la hora de defender su postura públicamente, midiendo al milímetro sus palabras, mientras los correligionarios de Santiago Abascal han disfrutado sembrando el caos.

Pero, ¿qué hay detrás de esta interesada propuesta de permitir el uso de armamento letal para la autodefensa en los domicilios particulares? ¿Es cierto que en España ha aumentado la criminalidad? ¿Seríamos un país más seguro si todos pudiéramos disponer de una pistola en nuestro domicilio?

Estas y otras preguntas han emergido en los corrillos, en charlas familiares y entre amigos, al igual que lo ha hecho una organización que hasta ahora permanencia en la sombra, un «lobby» armamenístico a modo de la Asociación del Rifle de Estados Unidos que ha visto la luz tras las palabras de la formación verde: la Asociación Nacional del Arma (Anarma). Nos citamos en una galería de tiro con su presidente, Javier Arnaiz Larson, que se ha visto desbordado ante tanta expectación. Quizá haya muchas personas que desconocían que existiera una Asociación del Rifle a la española, por lo que su responsable, antes de meternos en faena, explica con serenidad y siempre con una sonrisa amable el origen y los objetivos de su organización.

«Somos un movimiento que surgió de manera espontánea en 2003 en un campo de tiro en el norte de España cuando un grupo de amigos decidió montar algo para mejorar la ley en relación a las armas y hacer presión. Eran unas quince personas y curiosamente la mayoría de ellos de izquierdas», confiesa. Y es que, como recalca, aunque el asunto del armamento suele ir parejo a ideologías más tradicionales y conservadoras, «lo cierto es que aquí tenemos de todo. Hay personas del PSOE, del PP, de Vox y hasta de Podemos. Tenemos entre nosotros a todo el espectro político», reconoce. No fue hasta 2013 cuando la organización se hizo fuerte, firmaron sus estatutos y Arnaiz se hizo con la presidencia. Este piloto amante de las armas explica que su misión es hacer presión, reunirse con los diferentes partidos y conseguir adaptar la legislación para una mayor liberalización de las armas en nuestro país. «En ese momento éramos unos 200, ahora superamos los 2.000 socios y unos 20.000 simpatizantes. Cada socio contribuye con una cuota de 30 euros al año», afirma.

Arnaiz nos cuenta, además, que desde hace tres años trabajan codo con codo con la Asociación Nacional del Rifle de Estados Unidos y de hecho son invitados a la convención anual para intercambiar pareceres. «También estamos hermanados a través de una federación con todos los países de la Unión Europea. Si nos comparamos con nuestros socios europeos, nosotros tenemos uno de los peores reglamentos de la Unión. Aquí las armas están muy reguladas y con una serie de reglamentos paralelos para canalizarlo que es muy complejo. Por ejemplo, si quieres tener un arma para competir a larga distancia tienes que guiarla (registrarla) como arma de caza y eso causa problemas porque cuando vas a renovar la licencia no vale una deportiva cuando ha sido un arma de caza. El problema es que no está adaptado a la realidad, sino a la corrección política. Esto hace que no sea práctico», protesta.

Para ello, se reúnen con todos los partidos y, por supuesto, agradecen a Vox el haber puesto sobre la mesa este espinoso asunto. «Sabemos lo que podemos pedir a unos y a otros. Por ejemplo, con el Partido Socialista no podemos hablar de defensa del hogar, pero sí de leyes de transparencia en el Congreso como es el caso de por qué no se deja ir a observadores a la comisión interministerial de explosivos. En ese aspecto sí que nos ha ayudado a organizar una votación que curiosamente PP y Podemos se unieron para votar en contra», analiza.

El presidente de Anarma es riguroso y quiere aclarar cuál es el fondo de la cuestión del debate abierto por el partido de extrema derecha.

«De lo que estamos hablando no es de un acceso más flexible a las armas, sino de que esas armas se puedan utilizar en el hogar para defenderse y que aquello no suponga un calvario judicial. El problema que existe en este sentido va en relación a la proporción y la relación del medio; es decir, que si te asaltan en casa la ley dice que te tienes que defenderte en fuerza proporcional al nivel del asalto. Si el ladrón me saca un bate yo no puedo sacar una escopeta, sino un instrumento defensivo como el suyo. Pero lo que ocurre es que la proporción también afecta al entorno. Si estoy durmiendo cuando me asaltan estoy en desventaja independientemente del arma. Nosotros lo que proponemos, y que es lo que ha expuesto Vox, es que se cambie el reglamento para que si una persona entra en mi casa automáticamente se dé por hecho que está poniendo mi vida en peligro. Si alguien allana mi morada y estoy dentro, esa persona ha puesto en riesgo mi vida y por lo tanto yo puedo usar cualquier tipo de fuerza, incluso la letal, para repelerle», argumenta.

Riesgo de proliferación

Una iniciativa con la que algunos se han llevado las manos a la cabeza ante los posibles riesgos de que las armas caigan en las manos equivocadas y nos convirtamos en un país al más puro estilo Western. Arnaiz trata de calmar a los más escépticos y asegura que los mecanismos de control y protocolos para la disposición de licencias funciona a la perfección. «En este momento en España hay 1.600.000 licencias de arma, entre ellas 8.500 de categoría b, que son las de autodefensa, y no ha habido problemas. Si los hubiera habido estaríamos todo los días en las noticias», reivindica. Lo que sí está claro es que si lo propuesto por Vox saliera adelante (harto complicado) sí se produciría una proliferación armamentística en nuestro país, «pero sería puntual, luego se estabilizaría», asegura el experto.

Otra de las dudas que han surgido está relacionada con el papel de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. ¿No podemos confiar en ellos para velar por nuestra integridad? ¿Nos convertiríamos en los guardianes de nuestra propia seguridad? «España es un país que viene de una dictadura y las dictaduras son paternalistas. Ahora seguimos en una democracia que sigue el mismo patrón: el Estado es el que tiene el monopolio del uso de la fuerza. Está claro que las Fuerzas de Seguridad tienen capacidad de acción, pero no son omnipresentes, no puede haber un policía en cada casa», responde Arnaiz, quien también utiliza como justificación de su postura la seguridad extra que supondría para las mujeres que sufren violencia de género el disponer de un arma para su defensa. «El 50% de las víctimas de género estaban bajo protección policial y fueron incapaces de defenderlas», sentencia. Para él, «las democracias más avanzadas tienen una tasa elevada de armas civiles, por lo contrario, en Venezuela o Cuba esto no es así. Si la seguridad es compartida seremos una sociedad más segura», sentencia.

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