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Forcadell ya es la «desertora» número 14

Forcadell está investigada y en libertad provisional en una causa por rebelión que instruye el Tribunal Supremo

  • Carme Forcadell
    Carme Forcadell / Efe
Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

12 de enero de 2018. 01:48h

Comentada
T. Bolaño.  Barcelona. 11/1/2018

Carme Forcadell ha sido la última en tirar la toalla. No será presidenta de la Mesa del Parlament por recomendación de sus abogados. Lo hace tras Carles Mundó, ex consejero de Justicia, que también rechazó asumir el cargo. Con Forcadell ya son catorce los últimos abandonos sonados en el independentismo. Artur Mas, los ex consejeros Jordi Baiget, Neus Munté, Jordi Jané, Santi Vila, Meritxell Ruiz, Forn; los líderes de las formaciones municipalistas Neus Lloveras y Miquel Buch; los miembros de la Mesa de la pasada legislatura Ramona Barrufet, Anna Simó o Lluís Corominas, o el que fuera director de los Mossos, Albert Batlle.

Forcadell seguirá de diputada, pero su renuncia abre de nuevo el melón de la negociación. Ernest Maragall, que presidirá la Mesa de Edad, es uno de los candidatos, junto a Raül Romeva y Antoni Castellà, siempre y cuando la presidencia la asuma ERC, tal y como acordó Puigdemont con Rovira el pasado martes por la noche. Sin embargo, la situación está abierta porque la Mesa está íntimamente ligada con la investidura. «Si ERC tiene la presidencia del Parlament, ya puede olvidarse de tener opciones para presidir el país porque son tercera fuerza», apuntan desde Junts per Catalunya donde, por otra parte, son conscientes de que ante un «pasa palabra» de los republicanos tendrán que plantear nombres. Suena uno de los colaboradores más estrechos de Puigdemont en Bruselas, Quim Torrà.

Además de este pulso, se producen otros al unísono. La CUP decidirá este fin de semana si acepta entrar en la Mesa ya que Junts per Catalunya les ha ofrecido un puesto. «Es una muestra de cómo está el país. La derecha le ofrece un lugar a los antisistema», comentan sectores soberanistas. ERC le ha ofrecido un puesto a los Comunes de Xavier Domènech, que «no descartan incluso la presidencia en función de la evolución de los acontecimientos, porque lo ligan a la investidura», reconocen fuentes conocedoras de las conversaciones.

Los republicanos hacía días que esperaban que Carme Forcadell diera el paso: si ella quería, repetiría como presidenta de la Cámara. Pero, si no, respetarían su decisión. Finalmente la número cuatro de la lista de ERC ha optado por no postularse para el cargo. «El nuevo momento político requiere una figura nueva libre de procesos judiciales. Dejo el cargo orgullosa del trabajo hecho», afirmó Forcadell. La ex presidenta defendió que «el Parlamento debe poder hablar de todo» y advirtió de que «una vez se abre la puerta a la censura, ya no se puede cerrar». Por ello se mostró satisfecha por haberse «mantenido firme en las obligaciones. No nos hemos doblado, no hemos cedido».

Seguramente en la decisión ha pesado su situación judicial. Forcadell acumula varios cargos, por haber permitido tramitar las leyes del referéndum y de transitoriedad y por haber facilitado el debate y votación de la declaración de independencia. De hecho, el 9 de noviembre el Tribunal Supremo decretó para ella prisión bajo fianza, pero salió al día siguiente tras pagar 150.000 euros.

El Supremo asimiló otras causas que había contra el ex líder de la ANC, por las que había declarado al TSJC: permitir la creación de la comisión del proceso constituyente y la tramitación de las leyes de desconexión.

En este sentido, Forcadell defendió su actuación como presidenta del Parlament en aras de la soberanía de la Cámara catalana: «He actuado siempre para defender la libertad de iniciativa y el derecho de liberad de expresión de los diputados, he actuado como corresponde», ha subrayado. Así, y ante la «fobia» del Gobierno y del Estado a «la palabra y el diálogo», Forcadell señaló que el «principal reto» de la pasada legislatura fue el de «preservar» la soberanía del Parlament, algo que a su juicio se logró hasta la disolución de la Cámara con la aplicación del 155. No obstante, Forcadell admitió que «se han traspasado algunas líneas rojas» desde el punto de vista «político», que no personal, y que se pueden haber cometido «errores», porque «las cosas siempre se pueden hacer mejor». Forcadell no quiso valorar actuaciones «políticas» como una eventual investidura de Carles Puigdemont de forma telemática, y aseguró que ni ella personalmente ni ningún grupo parlamentario han solicitado un informe a los letrados del Parlament para que se pronuncien sobre esta vía. Y explicó que asumió la presidencia del Parlament para una legislatura «corta», «excepcional», «intensa» y de «alto voltaje», y que ahora con su renuncia a repetir en el cargo cierra un «ciclo».

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