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Casado arrolla a Rivera en el nuevo mapa territorial

El PP se sirve de Cs para recuperar Madrid y Zaragoza, conservar casi todas sus capitales de provincia y reforzar a Casado. Rivera paga su estrategia y la inexperiencia de sus negociadores.

  • El PP gana poder territorial con menos votos que en las elecciones de 2015/Foto: Luis Díaz
    El PP gana poder territorial con menos votos que en las elecciones de 2015/Foto: Luis Díaz

Tiempo de lectura 4 min.

17 de junio de 2019. 13:27h

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Carmen Morodo 16/6/2019

Ciudadanos (Cs) ha ayudado a Pablo Casado a conseguir la primera victoria desde que asumió el liderazgo del partido. El PP gana poder territorial con menos votos que en las elecciones de 2015 y lo hace gracias a meterle un gol por toda la escuadra a la formación naranja. Por lo que la victoria «puntúa doble», se felicitaban ayer tarde en Génova. A esta autosatisfacción no le ponen pegas ni los más críticos dentro del partido. Si el objetivo de Albert Rivera en esta negociación era avanzar en su estrategia de hacerle el mayor daño posible a su principal adversario, y ganar poder territorial, el resultado no se ha ajustado en nada a estas pretensiones.

«Estrategia equivocada y equivocado manejo de los órdagos». La foto global del nuevo mapa territorial confirma que Ciudadanos ha pecado de falta de experiencia en el cuerpo a cuerpo con el equipo negociador del PP, con Teodoro García Egea y Javier Maroto al frente. Y ha pagado también la apuesta por renegar de su papel de partido bisagra. En la mesa de negociación el PP ha sacado su músculo de «vieja política» y se ha servido de Ciudadanos para conseguir más poder local del que tenía, recuperar Madrid y Zaragoza, conservar casi todas sus capitales de provincia y reforzar a Pablo Casado con los Gobiernos de Madrid, Castilla y León, Murcia y Canarias. Sin apenas cesiones en favor de Albert Rivera.

Casado arrolla a Rivera en el nuevo mapa territorial

Cs se queda con poco más que las diputaciones que le han caído del bombo, después de que en 2016 pusiera negro sobre blanco en su pacto de Gobierno con Pedro Sánchez la supresión de estos organismos. Un «éxito» que entonces atribuyó a su incisiva apuesta por la regeneración democrática.

Rivera se consolida así como subalterno del PP en los principales gobiernos autonómicos, toda una metáfora del sorpasso. Y, además, debe cargar con el peso de que el poder que tiene, casi todo se los debe a los votos de Vox. Estocada por la derecha y por la izquierda. A cambio de que el PP consiga una foto de poder territorial que pocos en el PP pensaron que llegarían a firmar sobre la base de los resultados de las autonómicas y municipales de mayo.

El PP cede Palencia y Granada, y Badajoz, pero sólo la mitad de la Legislatura. Ciudadanos contaba también con Burgos y Huesca, pero PP y Vox escenificaron una ruptura de la disciplina de partido y las Alcaldías se han quedado finalmente fuera del cesto de los naranjas.

La decisión de Rivera de afrontar las elecciones generales con un giro de 180 grados a su estrategia pudo ser su única alternativa para «aguantar» en esos comicios, pero ahora se demuestra que le dejó atado de pies y manos ante las autonómicas y municipales. La política es flexible, pero no tanto como para desdecirse un mes después de su decisión de renegar de su condición de partido bisagra, en el centro, y garantía de estabilidad a derecha y a izquierda.

A Casado, perder Madrid le hubiera abierto una crisis de inciertas consecuencias a medio plazo. Pero quedarse sin alguno de sus otros dos feudos territoriales de referencia también le habría abierto un agujero importante en su estabilidad interna. Aunque Madrid sea la «joya de la Corona», Castilla y León y Murcia son cantera, sede de empleo para muchos «cuadros» populares y símbolos del poder que los populares ha llegado a tener a nivel territorial.

Vox es la piedra en el zapato de Rivera. Si se compara sus escaños con el resultado de la negociación, Santiago Abascal consigue trasladar el mensaje de que aunque no logre todo lo que planteó en su juego de órdagos, sí han sido capaces de hacer valer el principio de que el «trueque» en la Junta de Andalucía no se iba a volver a repetir. Además, gana espacio para seguir apretando las tuercas a PP y a Ciudadanos a la derecha de la derecha. En la gestión, Vox va a ser un aliado mucho más incómodas para Rivera que para Casado, pero también en este caso la nueva política ha demostrado que más vale sillón en mano que grandes principios en la oposición.

Las alianzas municipales no tienen marcha atrás a nivel autonómico. Es un pacto global. Por lo que puede decirse que ayer se abrió una nueva etapa en el poder territorial en la que se pondrá a prueba hasta qué punto la competencia dentro de cada bloque puede garantizar estabilidad y ofrecer resultados de gestión.

Ayer todos los partidos sostuvieron que habían ganado. Pero por votos y resultados de poder el más favorecido ha sido el PP. Estas elecciones han dado la vuelta al escenario de 2015. El PSOE consiguió entonces utilizar la alianza con Podemos para consolidar poder que no había obtenido en las urnas. Esto mismo es lo que ha hecho el PP en esta ocasión, utilizando como muletas a Cs y a Vox.

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