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Casado hará cambios en su equipo tras el 26-M

Operación de cambio de imagen en el PP para aflojar tensiones internas. Levy y Lacalle abren hueco en el Congreso a MariMar Blanco

  • Andrea Levy seguirá en Génova, pero se centrará en el Ayuntamiento de Madrid. Daniel Lacalle se incorporará al Comité Ejecutivo del partido
    Andrea Levy seguirá en Génova, pero se centrará en el Ayuntamiento de Madrid. Daniel Lacalle se incorporará al Comité Ejecutivo del partido

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17 de mayo de 2019. 12:16h

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Carmen Morodo 17/5/2019

Génova maneja ya el escenario de que haya cambios en el núcleo de dirección tras las elecciones autonómicas y municipales. «Más por adicción que por ceses», puntualizan, pero, en todo caso, una operación de cambio de imagen que sirva para aflojar tensiones internas y calme la ansiedad por los resultados electorales de las pasadas generales. Y de las autonómicas y municipales si no salen bien, y, aun así, la dirección popular consigue su objetivo de resistir al frente del partido. La situación es «ajustada», sobre todo en Madrid, donde se juega la gran batalla de las elecciones del día 26.

La «actualización» del equipo sería una salida para ganar tiempo dentro del proceso de revisión estratégica que la cúpula popular tendrá que afrontar una vez se cierre el ciclo electoral. La proximidad de las generales y las autonómicas y municipales ha anulado el margen de reacción del PP después del desastre electoral del 26-A. Pero una vez que pase el último examen electoral, Génova tendrá que actuar, incluso en el caso de que se confirmen sus deseos y «aguante» el poder territorial que tiene en la actualidad sin que Ciudadanos les adelante en sitios clave por su simbolismo en el reparto del poder territorial.

La reacción de Génova dependerá del resultado electoral. Ellos dicen que confían en recuperar voto en estas elecciones, en parte de aquellas circunscripciones en las que Vox no presenta candidatura. La infraestructura territorial de los populares es mucho más fuerte que la de Ciudadanos y, por supuesto, que la del partido de Santiago Abascal. Si el PP mantiene su poder territorial, con la plaza de la Comunidad de Madrid como símbolo principal, Casado tendrá más margen para reordenar sus «cartas» y fijar un camino de oposición que se ajuste a un escenario que no entraba ni en las peores previsiones del PP. Si no fuera así, y ésta es una hipótesis que los datos no permiten descartar, Casado tendrá que reaccionar con rapidez para frenar la contestación interna. El recurso de los cambios ya lo utilizó Mariano Rajoy después de las elecciones autonómicas y municipales de 2015. La importante pérdida de poder territorial que entonces sufrió el PP le obligó a sacarse de la chistera un lavado de cara de la cúpula del PP, momento en el que se incorporaron al «núcleo» de Génova el propio Casado, Andrea Levy y Javier Maroto, por ejemplo. Tres figuras claves en la candidatura que ganó el Congreso de julio del año pasado, en el que se decidió la sucesión de Rajoy.

En la actual dirección, los resultados de las generales colocaron en el centro de la diana al secretario general, Teodoro García Egea. Como principal ejecutor de la renovación de las listas, en cumplimiento de las instrucciones de Casado, en el partido han focalizado en él las críticas a cómo se ejecutó ese proceso de renovación, el sentido de algunos de los fichajes y la manera de imponer las decisiones frente al criterio regional. Es el chivo expiatorio fácil dentro de la cadena de decisiones. En el partido también hay críticas hacia el círculo que asesora a Casado por su relación directa con el ex presidente del Gobierno José María Aznar. Casado no puede lanzar la imagen de que echa todas las responsabilidades sobre su equipo más directo y que corta cabezas para lograr salvar la suya. Pero tampoco puede quedarse de manos paradas. Génova cree que en tiempo de crisis graves, lo mejor es no hacer movimientos bruscos y buscar en la estabilidad el arreglo para los problemas. Pero también saben que el PP es un partido de gobierno que tendrá graves dificultades para sostenerse si después del resultado de las generales, las autonómicas y municipales lo hunden más en la crisis.

El alcance de las consecuencias de los resultados del domingo lo refleja la decisión adoptada ayer. La vicesecretaria de Estudios y Programas, Andrea Levy, renunció a su escaño en el Congreso y también el economista Daniel Lacalle, lo que permite que no se quede fuera de la Cámara Baja Marimar Blanco, símbolo del PP en la lucha contra el terrorismo. Es hermana del concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco, asesinado por ETA. También por esta vía entra «in extremis» José Ignacio Echániz, del círculo de confianza de Casado. Levy seguirá en Génova, pero se centrará en el Ayuntamiento de Madrid, donde concurre como «número dos» de José Luis Martínez Almeida. Iba de seis en la lista de Casado al Congreso. La pérdida de escaños y de poder deja a muchos dirigentes del partido en el paro y hace más inconveniente que se acumulen cargos. Levy explicó ayer que su decisión es la mejor para el PP porque la situación le exige en estos momentos dedicarse de lleno a Madrid.

Lacalle aclaró que el abandono del escaño era por decisión propia, al considerar que puede aportar lo mismo desde la Fundación Concordia y Libertad, donde es el responsable económico. Sí se incorporará al Comité Ejecutivo del partido, es decir, que aumentará su peso orgánico dentro de la formación.

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