Política

Casado se coloca enfrente: ni abstención ni colaboración

El pacto Sánchez-Iglesias viró el debate interno donde se escucharon voces a favor de apoyar un gran acuerdo con Ciudadanos y el PSOE para no depender de los soberanistas.

El pacto Sánchez-Iglesias viró el debate interno donde se escucharon voces a favor de apoyar un gran acuerdo con Ciudadanos y el PSOE para no depender de los soberanistas.

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La notica del acuerdo entre el PSOE y Podemos viró ayer el debate del Comité Ejecutivo del PP porque la reunión había comenzado bajo la sombra de la discusión sobre si debían o no abstenerse para facilitar un Gobierno de Pedro Sánchez. Dirigentes regionales como el extremeño José Antonio Monago sembraron el camino de quienes defienden no cerrar la puerta a esa abstención, y ya dentro de la Ejecutiva el testigo lo cogieron referentes de la nueva etapa como la «número uno» por Barcelona, Cayetana Álvarez de Toledo, quien propugnó un gran acuerdo con el PSOE y que incluya a Ciudadanos, el llamado Gobierno de concentración. También el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, tomó la palabra para defender que había que esperar a ver los movimientos de Sánchez y no cerrar la puerta a esa posible abstención si es para evitar un Gobierno que dependa de los independentistas.

Pero el pacto entre Sánchez y Pablo Iglesias dejó vieja la discusión, que queda aparcada hasta ver en qué concluyen las conversaciones y si consiguen los apoyos necesarios para sacar adelante el acuerdo de investidura. Desde el PP advierten de que el debate de la abstención es pertinente, pero siempre sobre la base de condiciones, y lo que no puede esperar el candidato socialista es la abstención del PP para facilitar «un acuerdo radical» con Podemos, si le falla el aval de ERC. Por tanto, el «no» del PP a este acuerdo ya está encima de la mesa. Porque en Génova también tienen claro que la única posibilidad de que prospere este acuerdo por la izquierda es con el respaldo de los republicanos independentistas, «a lo que se dedicará Iglesias en primera persona».

Más allá de esta cuestión principal, en la reunión de la Ejecutiva también empezó a enseñar las «orejas» el debate sobre la estrategia del partido en el nuevo contexto político. El cómo debe afectarles la efervescencia del crecimiento de Vox en su decisión de centrarse, posición que en estas elecciones generales les ha permitido ganar espacio por el flanco de Ciudadanos. Ayer ya hubo algunos «barones» que levantaron la mano para defender la necesidad de que el PP no abandone la posición moderada que ha adoptado en esta campaña. Así lo hicieron el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, o el de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco.

No obstante, todo quedó diluido por la irrupción de la noticia del principio de acuerdo de gobierno entre Sánchez e Iglesias, por lo que este debate estratégico queda pendiente para el futuro una vez que se aclare cómo arranca la nueva legislatura. Una de las primeras decisiones que tendrá que gestionar Casado será la constitución de las nuevas Cortes Generales y su posición en el reparto de puestos en la Mesa de la Cámara, donde por escaños Vox tiene derecho a exigir tener una representación. En principio, desde la dirección popular insinúan que lo lógico es que se respete la proporcionalidad y no se impongan vetos, como pretende la izquierda, a un partido que ha sido elegido en las mismas condiciones que las demás fuerzas que han concurrido en las urnas.

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Casado compareció ayer, contra lo previsto, una vez que se conoció el acuerdo de gobierno entre el PSOE y Podemos. Libre de la presión para que el PP se abstenga, al menos de momento hasta que se aclare en qué queda la negociación en la izquierda, la dirección popular valoró la situación irónicamente: «Para este viaje no hacían falta alforjas». El líder popular se lamentó de que el líder socialista ni le haya llamado, a pesar de que su «número dos» pidió su cabeza en la noche electoral. También dejó claro al PSOE que no puede contar con el PP para ninguna colaboración una vez que ha elegido la opción del Gobierno en coalición con Podemos. El contexto colocaba al PP en una situación contradictoria. Por un lado, el «no» oficial a Sánchez; por otro, las críticas y advertencias sobre los males de la opción de un Gobierno de coalición por la izquierda que dependa de los independentistas. La noticia del Gobierno de coalición les quita presión.

A puerta cerrada Casado evitó contestar a la petición del Gobierno de concentración o a la llamada a la prudencia y a no cerrar puentes. Optó por una respuesta global en la que destacó que Sánchez ya ha elegido, y que su partido realizará una oposición rotunda. También lamentó que Sánchez sea un obstáculo para los pactos y no represente al PSOE histórico con el que sí era posible entenderse. La dirección nacional del PP explicó que Casado llamó en la noche electoral a Sánchez, pero no consiguió contactar con él. Según su versión, la respuesta de Sánchez fue un mensaje de WhatsApp, ya el lunes, disculpándose por no haberle podido atender, sin que luego le devolviera la llamada.

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