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El colapso de la legislatura

Cobardía en el PSOE: nadie alzará la voz en la ejecutiva

Los socialistas admiten el golpe de la entrada en prisión de Ábalos. Y se resignan mientas Sánchez sea presidente

Sánchez preside la reunión de la Comisión Ejecutiva Federal en la sede del PSOE Carlos LujánEUROPAPRESS

No hay apenas palabras para describir el estado de ánimo del PSOE, un partido que pese a sus más de 140 años de historia, nunca deja de sorprenderse. Todos sabían que llegaría el momento de ver a su ex secretario de organización José Luis Ábalos en la cárcel. Pero no por mucho que estuvieran mentalizados, preparados, el golpe no duele menos. Los socialistas están «desolados», «consternados»...

En el partido se ha instalado la resignación. Casi todos saben que el presidente está fuera de combate, que la legislatura está muerta y con cero recorrido. Pero nadie quiere (ni puede) decírselo a Sánchez. Tampoco decirlo en alto. El Partido Socialista es una estructura vertical desde que Sánchez se hizo con su control. Todos siguen al líder y son leales a la cultura propia de la organización. Si el secretario general es presidente del Gobierno, no se le puede retar, porque entonces, «eres un traidor». Poco importa que haya decenas, centenares o miles de militantes que piensen que las últimas 48 horas son una absoluta vergüenza o que les mueva para iniciar un movimiento de contestación interna. Lo cierto es que nadie se moverá, porque si alguien lo hace, está muerto.

Fuentes de la ejecutiva socialista explican que el partido se ha tomado este fin de semana casi como si fuera un día de reflexión previo a unas elecciones. «Cada uno, como quien dice, está ya en su tierra para pasar el fin de semana. Y para pensar y analizar todo lo que ha pasado estos últimos días, que es un mazazo», cuenta un importante socialista de la dirección.

En efecto, será el próximo lunes cuando Pedro Sánchez, que se reunirá con la ejecutiva de su partido, aborde la entrada en prisión del exministro José Luis Ábalos y su exasistente Koldo García. «El presidente lo comentará, casi seguro, pero casi seguro también volverá a decir lo que ya nos ha venido contando este tiempo, que no hay nada que afecte a la financiación del partido, que todo se circunscribe a José Luis Ábalos y a Santos Cerdán», cuenta otro dirigente.

En lo que sí coinciden en la cúpula del partido es en que el momento más difícil fue la caída de Cerdán. El informe de la Guardia Civil sobre el también exsecretario de organización socialista fue demoledor. «Fue el gran golpe. Eso fue lo que casi tumba todo. Pero ahora, ya sabíamos que Ábalos iba a ir a la cárcel y ya se conocían lo motivos. No hay ninguna novedad», cuentan en la dirección del partido.

Las fuentes consultadas reiteran que nadie dentro de la dirección se atreverá a comentar nada al presidente. Todos coincidirán con su análisis y todos se prepararán para la arenga. El argumentario está listo: el partido actuó rápido contra quien la hizo y la pagó. Y el presidente fue engañado. El único miedo real dentro de la dirección es que Ábalos filtre algún contenido incriminatorio del presidente.

«¿Alguna fiesta? No creo que Pedro se haya ido de fiesta con Ábalos o Cerdán. El presidente es huraño en sus relaciones personales, que delimita a los más estrictamente personal. Pero nunca se sabe qué foto o qué mensaje pueden conservar», cuenta un diputado del partido. En cualquier caso, los socialistas admiten que tendrá que ser un contenido que manche o invalide la moral del líder y su reputación. Por no hablar de que le incriminen en algún hecho delictivo. Pero eso sí que lo descartan al cien por cien.

Y mientras, quienes se mueven dentro del partido, lamentan lo negro que se ha puesto todo. «A todos nos da tristeza ver que el final de esta etapa, en el que ya estamos, va a ser duro, turbio, de barro. Y esta organización, por su historia, no lo merece», concede un socialista curtido en batallas internas que terminaron con él. Al final, todos tienen claro que la marca del partido sufrirá a futuro. En verdad, en el Gobierno intentan restringir el incendio de Ábalos, Koldo y Santos al partido.

El Ejecutivo se abstrae por completo de la crisis. O lo intenta. Algunos ministros se evaden y solo entran en el tema los que se presentarán en próximas elecciones con las siglas. La obsesión del núcleo duro del presidente es apartarse todo lo posible del hedor del partido. El equipo de Sánchez en Moncloa no tiene ascendencia en el partido. Y eso, en verdad, molesta en Ferraz, donde lamentan ser ellos quienes ponen siempre la cara a lo duro mientras el Ejecutivo intenta salir airoso.

Pero el Gobierno tiene imposible desmarcarse. El fantasma de Ábalos y Koldo persigue a Sánchez. El presidente tiene imposible desvincularse de quienes fueron sus dos manos derechas. Todos, en verdad, asisten atónitos a este final. Nadie sabe cómo será ni cómo se desarrollará. Pero nadie se lo quiere perder. El PSOE se juega su existencia.