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Cortarse la coleta

  • Cortarse la coleta

Tiempo de lectura 4 min.

07 de septiembre de 2019. 21:42h

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Tomás Gómez 7/9/2019

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Los ciudadanos empiezan, como todos los años, el mes de septiembre intentando adaptarse de nuevo a la normalidad. Poco a poco van a ir enfocando la mirada hacia la actualidad política, por lo que los líderes deberán tener cuidado con los errores que puedan cometer porque tienen coste electoral.

El principal foco está puesto en el proceso de negociación entre Podemos y el Partido Socialista. Pablo Iglesias, que ha tenido la oportunidad de enfriar las ideas durante el verano, tiene a su favor ser muy táctico y que, desde julio, supo leer las señales de que lo que quiere Pedro Sánchez son unas nuevas elecciones.

Hasta el momento la batalla que han librado los dos líderes se ha circunscrito a cómo colocar un relato en los medios de comunicación que les fuese favorable.

Sánchez ha jugado a culpabilizar a los podemistas del no acuerdo, insistiendo en las ambiciones personales de sus dirigentes y atacado en un segundo flanco, el de su poca solvencia. Iglesias ha construido el relato de que el PSOE nunca ha querido un acuerdo porque le importan más los intereses partidistas que los del Estado.

En realidad, ambos han logrado parcialmente sus objetivos mediáticos. La mayoría no entiende el juego de los morados en el regateo de carteras ministeriales, pero están convencidos de que Sánchez solo busca repetir los comicios. Otra cosa diferente es que las proyecciones demoscópicas indican que el PSOE no es castigado por electores, sino favorecido

Sin embargo, no sería sensato menospreciar a Iglesias. De hecho, algo debe intuir el líder socialista para hacer unas declaraciones en las que rechaza ser elegido presidente “gratis”, sin un pacto con Podemos.

Aunque para los morados no entrar en el gobierno sería un varapalo interno grave, mayor sería su deterioro si se volviese a producir una hemorragia de votos en las urnas.

Para Iglesias un mal menor sería cambiar la posición y apoyar sin condiciones al PSOE. Sánchez no podría zafarse fácilmente del regalo envenenado, porque recibiría el encargo del Rey. El líder podemista conseguiría dos cosas: limpiar la imagen pública de ambicioso e irresponsable y, por otro lado, evitar las temidas elecciones.

Además, sin apoyos parlamentarios para gobernar y con unos datos económicos que han hecho saltar algunas alarmas, la legislatura podría convertirse en un calvario de desgaste para Sánchez.

Los próximos días van a ser rápidos. Iglesias tiene reflejos, es audaz y, convencido de que unas nuevas elecciones podrían suponer su final en política, está motivado a jugar con más riesgo.

El PSOE es más institucional y más lento de movimientos. No responder rápidamente puede arruinar la estrategia socialista y hacerlo, podría llevarle a una cadena de errores.

Puede que Pablo Iglesias haya decidido que prefiere cortarse la coleta y abandonar la forma de hacer política que le hizo despuntar, para evitar una crisis final en Podemos. Lo que no sabemos es que si, como Sansón, cortándose la melena, también perderá la fuerza.

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