Cumbre «in extremis»

Puigdemont y Junqueras encabezan un encuentro para reclamar a la CUP que «controle su respuesta» ante el fracaso de la votación.

Puigdemont y Junqueras encabezan un encuentro para reclamar a la CUP que «controle su respuesta» ante el fracaso de la votación.

El golpe que asestó ayer el Estado a los independentistas con el bloqueo del Centro de Telecomunicaciones de la Generalitat para impedir el recuento y el voto telemático dejó el referéndum moribundo. Si a las anteriores acciones de la Guardia Civil se habían podido rehacer y exhibir muestras de ello –como el vídeo que publicó Carles Puigdemont de una fotocopiadora trabajando a destajo para imprimir papeletas–, ahora no parece que haya capacidad de reacción. No hay margen para ello. Esto obligó ayer a que Puigdemont y Oriol Junqueras mantuvieran una cumbre de urgencia a última hora de la tarde para abordar el nuevo escenario abierto tras este revés. Puigdemont se encontraba ya en Girona, donde tiene previsto acudir hoy a votar –lo hará en Sant Julià de Ramis, el pueblo en el que está empadronado–, y Junqueras en Barcelona, donde también tiene asignado su colegio electoral –en Sant Vicenç dels Horts, en concreto–.

Según fuentes conocedoras de las reuniones, ambos mantuvieron primero un contacto telefónico a primera hora de la tarde, y después encabezaron un encuentro, en el que participaron Junts pel Sí y la CUP. El objetivo era analizar las nuevas circunstancias, asumiendo que la votación quedaba frustrada con la maniobra del Estado, y reclamar a la CUP que «controle su respuesta» ante esta tesitura. Esta consigna, hasta ahora parece haber funcionado, ya que los anticapitalistas, a lo largo de estas dos últimas semanas de máxima tensión con las actuaciones policiales que han habido para impedir el referéndum, apenas han provocado incidentes de gran calado y en la mayoría de ocasiones han propugnado la «resistencia pacífica».

Sin embargo, hasta ahora el escenario era de confianza en el Govern y en que el plebiscito se llevaría a cabo. Ante la decepción de que finalmente no se celebre, es más que posible que la CUP y los grupusculos afines eleven la tensión de la agitación en las calles y se pueden producir disturbios importantes. Esta es la imagen que no quiere proyectar ni el Govern ni Junts pel Sí, que siempre ha apostado por las reacciones y las movilizaciones «pacíficas» y «cívicas», de lo que han hecho bandera.

Asimismo, de cara a la semana post 1-O, ya hay diversas manifestaciones convocadas y una huelga general. En este sentido, la Generalitat, por ejemplo, ha dictado unos servicios mínimos muy por debajo de los habituales para colapsar el transporte.