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El 39% del Grupo Socialista podría incumplir la disciplina de voto

Iceta se suma a los díscolos y anuncia que el PSC votará «no»

El 39% del Grupo Socialista podría incumplir la disciplina de voto
El 39% del Grupo Socialista podría incumplir la disciplina de votolarazon

Iceta se suma a los díscolos y anuncia que el PSC votará «no»

La correlación de fuerzas entre sanchistas y críticos que consiguió doblegar a Pedro Sánchez, forzando su dimisión, sigue dividiendo el PSOE y amenaza con visibilizarse ante una eventual investidura de Mariano Rajoy. Los afines al ex secretario general siguen firmes en sus convicciones y, aunque evitaron pronunciarse en este sentido durante la reunión del grupo del pasado martes donde se habló abiertamente de la abstención, no permanecerán en una actitud tan pasiva en caso de tener que votar la continuidad del candidato popular al frente de La Moncloa. En un primer momento ya se trasladó desde el entorno del ex secretario general que Sánchez, «por dignidad», no podría moverse del «no» que defendió hasta el final de sus días al frente de Ferraz. A este pronunciamiento se sumó el de la ex secretaria de Administraciones Públicas y diputada por Zaragoza, Susana Sumelzo, que declaró –sin ambages– que votaría «no» incluso aunque esto supusiera contravenir el mandato del Comité Federal. Sumelzo añadió que había varios compañeros en su misma situación y los cálculos de este diario llevan a colocar a más del 39 por ciento del Grupo Parlamentario Socialista bajo el paraguas de los potenciales díscolos.

Existen, al menos, una treintena de sanchistas convencidos, aunque nada asegura que todos ellos opten por romper la disciplina de voto. A la práctica totalidad de la lista por Madrid, salvo excepciones como la del diputado Eduardo Madina o la de Ángeles Álvarez, que firmó a favor de la moción de censura; se suman una veintena de diputados de federaciones afines como Castilla y León, Galicia, Baleares o La Rioja. También dentro de los territorios hostiles con el ex secretario general, las tesis de Sánchez tienen predicamento y logran rebañar escaños de Aragón, Asturias, la Comunidad Valenciana o Extremadura. Sin embargo, el cuerpo más importante de afines con los que cuenta el depuesto líder del PSOE se encuentra en Cataluña. Ayer su primer secretario, Miquel Iceta, aseguraba que los socialistas catalanes votarían «no» diga lo que diga el Comité Federal. «El PSC sería coherente con lo decidido, no rompería nada, votaría ‘‘no’’», destacó. Iceta justifica su tajante negativa en que no sólo está en juego la viabilidad de un gobierno, sino también la estabilidad del mismo, ya que se obligaría al PSOE a participar de decisiones como la aprobación de los Presupuestos. «El problema no es sólo la investidura, sino luego la gobernabilidad. Si nos abstuviéramos se configuraría el peor Gobierno posible y el PSOE no tendría posibilidad de hacer oposición», señaló.

A pesar de los múltiples pronunciamientos en este sentido, desde la gestora se asegura que se cumplirá la disciplina de voto, incluido el propio Sánchez. En ningún caso se han planteado dar libertad de voto a los diputados y el reglamento del PSOE les faculta para poder imponer sanciones a aquellos díscolos que no sigan el mandato del Comité Federal. Además de las medidas coercitivas en el ámbito económico, que podrían llegar a los 600 euros de multa, el artículo 78 de la normativa interna del partido prevé la expulsión del Grupo Parlamentario si se contradice el sentido del voto marcado por la dirección.

Apelar a la Constitución

Contra esto, los díscolos sólo podrían enarbolar la Constitución. En concreto, el artículo 67.2, que regula los miembros electos en el Congreso de los Diputados y que reza que «los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados a mandatos imperativos», es decir, lo que comúnmente se conoce como la disciplina de voto y que todos los diputados cumplen a rajatabla.

La pugna entre sanchistas y críticos amenaza con visibilizar una cruda imagen en el hemiciclo. No obstante el movimiento díscolo, aunque representativo, no tiene capacidad para dar al traste con la investidura de Mariano Rajoy, ya que si el candidato popular concurre en las mismas condiciones que en septiembre, sólo serán necesarios 11 diputados socialistas para facilitar con su abstención que vuelva a La Moncloa.