El año en que Iglesias se purgó a sí mismo

Tras sus errores de cálculo internos y la errática gestión de la crisis secesionista en Cataluña, los expertos dan por amortizado su liderazgo: «El número de veces que un político se puede reinventar a sí mismo es finito».

Tras sus errores de cálculo internos y la errática gestión de la crisis secesionista en Cataluña, los expertos dan por amortizado su liderazgo: «El número de veces que un político se puede reinventar a sí mismo es finito».

Podemos acaba de celebrar un amargo cuarto cumpleaños. El recuerdo de aquel 17 de enero de 2014 en el que, en el que en el teatro del barrio de Lavapiés, se presentó un nuevo proyecto político para las europeas que se iban a celebrar en mayo, no ha podido soslayar la clamorosa ausencia de las figuras con las que Iglesias se lanzó a esta aventura: Juan Carlos Monedero, Carolina Bescansa, Luis Alegre y buena parte del hemisferio errejonista del partido han ido quedándose por el camino. Y la situación de Podemos tras la errática gestión de la crisis territorial en Cataluña hace temer que la próxima víctima puede ser el liderazgo del propio Pablo Iglesias, que hoy por hoy no sólo es el líder político peor valorado entre los cuatro de los principales partidos sino, lo que es más significativo, el peor valorado entre sus propios votantes. Y el panorama político no tiene visos de mejorar para Iglesias: la crisis independentista se eterniza, la amenaza de nuevas elecciones en Cataluña está presente y, por si fuera poco, cada encuesta es un jarro de agua fría para las opciones de Podemos de liderar la izquierda y presentar una alternativo sólida al gobierno del Partido Popular. En esta tesitura cabe preguntarse: ¿Podrá este joven político capear el temporal y resurgir de sus cenizas? ¿Estamos realmente asistiendo a los últimos compases de su fulgurante carrera?

El politólogo Pablo Simón, profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos II, lo tiene claro: «Sus posibilidades son nulas. Podemos da su liderazgo por amortizado» Su explicación es sencilla: «El número de veces que un político se puede reinventar a sí mismo es finito». Los líderes políticos no sólo dependen de sus propias cartas sino de su contexto. Corbyn en Reino Unido, Renzi en Italia y el propio Pedro Sánchez en España son ejemplos notables de «resurrecciones políticas» pero en estos tres casos se dio la circunstancia de que fue su partido el que les derrumbó y ellos los que se reinventaron y reconquistaron el liderazgo perdido. No es el caso de Iglesias. Estos ejemplos dentro y fuera de nuestras fronteras servirían más para explicar la trayectoria de Errejón que la del actual secretario general de Podemos. Simón va incluso más allá y asegura que, aunque se presentará seguramente a las próximas generales, tras el previsible estancamiento de Podemos «pilotará su salida y la entrega del poder interno a Irene Montero».

Pero, ¿cómo ha llegado Podemos a este punto en el que se llega incluso a plantear esta «autopurga» de Pablo Iglesias? La formación de extrema izquierda no ha dejado de perder apoyo desde Vistalegre II en febrero del año pasado. Además de la falta de acierto en la crisis catalana, el germen de la caída de Podemos está en el cambio de tesis central que se operó entonces. La teoría de Errejón tendente a un populismo que conquiste apoyos transversales, con trabajo importante en el parlamento y sin miedos de acercarse a otros partidos, fue derrotada por la de Iglesias. Frente al sentido común primó finalmente la pureza ideológica. La postura «neocomunista» de Iglesias proclama la fidelidad total al credo filosófico de la izquierda y se centra en la crítica a eso que se empezó llamando «casta» para pasar a ser «trama» y acabar por denominarse «bloque monárquico». Se confía en que «de manera natural los votantes despertarán y vendrán a nosotros», explica Simón.

La moción de censura sería el epítome de esta estrategia de polarización: Podemos contra todos. «Pablo Iglesias fracasó en esta estrategia porque jugó sólo con sus cartas. No anticipó la victoria de Pedro Sánchez», dice este experto. Sánchez arrebató a Iglesias la bandera de ser el campeón de la izquierda contra las estructuras del poder político y económico en nuestro país. El PSOE comenzó inmediatamente a reconquistar terreno perdido y a recuperar votantes que se habían extraviado. Todos los sondeos confirman esta premisa. La crisis territorial y la «subcontratación» de la estrategia a los comunes de Colau sellaron el destino de Iglesias: nuevas tensiones internas con la espantada de Bescansa y la dimisión forzada de Albano Dante Fachin y, principalmente, un nuevo fiasco electoral el 21-D. «Nadie entendió muy bien la posición de ni DUI no 155. Principalmente porque al final con quien se hacían la foto era con los independentistas». Preguntados sobre cuál puede ser el futuro del partido, expertos consultados advierten de que, a diferencia de las últimas generales, en las de 2020 la Ley Electoral podría tumbar la marca Podemos. El ejemplo de La Rioja es significativo: el PP logró 2 escaños, el PSOE uno y Podemos ganó por 700 a Cs el cuarto. La Rioja es una región sin tensión independentista donde no se ha entendido muy bien la postura de Podemos en Cataluña. Si este caso se repite por toda España Podemos podría acabar con 40 escaños de los que 30 serían de las confluencias y sólo diez bajo el control directo de Iglesias.