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El camino de baldosas amarillas

La Diada marcará la salida del «otoño caliente» en el que se evidenciará la fuerte división del independentismo abocado a elegir entre ruptura o elecciones

  • El presidente de la Generalitat visita la 36 Semana del Libro en Catalán, ayer en Barcelona. Quim Torra amaga de forma continua con un adelanto electoral. Primero habló de nuevas elecciones a partir del 27 de octubre, pero los sondeos no le acompañan
    El presidente de la Generalitat visita la 36 Semana del Libro en Catalán, ayer en Barcelona. Quim Torra amaga de forma continua con un adelanto electoral. Primero habló de nuevas elecciones a partir del 27 de octubre, pero los sondeos no le acompañan
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Madrid.

Tiempo de lectura 5 min.

10 de septiembre de 2018. 11:47h

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Toni Bolaño Madrid. 10/9/2018

El independentismo celebra mañana la primera Diada tras su intento de proclamar la independencia del año pasado. El panorama político mantiene la tensión mientras la sociedad catalana sigue con heridas sangrantes, difíciles de curar y, mucho menos, de cicatrizar. Torra sigue manteniendo un discurso altisonante y enfervorecido con el único objetivo de mantener a sus seguidores movilizados, pero su hoja de ruta hace aguas a la espera de cómo se despejan un sinfín de interrogantes.

1.- ¿Qué hacer ante la sentencia del Supremo a los presos independentistas? Torra, pero también Junqueras y Puigdemont, han fijado como principal objetivo conseguir la exculpación de los líderes independentistas. El juicio parece inminente y marcará la política catalana hasta la sentencia. Torra amaga con desobedecerla –habla de abrir las cárceles si son condenados, aunque el día 4 dejó toda la responsabilidad en el Parlament–, o dimitir, comportando un nuevo adelanto electoral. ERC quiere que su líder salga de prisión y que la fiscalía desista.

2.- ¿Cuál será la hoja de ruta? Las diferencias y las malas relaciones entre la Crida Nacional per la República y ERC dejan la hoja de ruta en el alero. La Crida quiere romper con el Estado si no se consigue un referéndum de autodeterminación, aunque sus movimientos se alejan de romper la legalidad, mientras ERC quiere ganar tiempo para ampliar la base social del independentismo. Joan Tardà lo expresó nítidamente esta semana: «Una mitad no puede imponer la independencia a la otra mitad», señalando a quienes aspiran a hacerlo como ilusos o estúpidos.

3.- ¿Quién liderará el movimiento independentista? La Crida de Puigdemont y ERC mantienen su pulso. Los resultados de las últimas elecciones les sitúan en un empate que hace imposible su entendimiento. Además, sus planteamientos antagónicos. Mientras que Puigdemont trata de mantener la agitación, con el inestimable apoyo de la CUP, la ANC y los CDR, ERC busca nuevos espacios. No abandona el objetivo de la independencia, y mientras llega aspira a consolidar la autonomía e implantar políticas de izquierdas.

4.- ¿Asistiremos a una unidad independentista? Hasta ahora Puigdemont ha fracasado en su idea de imponer un único liderazgo y un único partido al movimiento independentista. ERC se ha negado y no tiene intención de acudir a las municipales con listas únicas. Tampoco la CUP se somete al «movimiento nacional» de Puigdemont, y ni tan siquiera formaciones menores como Convergents, del ex conseller Germà Gordó. De hecho, ERC y CUP señalan a la formación de Puigdemont como «la derecha de toda la vida», y aspiran arrebatarle el liderazgo.

5.- El tripartito de izquierdas, ¿la fórmula para romper bloques? Las últimas elecciones reflejaron de nuevo la división de la sociedad catalana. Independentistas y constitucionalistas se sitúan enfrente, en dos bloques irreconciliables. ERC aboga por romper estos bloques. El único camino para conseguirlo es una alianza de izquierdas con el PSC y los comunes, pero para ello debe renunciar a la unilateralidad, que se ha demostrado un fracaso porque el independentismo se basó en entelequias y el Estado reaccionó con firmeza. Esta alianza, sin embargo, sólo es posible si se abre un nuevo escenario electoral.

6.- ¿Estamos ante nuevas elecciones? Torra amaga constantemente con esta posibilidad. Primero apuntó nuevas elecciones a partir del 27 de octubre, fecha en las que puede volver a convocarlas. Sin embargo, los sondeos no le acompañan. Ahora sitúa esta posibilidad tras la sentencia, pero las elecciones sólo las convocará Puigdemont y un nuevo escenario no le puede ser favorable porque puede perder influencia.

7.- ¿Cuál será el papel de Puigdemont? El ex presidente fugado centra todos sus esfuerzos en mantener su influencia y su poder. Por eso, apuesta por forzar la situación y mantener la tensión. La normalización no le interesa en absoluto. De hecho, todavía se lamenta del cambio de gobierno porque «con Rajoy se vivía mejor».

8.- ¿Cómo serán las relaciones con el Gobierno? La llegada de Sánchez a La Moncloa ha dado al traste con el discurso victimista de Torra y Puigdemont. De ahí, las cargas contra la Corona, porque el lenguaje del Ejecutivo socialista no sube los decibelios de tensión por los que abogan. De momento, se mantienen las conversaciones en la Comisión Bilateral porque fuera de este marco el independentismo no sabe qué hacer porque la ruptura se antoja como un imposible.

9.- ¿Es posible la reacción del PDeCAT? Puigdemont ha sometido a su partido, pero el malestar interno es creciente. Los partidarios de Marta Pascal se están rearmando para dar la batalla, aunque su debilidad es manifiesta. Un cambio de actitud del PDeCAT daría carpetazo a las veleidades de un gobierno sin programa.

10.- Los constitucionalistas. Ciudadanos, falto de iniciativa política, ha levantado la del enfrentamiento cívico a cuenta de los lazos amarillos, pensando más en el resto de España que en Cataluña. El PP le sigue a regañadientes, mientras que el PSC marca distancias junto a los comunes, descabezados sin Domènech. Ahora, el constitucionalismo se parapeta tras el Gobierno de Sánchez a la espera del pulso de las municipales que se centrará en Barcelona.

Los niños con cáncer se ven perjudicados por los lazos amarillos

La Federación Española de Padres de Niños con Cáncer ha denunciado que los «lazos amarillos» perjudican a sus hijos, ya que el símbolo del cáncer infantil es desde 1978 el lazo dorado, un color que se llega a confundir con el independentismo catalán y que ya ha creado situaciones tensas en regiones como Valencia y Aragón. El año pasado, 185 edificios e instituciones iluminaron o colgaron grandes lazos dorados en sus fachadas en un gesto hacia estos niños.

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