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El "cerebrito" de ETA

Ternera era el que asignaba los objetivos de la banda y las temporadas de mayor o menor agresión

  • El "cerebrito" de ETA
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    PLATÓN

Tiempo de lectura 4 min.

17 de mayo de 2019. 11:20h

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Por Iñaki Arteta Orbea .  16/5/2019

Tres de febrero de 2000: «José Antonio Urrutikoetxea, Josu Ternera, participó ayer por primera vez como parlamentario en la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara vasca». Era la primera vez que podía acudir a este foro, tras su reciente puesta en libertad después de haber permanecido once años encarcelado en Francia y España por su pertenencia a ETA. Josu Ternera no intervino. Su presencia no generó el más mínimo comentario de los partidos no nacionalistas, que en su día criticaron con dureza su designación por parte de EH. Para el peneuvista Iñigo Urkullu (Presidente de la Comisión), Urritikoetxea es un «parlamentario más». Autor intelectual de gran parte de los asesinatos de ETA, Urritikoetxea fue considerado por nuestro lendakari uno más en el templo de la democracia vasca.

Pocos días después de su incorporación a tan honorable comisión, ETA asesinaba en Vitoria a un compañero suyo, el parlamentario socialista Fernando Buesa, a la vez que a su escolta, Jorge Díaz Elorza. El Gobierno vasco liderado por Ibarretxe, que en aquel momento mantenía un acuerdo parlamentario con Herri Batasuna, no lo rompió por eso. Meses después ETA volvió a asesinar a otro socialista, también compañero por cierto de Eguiguren, Juan María Jáuregui y aún quedaban 57 asesinatos por cometerse antes de que por fin ETA «bajara la persiana» (en expresión de Andoni Ortúzar). Ahora el socialista Eguiguren, considerado a sí mismo como experto en materia de resolución de conflictos, dice que Ternera nos trajo la paz. A costa de sus compañeros, entre otros. Luchador entregado de por vida en la causa de su pueblo oprimido, obligado a defenderle a mediante la eliminación efectiva de los obstáculos para la paz, largamente exiliado, perseguido por las fuerzas enemigas con saña hasta la detención de ayer. Sin duda, un héroe.

Vinculado a todos los intentos de negociación pertrechados por la banda terrorista y admitido como interlocutor por tantos gobiernos democráticos, fue el autor del comunicado de mayo del pasado año en el que ETA anunció su disolución, así que hay quien se queda con ese indiscutible mérito: él nos dio la buena nueva. Si en el año 2000, según Urkullu, un tipo como este era uno más entre nosotros, qué vamos a decir ahora de los que, tras pasar por la «organización» nos dan clases de historia reciente explicándonos algunos detalles que no hemos terminado de asimilar o de democracia o hacen de profesores de nuestros hijos o incluso nos dan misa. Realmente haber dedicado toda su vida al ingrato trabajo que se tomó organizando su «empresa» para que hubiera algunos menos de los «otros» y haberlo conseguido, puede considerarse un éxito en su misión. No podemos negarlo, sus logros no han sido pocos, gracias a ellos está nuestra pequeña sociedad como está. A raíz de la detención de su (suponemos que más que amigo) Ternera, Otegi ha dicho algo excitado que «la paz tiene enemigos muy poderosos» y que «hay gente que tiene intereses en que la paz no se consolide». Paz, paz y paz. Hay más hombres de paz en esta tierra vasca que cocineros. Ha habido tanta gente de paz matando durante 50 años que uno puede acabar no pudiendo ser capaz de explicar nada de nada. «Así no resuelven los problemas. No se resuelven con juicios, no se resuelven con policía, no resuelven con cárceles», ha continuado diciendo Otegi. Conclusión compartida con ese otro mundo absurdo que es el del independentismo catalán. Los no nacionalistas siempre fuimos los culpables de la violencia que sufríamos, la única perspectiva válida que ha existido desde el comienzo de las campañas de asesinatos terroristas ha sido que aceptáramos las propuestas del mundo radical, porque así todo hubiera terminado mucho antes. La responsabilidad del terror siempre ha sido nuestra por no aceptar los planes que tan generosamente se nos han venido ofreciendo tanto desde ETA como de los gobiernos nacionalistas en Euskadi.

Impedir que siguiera suelto

Lástima que incluso algunos socialistas también lo sigan entendiendo así. Estamos en la reconciliación, y esta culminará cuando Otegi sea lendakari y el señor José Antonio Urrutikoetxea ocupe el sillón de consejero de Interior del Gobierno vasco. Es verdad que ahora, se pongan como se pongan sus íntimos o sus admiradores en la política, puede que le toque una buena temporada de cárcel. Las fuerzas democráticas que nos protegen han ejercido con éxito su tarea: impedir que un tipo así siguiera suelto. Por eso hay que felicitarse. Qué digo, abrir una buena botellita para cenar. La jueza Lamela, Dignidad y Justicia, Covite y las víctimas en general le esperan hace tiempo ansiando que la aplicación del Derecho internacional por sus delitos de lesa humanidad le hagan el resto de su vida más difícil. Durante sus anteriores once años en la cárcel, Ternera obtuvo un diploma de cocina por la UNED, quizás ahora le de tiempo a sacarse el grado superior.

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