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El encuentro de las víctimas que sólo se conocían por WhatsApp

Testimonios de un año después. «Todo esto se ha politizado», recuerda un superviviente

Fernando Julián de Mier, quien era hace un año guardia de seguridad del mercado de la Boquería, fue condecorado por la Policía Nacional por su atención a las víctimas / Shooting
Fernando Julián de Mier, quien era hace un año guardia de seguridad del mercado de la Boquería, fue condecorado por la Policía Nacional por su atención a las víctimas / Shootinglarazon

Testimonios de un año después. «Todo esto se ha politizado», recuerda un superviviente.

Un año después, las heridas no han cicatrizado en el corazón de las Ramblas de Barcelona. La imagen de la furgoneta blanca homicida conducida por el terrorista Younes Aboyaaqoub sigue persiguiendo a muchas víctimas de un atentado que dejó tras de sí 16 muertos y 130 heridos. Ayer algunos constataron que hay heridas que no han cicatrizado todavía porque el recuerdo de esa tragedia pervive en aquellos que la vivieron en primera persona.

Fernando Julián de Mier no puede olvidar lo que vio aquel 17 de agosto de 2017. Él trabajaba para una empresa de seguridad privada y ese día estaba destinado en el popular mercado de la Boqueria. «Estaba de servicio. Habían robado a un hombre y estábamos enseñando las imágenes a la Guardia Urbana. Fue entonces cuando vi que todo el mundo corría hacia la entrada principal de la Boqueria. Vi que por La Rambla bajaba una furgoneta a toda velocidad y pude escuchar el ruido provocado por los golpes de los cuerpos que chocaban contra ella», recordaba ayer en declaraciones a este diario. Fernando salió inmediatamente hacia el escenario de la tragedia «porque quería ayudar. Empezamos a tapar cuerpos y a socorrer a personas que estaban con las piernas rotas. Yo subí hasta la fuente de Canaletes donde había un chico de unos 18 años con la piel con un tono amarillento. Ya estaba muerto».

El guardia de la Boqueria admite hoy que ese día «corrí riesgo porque mi única arma era una porra. Me quedé 24 horas en el mercado porque después del ataque no podíamos entrar o salir de esa zona. Se hablaba de la posibilidad de más terroristas allí. Yo me quedé vigilando porque algunos de los puestos de la Boqueria quedaron abiertos y era posible que hubiera robos en mitad de ese caos. El colapso era total». Al día siguiente pudo irse a descansar, pero no por mucho tiempo porque «me volvieron a llamar porque se tenían que revisar las cámaras del mercado».

Fernando ya no está destinado en el mercado barcelonés, aunque sigue dedicándose a la seguridad privada tras haber sido condecorado por su trabajo. Un año más tarde, «me siento afectado por la melancolía. También estoy enfadado porque está muy bien que se recuerde a las víctimas, pero se pone el foco en la seguridad pública, en los bomberos, pero no en la seguridad privada, en aquellos que estuvimos aquel día trabajando. No me gusta que no nos llamen para estos actos. Nos han tratado como si no fuéramos nada, solo unos simples “seguratas”». Por todo ello, tras contemplar los actos del día de ayer cree que «todo esto se ha politizado. A mí no me gusta porque ha acabado siendo un paripé».

Ese 17 de agosto de 2017, frente a la Boqueria, Yolanda Ortiz paseaba por las Ramblas acompañada de su madre y de sus dos hijos Iván y Daniela, de diez y cuatro años, respectivamente. «Vimos dos atropellos ante nosotros porque la furgoneta nos pasó por delante», explicó en conversación con este diario. Un año después ella y su hijo están en tratamiento psicológico. Yolanda comentó que su hijo tiene pesadillas, duerme mal desde ese fatídico día.

En este tiempo sí que ha habido comunicación entre las víctimas, aunque muchas se conocieron en persona ayer en el acto organizado en la plaza Cataluña de Barcelona. «Tenemos contacto por WhatsApp y hemos hablado mucho de esta manera, pero no nos habíamos visto ahora», subraya esta víctima.

Ayer no solamente coincidieron en la plaza Cataluña sino que comieron todos juntos en un almuerzo privado organizado en el Palacete Albéniz. «Ha habido mucho silencio. Ya sabe usted eso de que una imagen vale más que mil palabras. Pues aquí ha sido lo mismo porque no nos hacía falta hablar: con la mirada nos lo hemos dicho todo para hablar del atentado», concluyó.