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Moix: «Me inmolo para proteger a mi familia y a la Fiscalía»

El hasta ayer fiscal Anticorrupción presentó su renuncia irrevocable «por motivos personales». El Fiscal jefe la aceptó y ello impidió que se viera en una complicada encrucijada ya que la situación se había vuelto imposible

  • El fiscal jefe Anticorrupción, Manuel Moix
    El fiscal jefe Anticorrupción, Manuel Moix
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

02 de junio de 2017. 11:08h

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Francisco Velasco Madrid. 1/6/2017

El fiscal general del Estado, José Manuel Maza, se encontraba en un callejón sin prácticamente salida alguna. Las presiones recibidas le habían llevado al convencimiento de que no tenía más opción que poner punto y final a la jefatura de Manuel Moix al frente de Anticorrupción, y, por otro lado, se veía en la obligación de defender sin fisuras a quien ha considerado un hombre leal en el que depositó toda confianza cuando le nombró para el cargo. Al regresar la noche del miércoles de Palma de Mallorca, el ya ex jefe de Anticorrupción tenía el firme propósito de poner su cargo a disposición de Maza, para que éste decidiese lo conveniente; sin embargo, tras analizar diversos acontecimientos familiares cambió radicalmente de criterio y decidió presentar su «renuncia irrevocable». Esa decisión ahorró al fiscal general el «trago» de tomar una decisión que quizás no era la que él deseaba; en un escenario donde la situación se había tornado prácticamente en imposible y donde el margen de actuación era más que estrecho. Al final, la «solución» la facilitó el propio Moix.

Ese fue el mensaje que transmitió el fiscal general cuando pasadas las 11:15 horas comparecía ante los medios de comunicación para comunicar que Manuel Moix le había presentado su renuncia «irrevocable» por motivos estríctamente personales y por ese motivo se veía «obligado» a aceptar que dejara el cargo.

Antes de ello, hizo una encendida defensa de Manuel Moix, del que aseguró que no había incurrido en ningún tipo de irregularidad ni ilegalidad por el mero hecho de tener una participación en una sociedad panameña propietaria de una vivienda situada en una urbanización de la localidad madrileña de Collado Villalba. Ese hecho, aseguró Maza, es «absolutamente regular» porque simplemente se trata de la «tenencia» de un bien que, aunque estuviese «fuera, en un país extranjero», su actividad se desarrollaba con «total transparencia, comunicación a la Hacienda Pública y pagando los correspondientes impuestos».

Por ello, consideró que no existía ningún tipo de «incompatibilidad» para ejercer el cargo de fiscal jefe Anticorrupción, algo que, en su opinión, hubiese sido de «justicia», toda vez que no hay Ley alguna que obligue a ninguno de los miembros de la carrera fiscal «a comunicar su herencia a los superiores».

Así, y tras la reunión que mantuvieron en el despacho del fiscal general, por espacio de algo más de media hora, relató ante los medios de comunicación que Moix se mantuvo firme y no dio marcha atrás en su renuncia «irrevocable».

Carta de dimisión

Fue en ese despacho donde Manuel Moix entregó al fiscal general una breve carta donde formalmente le comunicaba su dimisión. En ella, según fuentes solventes, el ya ex jefe Anticorrupción aseguraba que en ningún momento había realizado actuación alguna que no estuviese regida del respeto a la legalidad.

Y, junto a ello, hacía especial hincapié en las razones personales que le habían llevado a adoptar esa medida. En este punto, venía a señalar que no podía permanecer «impasible» ante la situación por la que estaba sufriendo su familia, derivada de los ataques contra él y el poner en permanente jaque su «integridad personal y profesional», cuando no había incurrido en ninguna irregularidad o ilegalidad. Maza, por su parte, le habría en ese momento que continuase y pensaba ratificarle en el cargo, a lo que Moix se habría opuesto.

«No servir de excusa»

En relación con ello, Manuel Moix aseguró, en declaraciones a LA RAZÓN, que los ataques que recibía excedían el ámbito personal «y se extendía a toda la familia, a la que se ha puesto en tela de juicio», algo que no estaba dispuesto a soportar más tiempo, y porque era igualmente un pretexto para atacar a la Fiscalía. Por ello, aseguró, no tenía otra salida: «Me inmolo para proteger a mi familia y a la Institución, en una decisión absolutamente voluntaria». En esta línea, insistió en que no podía permitir que su familia continuase sufriendo unos ataques «inmisericordes y absolutamente injustos, movidos por intereses absolutamente espurios que nada tienen que ver con la Fiscalía y con el desempeño del cargo de fiscal» jefe Anticorrupción.

Pero, además, con su renuncia pretende que se aleje toda polémica de Anticorrupción, toda vez que considera que van intrínsecamente unidos a los ataques que ha venido sufriendo desde prácticamente el inicio de su mandato y con especial virulencia desde que se supo que era propietario de una parte de la citada sociedad panameña: «No tenía ningún interés en servir de “excusa” para que se hiciera daño a la Fiscalía».

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