Tesis de Pedro Sánchez

El «lobby» de economistas que «apadrinó» la tesis de Sánchez

El «lobby» de economistas que «apadrinó» la tesis de Sánchez
El «lobby» de economistas que «apadrinó» la tesis de Sánchezlarazon

Ha sido una “semana horribilis”, en palabras de un fontanero de Presidencia del Gobierno obligado estos últimos días a trabajar a destajo: primero, como apagafuegos tras la dimisión de la ministra de Sanidad, Carmen Montón; y, sobre todo, ante las “embestidas” por la tesis doctoral de Pedro Sánchez. Sin embargo, en La Moncloa se respira en estas últimas horas más tranquilidad. “Caso cerrado”, se ha escuchado por los pasillos. En los despachos del presidente del Gobierno y de su jefe de gabinete, Iván Redondo, dan la crisis por amortizada, una vez que (a regañadientes, eso sí), se hizo público el trabajo de doctorado.

Pese a que la tesis fue realizada en poco más de año y medio, algo inusual en este tipo de labores, y que alrededor de ella colaboraron técnicos y altos cargos de los departamentos económicos del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, fuentes conocedoras del caso en el PSOE reconocen que nadie contempla ningún “chivatazo” comprometedor: “Si fueron altos funcionarios de carrera del Ministerio de Industria los que echaron una mano y suministraron papeles para la tesis, ninguno va a poner en peligro sus destinos”. Eso sí, son muchos los que no entienden el empecinamiento de Pedro Sánchez en mantener oculta su tesis. Sobre todo, cuando esa decisión ocultista es la que más ha alimentado los recelos.

Y es que la polémica no es nueva. En el entorno de Sánchez hay quien se dice capaz de hacer “una tesis sobre la tesis”. Circulaba por redacciones y daba vueltas por las siempre inquisitoriales redes sociales. Otra cosa es la sensación que recorre las sedes territoriales del PSOE, esas que frecuentan a diario los candidatos que se van a citar con las urnas en mayo marcados por estos convulsos primeros 100 días de Gobierno. De hecho, cuentan algunos dirigentes que la “rocambolesca” salida de Carmen Montón como ministra y la imprevisión de La Moncloa para detectar el estallido de la polémica de la tesis, “un asunto viejo”, ha abierto una brecha seria entre el partido y el círculo de Sánchez, e incluso entre Redondo y el secretario de Estado de Comunicación, Miguel Ángel Oliver.

Además, las revelaciones periodísticas sobre las presuntas anomalías en la tesis han ocasionado “daños colaterales”, sacando a la luz datos sobre los orígenes políticos del secretario general socialista hasta ahora inéditos para la mayoría. Sánchez siempre se definió como un político crecido como militante de base y aupado por los afiliados frente al “aparato”. De hecho, lo poco que hasta ahora se sabía era que había escalado posiciones en el PSOE durante el zapaterismo gracias a la longa mano de José Blanco. Estuvo entre los jóvenes “capitanes” a quienes el entonces vicesecretario general llevó a la intendencia de Ferraz “a hacer papeles para el jefe” y cumplir algún encargo de la Ejecutiva Federal. Y solía acudir para curtirse a tertulias televisivas en cadenas hostiles.

Mayor secretismo había sobre el hecho de que Sánchez se había deslumbrado con otro “escogido” grupo de economistas “empotrado” en la administración de Zapatero de la mano de dos “padrinos”, Pedro Solbes y Miguel Sebastián. En realidad, el embrión de dirigentes que compartían generación y ambiciones con Sánchez fueron miembros de los Servicios de Estudios del Banco de España y del BBVA. De ahí que algunos les etiqueten ya como “lobby”.

Fue en ese momento cuando Sánchez comenzó a tratar al secretario de Estado de Economía, David Vegara; al jefe de gabinete de Miguel Sebastián y hombre clave tachado como “el negro” de la discutida tesis, Carlos Ocaña; a la secretaria de Economía de la Ejecutiva, Inmaculada Rodríguez-Piñeiro; o a otros referentes económicos del momento como Carlos Mulas y Javier Vallés o el fallecido David Taguas, ambos jefes de la Oficina Económica con Rodríguez Zapatero. Sánchez llegó a reservar a Vegara el cargo de subgobernador del Banco de España, aunque lo incierto de la legislatura y su bien remunerado puesto como consejero del Banco Sabadell frustraron su incorporación.

Quienes conocieron a este grupo de altos cargos dicen que, además de militancia, compartieron “amistad y conspiraciones”. Tal vez fue entre esos “aristócratas del zapaterismo” donde mejor pudo apreciar Sánchez que el área económica del Gobierno era un excelente trampolín, entonces con las miras más puestas en la política madrileña que en la nacional. Para ello, con la aquiescencia de Blanco, debía labrarse un buen currículum, y el carácter docente de algunos de los citados le empujaban a obtener un doctorado “imprescindible”. No por casualidad, del amplio abanico de universidades madrileñas, Pedro Sánchez se fijó en la Camilo José Cela, una institución dentro del ámbito del PSOE en la que habían buscado acomodo destacados nombres del “felipismo”, como el ex secretario de Estado para el Deporte, Rafael Cortés Elvira, rector entre 2003 y 2012.

Y es ahí donde se produce el segundo foco más polémico de la tesis: los profesores que la tutelaron y el tribunal que la examinó. En algunos ámbitos ha sorprendido la contundencia con la que la directora de la tesis, Isabel Cepeda, ha justificado la máxima nota a Sánchez. “Por lo novedoso” del asunto tratado, ha dicho. Más suspicacias ha provocado otro nombre, el del profesor Juan Padilla, miembro del tribunal, que había colaborado con Sánchez en la redacción de algunos artículos sobre Diplomacia Económica, justo el tema de la tesis. ¿Casualidad? Resulta legítimo preguntarse por qué el profesor no se abstuvo de formar parte del tribunal examinador si previamente había colaborado con el examinado y la tesis incorporaba referencias a esos trabajos firmados en común. La losa del doctorado sin duda promete ofrecer más y sustanciosos capítulos... para desazón de Sánchez y los suyos.