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El "no" a Iceta: Alivio electoral de los barones y sin "plan B" en Moncloa

  • El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ayer en un acto de campaña en el País Vasco
    El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ayer en un acto de campaña en el País Vasco

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16 de mayo de 2019. 11:21h

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Ainhoa Martínez Madrid. 16/5/2019

La dependencia de los soberanistas persigue al PSOE. A pesar de haber conseguido ampliar su mayoría hasta la primera fuerza en los pasados comicios del 28-A, el destino de los socialistas sigue ligado al arbitrio de las fuerzas independentistas. Ahora también en el Parlament, a cuenta del nombramiento de Miquel Iceta como senador por designación autonómica en sustitución de José Montilla. Un mero formalismo que se dio por hecho desde Moncloa cuando se lanzó el anuncio, sin calibrar que los secesionistas también violentarían el «fair play» parlamentario en su deriva.

El veto que Iceta calificó como «aberración democrática» supone, no obstante, un balón de oxígeno para algunos de los barones y candidatos territoriales del partido, en plena campaña electoral para las municipales y autonómicas. Respiran aliviados porque, aunque les parece inconcebible la decisión del independentismo, reconocen que estratégicamente abona la tesis y su discurso de que no existe ningún pacto oculto con estos partidos. En el PSOE también explotan la vis positiva del contratiempo, que les permitirá apuntalar su posición de centralidad de cara a los comicios.

El propio perjudicado ya adelantó que no se «mercadearía» con su nombramiento y esta actitud quedó patente con la exclusión de los partidos soberanistas de la conformación de la Mesa del Congreso. Ni se aceptó a Vox ni se promovió la entrada de ERC «porque no hace falta que estén todas las formaciones, para eso ya está la Junta de Portavoces», señalaban desde Moncloa. En todo caso, con la actual aritmética de la Cámara Baja, los socialistas necesitarán el apoyo –al menos por omisión– de los 15 diputados de Esquerra Republicana para lograr la investidura de Pedro Sánchez en segunda vuelta. Pero este escenario no se promoverá hasta que se celebre el 26-M y se constituya el mapa de gobierno municipal y autonómico, por lo que no interferirá en la estrategia desplegada en materia de pactos postelectorales.

Sin embargo, el posible apoyo a Iceta de los soberanistas había roto la cuarentena que se había establecido en torno a estos partidos, ya que su postulación se había leído internamente como un gesto hacia ellos. Un guiño que como otros precedentes no ha sido correspondido desde la parte catalana, que se ha servido del mismo como elemento de desgaste. Ocurrió con los indultos, con la crisis del relator y con las presiones a la Fiscalía señalando desde el Gobierno que no se percibía delito de rebelión en el caso de los presos del «procés». Todos estos movimientos no solo tensionaron las costuras del PSOE sino que armaron de argumentos a la oposición contra el partido y contra Sánchez.

Sin alternativas

El revés del veto a Iceta supone un problema, pero al tiempo una oportunidad estratégica para Moncloa. Desde el Gobierno resolvieron el pasado viernes que «no hay plan B», esto es, no maniobrarán de ningún modo para salvar este obstáculo, dejando la iniciativa a un PSC que busca las fórmulas para hacer valer su posición: ya sea recurriendo al Tribunal Constitucional o al president del Parlament, Roger Torrent, para que habilite el voto en urna que no permita oponerse al nombramiento. En el Ejecutivo creen que esta actitud del independentismo les «hace la campaña» porque les permite explotar su posición de centralidad, al tiempo que ubican a los soberanistas como los partidos que niegan el diálogo y el entendimiento, cayendo en la contradicción de impedir que, por primera vez, un catalán presida una de las principales instituciones del Estado.

En este sentido, desde Moncloa se afanaron ayer en poner sobre aviso a los medios de que Sánchez haría una alusión a la polémica sobre Iceta en un acto de partido en San Sebastián. Las declaraciones del líder del PSOE no fueron más allá de un pronunciamiento repetido hasta la saciedad durante la campaña del 28-A, pero cabe destacar el envoltorio que lo rodeó por encima del mero contenido. «No es un veto a Iceta, sino a la convivencia y al diálogo», destacó. Sánchez recupera así uno de los ejes, en clave catalana, que le dio buenos resultados en la pasada campaña, donde el PSOE experimentó un importante avance en Cataluña. El partido se ubicó en la centralidad, para ganarle terreno a Ciudadanos, apelando al entendimiento frente a la ruptura de puentes del soberanismo y las derechas.

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