Cataluña

El «pacto de la Garrocha»: Puigdemont gira al centro para frenar a Colau

La ejecutiva de CDC se reunió, sin Mas y Neus Munté, para trazar una nueva estrategia hacia los valores que inspiraron CiU. Buscan reforzarse en el soberanismo tradicional, frente a los coqueteos de ERC con la izquierda radical de la CUP y Podemos

Carles Puigdemont, ayer, durante su discurso previo a la Diada
Carles Puigdemont, ayer, durante su discurso previo a la Diadalarazon

La ejecutiva de CDC se reunió, sin Mas y Neus Munté, para trazar una nueva estrategia hacia los valores que inspiraron CiU. Buscan reforzarse en el soberanismo tradicional, frente a los coqueteos de ERC con la izquierda radical de la CUP y Podemos

Reforzar el espacio ideológico de centro soberanista y vuelta a los valores que inspiraron la antigua CiU en contraposición al frente de izquierdas de ERC, la CUP y las confluencias lideradas por Ada Colau. Es la estrategia de la nueva dirección de Convergència en una larga reunión con Carles Puigdemont, en ausencia de Artur Mas. Los doce miembros de la actual cúpula ejecutiva se encerraron el primer fin de semana de septiembre en un municipio de la comarca gerundense de La Garrocha, que alberga un parque natural volcánico de espléndida belleza. Nada mejor que un escenario entre dormidos cráteres de fuego para calmar el auténtico volcán que vive la formación fundada por Jordi Pujol. El enorme enfado por el acercamiento de Oriol Junqueras a la CUP y sus encuentros secretos con la alcaldesa de Barcelona han encendido el partido. «Independentistas de centro o un caótico tripartito de extrema izquierda», advierten los nuevos dirigentes de CDC sumidos en una crisis interna sin precedentes.

Bajo lo que ellos denominan «el pacto de la Garrocha», el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se encerró en una casa rural de Argelaguer con los miembros de la dirección encabezados por Marta Pascal y David Bonvehí. Llama la atención que no acudieran el presidente del partido, Artur Mas, y la vicepresidenta, Neus Munté. No obstante, fuentes convergentes matizan que sí eran conocedores de la reunión, aunque nadie oculta las frías relaciones de Puigdemont con su antecesor. En espera de que se resuelva el litigio sobre el nuevo nombre de Partido Demócrata Catalán, con un grupo parlamentario irrelevante en el Congreso, algo insólito en toda su historia, y bajo la amenaza de un frente de izquierda radical al que se sumaría Esquerra Republicana, la cúpula de CDC atraviesa un periodo de incertidumbre con una conclusión: «La sombra de Ada Colau fractura el Govern».

Los coqueteos de Junqueras con la CUP, Podemos y la formación de Colau, plasmados en el acto de presentación de la Diada, han sido la gota que colma el vaso de una alianza complicada y llena de altibajos. «Socios de gobierno pero adversarios a batir», reconocen dirigentes de CDC y consejeros del Gobierno catalán. Es la tensa situación que viven Convergència y Esquerra Republicana ante la amenaza de otras elecciones en el próximo año. Si Puigdemont gana la moción de confianza del día 28 con apoyo de la CUP, tarea en la que se ha empleado a fondo Junqueras para intentar salvar sus presupuestos, la idea del presidente es convocar unos comicios plebiscitarios en marzo de 2017. Ello salvaría la exigencia de un referéndum unilateral de independencia, disfrazado con la cita electoral. En CDC ya no hablan del RUI, la consulta unilateral, sino de un referéndum «pactado desde la centralidad y la moderación».

Con un colapso absoluto de gestión e inversiones, el hartazgo de los ciudadanos catalanes y la Diada dispersa y menos numerosa que se recuerda, muchos dirigentes de CDC admiten en privado que «el separatismo se desvanece». De ahí, su estrategia de defender la consulta pactada y mantener un discurso soberanista en el sentido más amplio del término, pero contrario al independentismo radical de la izquierda. Los malos resultados electorales del 26-J aconsejan este giro táctico, dado que Esquerra Republicana «coquetea» cada día más con la CUP, Podemos y, sobre todo, con Barcelona en Comú, la formación de Ada Colau. Los contactos entre Oriol Junqueras y la alcaldesa son muy frecuentes, mantienen una buena relación personal y planean otra política. La eterna ambición del líder de ERC de alcanzar la presidencia de la Generalitat contaría con el respaldo de Colau bajo un tripartito de izquierdas, dejando fuera a Convergència. Por ello, el lema es: «Rumbo al soberanismo de centro».

La necesidad de un mensaje propio, alejado del separatismo de la izquierda radical, choca sin embargo con la decisión de Puigdemont de asistir a la Diada como presidente de la Generalitat, algo que nunca hicieron sus antecesores. Según ha sabido este periódico, este fue un punto de debate en la reunión de La Garrocha. «Eres el presidente de todos los catalanes», le dijeron algunos de los asistentes críticos. Sin embargo, la decisión de Puigdemont es irrevocable y obedece a su profundo sentimiento soberanista. En su entorno aclaran que no lo hará en Barcelona, sino en la localidad de Salta, en Gerona, de menor impacto mediático. Las inscripciones previas a la Diada «han pinchado este año», según reconocen los presidentes de la ANC, Jordi Sánchez, y de Òmnium, Jordi Cuixart. Por eso, los organizadores han querido diluir la menor asistencia en cinco recorridos: Barcelona, Lérida, Tarragona, Salt y Berga. En la Ciudad Condal sí acudirá esta vez Artur Mas, quien nunca lo hizo como presidente de Cataluña.

También estará, en medio de una gran polémica, Ada Colau, bajo la excusa de apoyar sin fisuras a la presidenta del Parlament, Carme Forcadell. Esto se interpreta como un guiño a Esquerra Republicana, al igual que hizo Oriol Junqueras en el acto con la CUP y Podemos. Colau escenifica su apuesta independentista, mientras Junqueras se retrata en un giro social con la extrema izquierda. En Convergència lo ven como el germen de un nuevo tripartito radical, liderado por ERC. La hoja de ruta soberanista impulsada por Artur Mas ha resultado un fiasco y ahora es muy difícil cambiar el ritmo. Máxime cuando su presencia en el Congreso es anodina. Resulta patético ver a los diputados convergentes sentados en el «gallinero» del Grupo Mixto y despojados de los amplios despachos que siempre ocuparon en la planta segunda del noble palacio de San Jerónimo.

«El pacto de la Garrocha» apuesta por mayor contacto con la militancia y la elección mediante primarias de las direcciones territoriales. La previsión es una renovación profunda con rostros nuevos. A pesar de la crisis, los convergentes afirman que se han producido altas en el partido y aparentan optimismo. «Nos han venido muy mal dadas», reconocen ante el desastroso legado de Artur Mas. Ahora ya no defienden como Esquerra un referéndum unilateral de independencia porque con el boicot de los partidarios del «no» sería difícil su legitimidad internacional. Una tesis que avala «la vía escocesa», es decir la consulta pactada, o bien unas elecciones plebiscitarias. De momento, el presidente de La Generalitat mantiene una «cortesía táctica» con quien todavía es su socio en el Govern, pero nadie oculta su enorme enfado por el acercamiento de Oriol Junqueras al frente de izquierdas.

En medio de lo que un veterano convergente define como «política esquizoide», los partidos catalanes coinciden en que la cuestión de confianza es una maniobra estratégica de Puigdemont para ganar tiempo y convocar elecciones el próximo año. La pujanza del bloque de izquierdas es una amenaza y puede dejar a Convergència en absoluta soledad. Por ello, su discurso carga contra ERC, la CUP y las confluencias de Colau con la esperanza de arañar votos de la antigua CiU. Muchos de aquellos dirigentes critican la hoja de ruta de Artur Mas que les ha llevado a esta caótica situación. «Pasamos de ser el partido de las decisiones al de las humillantes cesiones». Triste legado.