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"El Pistacho", el funcionario converso que creía que colaba porno

  • Uno de los presos tenía un teléfono móvil escondido en la escoba / Foto: Policía Nacional
    Uno de los presos tenía un teléfono móvil escondido en la escoba / Foto: Policía Nacional

Tiempo de lectura 4 min.

11 de febrero de 2019. 05:26h

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Laura L. Álvarez 10/2/2019

Vivía en Pinto, tenía mujer e hijos y le llamaban «El Pistacho». Miguel S. , el funcionario de prisiones que colaboraba de forma activa con la célula yihadista aprovechándose de su trabajo en la prisión de Valdemoro duerme ya, ironías de la vida, en prisión. Ingresó en el módulo especial para Fuerzas de Seguridad del Estado que hay en la cárcel de Estremera y, por primera vez, permanecerá al otro lado de las rejas. Aseguran que ya había estado empleado en la cárcel de Valdemoro hace muchos años, cuando trabajaba para una de las empresas de mantenimiento que prestan servicio en este centro penitenciario. Según los investigadores, no solo colaba pen drives y dispositivos electrónicos con material radical (él asegura que pensaba que era material porno, también prohibido en prisión), sino que les avisaba de cuándo serían los registros en las celdas y se llevaba todo lo que pudiera levantar sospechas. En la celda del jefe de la célula la Policía se incautó, además de teléfonos móviles, nueve tarjetas de memoria. Los teléfonos, además, eran sofisticados. «Indetectables», sostienen desde la investigación. Algunos del tamaño del dedo pulgar y con aplicaciones y sistemas encriptados para evitar ser rastreados. Los llegaban a esconder en calcetines, escobas o incluso dentro de las teles. Y es que aquí está, según explican desde Instituciones Penitenciarias, el gran problema que hay en las cárceles: las televisiones, cada vez más modernas y casi todas ya con puerto USB (por eso el material les llegaba por pen drive) a pesar de que está prohibido. La normativa dice que los televisores no pueden ser superiores a 19 pulgadas, pero ya casi nadie fabrica así y ya autorizan de 22 y hasta 24 pulgadas. Para capar ese puerto USB prohibido se ha probado de todo: primero lo sellaban con silicona, luego lo lacraban y la última opción que han intentado es inhabilitar ese servicio entrando al software del televisor con un mando verde especial que proporciona la marca. También se bloquea así la actualización de canales, pero esto generaba problemas al trasladar al interno a otras prisiones (tenía sintonizados los canales de otra comunidad). Sin embargo, este verano se detectó que también podían modificarlo y ahora han probado con «modo hotel», ofrecido por el proveedor. Fuentes penitenciarias se quejan de la falta de una «directriz clara unificando criterios» por parte de la Secretaría General de II PP. «Es un tema sagrado y nadie quiere regularlo. Pero si esos USB no funcionara, este yihadista lo habría tenido más dificil», dicen. También creen que los internos siempre idearán métodos de comunicarse con el exterior y ahí está el precedente del Teletexto con presos de ETA.

La cárcel, el mayor foco de radicalización

Para los expertos en yihadismo las cárceles siguen siendo, con diferencia, el principal foco de radicalización. De hecho, el pasado mes de octubre la Guardia Civil desmanteló una red que operaba en 17 cárceles en la que estaban implicados 25 presos yihadistas después de poner Instituciones Penitenciarias un nuevo instrumento de «evaluación del riesgo de radicalismo violento».

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