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Génova piensa en Ana Pastor como portavoz parlamentaria

Casado la propone como candidata «de consenso» para presidir la Cámara Baja. La ex ministra se ha inclinado hasta ahora por mantenerse como diputada rasa.

  • Ana Pastor junto a Pedro Sánchez durante la celebración del 175 aniversario de la Fundación de la Guardia Civil. Foto: Alberto R. Roldan
    Ana Pastor junto a Pedro Sánchez durante la celebración del 175 aniversario de la Fundación de la Guardia Civil. Foto: Alberto R. Roldan

Tiempo de lectura 4 min.

15 de mayo de 2019. 09:51h

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Carmen Morodo Madrid. 14/5/2019

Ana Pastor es elogiada por sus adversarios políticos y una figura de referencia dentro del Partido Popular. Ayer el PP impulsó su nombre como candidata «de consenso» a la Presidencia del Congreso. Es una jugada que no tiene más recorrido que el simbólico, ya que aunque los populares planteen una vía de acuerdo como la que representó Patxi López después de las elecciones de diciembre de 2015, la situación actual no tiene nada que ver con aquella etapa, cuando hubo que repetir elecciones por la falta de una mayoría clara que permitiera investir a un nuevo presidente del Gobierno.

No obstante, el próximo día 21 el PP someterá su nombre a votación en la sesión constitutiva de las Cortes Generales, con el argumento de que es «la mejor opción» para hacer frente desde la unidad a una Legislatura en la que los partidos independentistas utilizarán el Congreso para reforzar su pulso al Gobierno. El recorrido politico de este movimiento parlamentario del principal partido de la oposición terminará en esa votación, cuando el PSOE saca adelante su propuesta de candidatura con el voto en contra del PP y de Ciudadanos (Cs).

Pero el nombre de Ana Pastor puede ser relevante en los futuros movimientos que se produzcan dentro del PP. Ya estuvo en las «quinielas» para las candidaturas electorales, aunque entonces dejó claro que prefería seguir como diputada de a pie, dedicada de lleno a defender los intereses de Galicia desde su puesto como «número uno» por Pontevedra. En estos momentos de incertidumbre, su nombre ha vuelto a escucharse en el actual equipo de dirección del PP como «la salida más razonable» para poner voz al partido en el Parlamento.

La designación de la portavocía parlamentaria es la primera decisión de peso que tendrá que tomar Casado después del desastre en las elecciones generales. Si se mantiene al frente del partido, como es su intención, porque los resultados condicionarán su estrategia de futuro y su margen de maniobra. Así, por ejemplo, también ha sonado el nombre de Cayetana Álvarez de Toledo, número uno por Barcelona, como candidata a la portavocía parlamentaria. Pero si antes de conocerse el resultado de las generales esta posibilidad ya sembraba grandes dudas dentro del PP, después de la noche electoral, y vista la reacción de los «barones» en el análisis de las razones de la debacle, la elección de Álvarez de Toledo sería un «autosuicidio» de Casado.

Los «barones» han sentenciado que la explicación de la sangría de votos está en el abandono del centro político. Álvarez de Toledo es el «aznarismo» en esencia y representa al ala más dura del partido. Por contra, dentro del PP hay consenso a la hora de situar a Ana Pastor en la moderación, en el sentido común y en el centro político. Fiel colaboradora de Mariano Rajoy, leal al partido y con un currículum detrás que acredita su capacidad de negociación y de actuar con equilibrio, como así se lo han reconocido los demás grupos en el examen de su gestión como presidenta del Congreso.

A Casado le gusta el nombre de Ana Pastor, pero en Génova no tienen claro que ella quiera asumir ese puesto en primera línea, y que implica tanto desgaste político, con la trayectoria que acumula y después de haberlo sido todo ya en política. Pastor tiene fama de ser la discreción en persona y desde que Rajoy anunció su decisión de dar un paso al lado, siempre ha antepuesto su compromiso con su partido a las batallas personales en curso.

En Génova se abren a la posibilidad de que haya cambios en el núcleo de dirección del partido, más por suma que por ceses. Una operación de cambio de imagen que sirva para relajar tensiones internas y calme la ansiedad por los resultados electorales de las pasadas generales. Esta vía sería una salida para ganar tiempo dentro del proceso de revisión estratégica que la cúpula popular afrontará una vez se cierre el ciclo electoral. La proximidad de las generales y las autonómicas y municipales ha anulado el margen de reacción del PP después del desastre del 26-A. Pero después del último examen en las urnas, Génova tendrá que actuar, incluso en el caso de que se confirmen sus previsiones y «aguante» el poder territorial que tiene en la actualidad sin «sorpasso» de Ciudadanos en sitios clave como la Comunidad de Madrid.

La reacción de Génova dependerá del resultado electoral. Ellos confían en recuperar voto en estas elecciones, en parte de aquellas circunscripciones en las que Vox no presenta candidatura. La infraestructura territorial de los populares es mucho más fuerte que la de Ciudadanos y, por supuesto, que la del partido de Santiago Abascal.

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